Berlín: hemos vivido allí y te contamos qué ver si tienes sólo cinco días

Berlín: hemos vivido allí y te contamos qué ver si tienes sólo cinco días

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Berlín: hemos vivido allí y te contamos qué ver si tienes sólo cinco días

Aprovechando que su trabajo le permite trabajar desde cualquier parte por Internet, española decide irse a vivir a Berlín sin haber pisado previamente la ciudad, conociendo entre cero y nada de su cultura y aprendiendo a decir términos básicos del alemán el día antes de aterrizar en Schoenefeld. Si hacemos avanzar la premisa unos meses, el resultado es poder mirar con más familiaridad una de las capitales con la historia más convulsa del planeta.

 

He vivido una experiencia que se queda a medio camino entre la del residente y el turista con mucho tiempo (eso sí, sigo sin saber decir más de 20 palabras en ese infernal idioma). Por eso creo que puede ser muy útil, sobre todo para los castellanoparlantes, echarle un vistazo a mis recomendaciones y tenerlas en cuenta para una futura visita a la capital germana. Es decir, para que tú, en menos tiempo de que he estado yo, puedas disfrutar de los sitios más estimulantes y puedas descartar los que, pese a su popularidad, no son tan estupendos como parece.

Probablemente sea más cómodo para ti ver el vídeo que hemos preparado especialmente para esta ocasión. Es un tour visual y comentado que puedes ver aquí mismo (y sí, la que sale soy yo).

Una vez visto, vamos a definir mejor esas rutas que hemos apuntado:

1) Un día para el muro

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Es casi una obligación para cualquier ciudadano del mundo, más si es europeo, empaparse de la tragedia que durante años vivió la ciudad dividida. Los berlineses han cuidado bastante de su muro y su memorabilia, con lo que no te perderás la imagen de aquel trauma físico que cambió para siempre la psicología de la ciudad y sus habitantes.

La East Side Gallery es el kilómetro cero de la historia del muro. Encontrarás el tramo más largo, de más de un kilómetro, y sus murales más bonitos (son de artistas actuales, no los que se realizaron en la época). Está al aire libre y es gratuito, al igual que ver e informarte sobre los intentos de escapadas a través de túneles en la zona de Bernauer Strasse, completamente al norte de la ciudad.

Para terminar de comprender el concepto de los dos Berlines puedes capitular con una visita al museo de la DDR, en el centro de la ciudad. Allí te muestran cómo era la vida, la política y la cotidianeidad en el lado comunista con cientos de objetos e imágenes (el propio museo tiene una casa soviética dentro). Son ideológicamente claros: el objetivo de la instalación, como ellos mismo te explican antes de comenzar el tour, va a subrayar el rechazo al estilo de vida comunista, ese que hacía que los de un lado tuvieran una esperanza de vida siete años menor que las del otro bando.

Berliner Unterwelten Bunker

Si te diera tiempo puedes viajar un poco atrás en la historia, antes de que levantaran las fronteras, a los bombardeos de Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial entrando en alguno de los búnqueres temporales que conserva y exhibe la organización Berliner Unterwelten. Sí, los tours son caros, pero tan informativos, didácticos y divertidos que acabarás encantado, casi convencido de que has entendido mucho mejor la mentalidad alemana de finales de la guerra, justo cuando el sueño germano se daba de bruces y comenzaba el período de regresión imperial.

2) De compras por el centro y paseo por el Tiergarten

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Aprovecha para conocer el centro de la ciudad, Alexanderplatz, aunque como todo centro de capital que se precie está bastante tomada por las franquicias. Hay poco margen para el romanticismo, pero si escapas de ahí, hacia sus calles laterales, puedes conocer el núcleo duro del centro de Mitte.

 

Puedes dar vueltas por los alrededores del Hackescher Markt, donde encontrarás las flagship stores de las tiendas más exquisitas y también pequeñas boutiques muy mimadas, con alto nivel de presentación, así como el patio Theaterhof (con su bonito teatro) y Haus Schwarzenberg (lo de la foto de arriba, un sitio abarrotado de grafittis). En este mismo área está también el Scheunenviertel o barrio judío y, en general, cientos de comercios y rincones por descubrir (citemos cuatro: el restaurante Madami, la cervecería Standige Vertretung, la librería Soda Books y la tienda Edited).

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Por si el paseo de shopping se nos hubiese quedado pequeño, podemos caminar aún más por el pulmón natural de Berlín, el antiguo coto de caza real y actual Parque Tiergarten. Es tan grande que es fácil crear tu propia y única ruta dentro en la que cada poco encontrarás un monumento, una zona ajardinada, un estanque o, como me pasó a mí, una camada de conejos. Está coronado por la Columna de la Victoria, así que puedes cerrar el trayecto saliendo por la Puerta de Brandemburgo, para no irte sin haberla visto.

3) Kreuzberg o el Barrio Turco + Görlitzer Park

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Kreuzberg es el barrio turco, pero desde hace años a esa población inmigrante (de ya varias generaciones) se le ha unido la comunidad juvenil y artística. Para que nos entendamos, es uno de los primeros barrios de Europa en los que se empezó a ver los efectos inmobiliarios de la gentrificación, con lo que ahora podríamos considerarlo una zona medio aburguesada.

