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Lo que la cocaína y otras drogas hacen con tu cerebro
¿Qué pasa cuándo…?

Lo que la cocaína y otras drogas hacen con tu cerebro

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Las drogas, esto lo sabe todo el mundo, hacen con nuestro cerebro encaje de bolillos. Sin ir más lejos, se acaba de publicar un nuevo estudio que apunta a que el consumo de cocaína a largo plazo produce cambios en las áreas cerebrales responsables de regular la impulsividad y la capacidad de analizar nuestras propias decisiones. Todo en orden, ninguna sorpresa.

Lamentablemente, tanto la adicción a las drogas como el funcionamiento del cerebro son fenómenos complejos, individuales e intransferibles. La mayor parte de las veces, este tipo de estudios son usados de forma poco crítica y causan gran confusión. Por eso, nos hemos preguntado, ¿Es la historia tal y como nos la cuentan? ¿Podría haber escogido una foto más estereotipada para ilustrar este post? ¿Cuál es el efecto real de las drogas en el cerebro y en la vida de sus usuarios?

¿Qué hace realmente la droga en nuestro cerebro?

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Aunque cada droga actúa de una forma distinta, podemos decir que existe un consenso bastante extendido en que la dopamina tiene un papel clave en las adicciones. Concretamente, un chute de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro parece ser la respuesta neuronal básica relacionada con las adicciones.

No solo con las adicciones, claro. Estos chutes ocurren en la vida diaria para regular respuestas como la curiosidad o la expectación ante las cosas nos suceden. Por ejemplo, cuando alguien nos da un regalo que no esperamos, la dopamina actúa sobre los circuitos de recompensa y nos sorprendemos. Este es el funcionamiento normal. El problema es que hay sustancias que nos engañan. Productos como la cocaína (directamente) o la nicotina (indirectamente) inician esos chutes de dopamina por su cuenta, haciéndonos creer que ha pasado algo digno de despertar nuestro interés, curiosidad o felicidad.

Ni todas las sustancias tienen esta capacidad de engañar a nuestro cerebro (no se puede ser adicto a internet por muchos titulares que leamos), ni todas las sustancias son tan 'recreativas' como otras (Por ejemplo, la morfina y la heroína, siendo primas hermanas, no tienen el mismo poder 'eufórico'): lo que hace que una sustancia sea considerada una droga no es pues lo divertida que es, sino lo capaz que es de engañarnos.

No les presentes las drogas a tus padres

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Ya sabemos que las drogas son un poco mentirosas. Pero además tienen otros problemas: muchas de ellas tienen efectos metabólicos y neurotóxicos problemáticos. Y no, no hay que irse a la cocaína, el alcohol mismo puede tener efectos muy serios a largo plazo. No obstante, no debemos confundirnos. Estos problemas se suman (y se suelen confundir) con los derivados de un cierto estilo de vida: los problemas médicos, la mala alimentación o las conductas de riesgo reiteradas que desarrollan los adictos. Estos son los problemas más preocupantes y peligrosos.

Las drogas son sustancias capaces de engañar a nuestro cerebro activando los circuitos neuronales de recompensa

Aun así, no deberíamos minusvalorar los primeros. En la investigación con la que arrancaba el post, se examina una posible consecuencia neuropsicológica del abuso de la cocaína. El estudio, publicado en Addiction Biology, reclutó a 30 personas con adicción a esta droga para participar en un juego de azar, básicamente consistía en adivinar el número que iba a aparecer en una pantalla. Si se acertaba, ganaban dinero; si fallaban, perdían. Los investigadores midieron mediante técnicas de neuroimagen qué cambios funcionales ocurrían en el cerebro.

En comparación con los participantes que no consumían cocaína, los individuos drogodependientes mostraron una mayor actividad en el sistema de recompensa. De hecho, esa mayor actividad era independiente de si la persona ganaba o se perdía en el juego. Además de esto, los investigadores encontraron algunos patrones anormales de actividad en zonas asociadas con la evaluación de los resultados de las decisiones. Los investigadores sugieren que la cocaína tiene efectos degenerativos importantes