Eso también quiere decir que encontrarás un montón de restaurantes y comercios encantadores al estilo de papelerías cuquis, tiendas de ukeleles y restaurantes con muebles de diseño que te sirven cerveza orgánica; pero también varios kebabs y carnicerías halal de toda la vida. Entre esos sitios, dos que están muy bien, el centro de arte Kunstraum Kreuzberg y el pub punk histórico SO 36. El restaurante kebab que cito en el video es este.

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Bajando puedes terminar con el barrio llegando al Görlitzer Park, con mucha vida durante los fines de semana (es un popular punto de venta de sustancias recreativas), y acabar tomándote algo a las orillas del Spree en la zona de Wrangelkiez, llena de clubs nocturnos con una presentación muy llamativa, como el Arena Berlin, que tiene una piscina sobre el agua. Esta es una zona especialmente poblada por turistas, pero a quién queremos engañar, eso es lo que somos también.

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Por cierto: si te da tiempo, en este tour puedes intentar encajar tu acercamiento al Yaam, el corazón okupa afro-jamaicano de la ciudad, y pedir una ración de sopa de maní mientras escuchas reggae. Es un recinto ciertamente underground cuya supervivencia no está garantizada, así que no se sabe cuándo les echará del todo la ciudad.

4) De fiesta por Friedrichshain

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Aquí puedes aprovechar la mañana y la tarde para visitar otros sitios que te apetezcan y no vengan en este programa... o directamente para descansar, que en vacaciones tampoco está de más.

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El propio barrio de Friedrichshain, sobre todo en los alrededores de la Boxhagener Platz, es en sí mismo rico en mucha vida juvenil, similar al madrileño barrio de Malasaña (intenta calcular cuántos restaurantes veganos por kilómetro cuadrado tiene), y en ella puedes encontrar el mercado de pulgas de la citada plaza o el terreno abandonado RAW-Gelände. Pero es por la noche cuando podrás disfrutar de su vida de ocio en clubs como Astra, Suicide Club, Cassiopeia o el famoso Berghain.

5) Día de traslados a Spreepark y Teufelsberg

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Son dos puntos tan alejados del resto de la geografía berlinesa que merecen una sola jornada para ellos solos, aunque te aseguro que podrás pasar más de dos horas en cada uno de ellos. El Spreepark es el centro de atracciones abandonado de Berlin, utlradecadente, el tipo de sitio que le encantaría a Banksy. No seas como yo y hagas caso de aquellos que creen que se puede entrar sin reservar, esquivando a los vigilantes. Es muy fácil que te pillen. En esta web puedes encontrar cómo reservar, pero hazlo con tiempo.

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El Teufelsberg está en mitad de una montaña que tiene en sí misma toneladas de historia. Está gestionado por lo que parece una comunidad alternativa que cuida más el precio de la entrada que la salubridad de las instalaciones, pero si te gusta el punk y las distopías todo lo que tiene que ver con esta torre te va a encantar.

Saliendo de la caja turística: algunos noes y otros síes

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Como verás en el video, hemos mentado dos de los clásicos de viaje de Berlin como prescindibles. Checkpoint Charlie, el mítico paso fronterizo entre la RDA y la RFA, es un conocido lugar perdido para los residentes por el turismo masivo.

La experiencia cultural de la Isla no es despreciable, y si estabas decidido a ir seguramente no te arrepientas, aunque la sensación general es la de que la Galería Nacional es bastante limitada frente a lo que puedes encontrarte en las grandes pinacotecas españolas o que el Neues Museum no deja de ser una galería de tesoros del colonialismo del que, cuando te vayas, sólo recordarás el (ese sí, impresionante) busto de Nefertiti.

Berlin Museum Island Panoramio 1

También tenía muchas ganas de que me gustase el edificio de la Escuela Bauhaus, pero el edificio está ahora mismo en obras, con clara necesidad de unas reformas, y la exposición de obras del movimiento es muy pequeña y con poca información contextualizadora. Puedes aprender lo mismo sobre la Bauhaus con una guía o un libro divulgativo.

Dussmann Das Kulturkaufhaus Zentrale Innenansicht

Siento una especial atracción por las librerías, así que, ya que me he recorrido bastantes de ellas, puedo decirte cuáles han sido mis dos favoritas, bastante distintas entre sí: Saint Georges, de segunda mano y en Prenzlauer Berg y Dussmann Kulturhaus, un gigantesco gran almacén de cinco plantas con toda la variedad libresca que puedas imaginar (y sí, tiene mucho libro en inglés e incluso algo en español).

Por último, con todos mis respetos hacia las víctimas, el conocido Holocaust Memorial no cumple una función tan conmemorativa, como intentaron sus ideólogos, como lúdica. Pasear por sus irregulares losas de cemento es que te entren ganas de tirar fotos y hacer el tonto, como ya le ha pasado a muchos visitantes a los que luego se ha criticado.

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A cambio metería sin dudar el Museo Judío, tanto por la completísima historia sobre este pueblo (al que conocemos menos de lo que creemos) como por la alucinante arquitectura del centro. Pasear por este deforme y totalitario edificio es comprender mejor el horroroso concepto de limpieza étnica que practicó Hitler con el beneplácito de sus ciudadanos. La lección sobre cómo funcionó el ascenso del régimen nazi y cómo su populismo demonizó a los judíos hasta convertirlos en el enemigo parece hoy más necesaria que nunca.

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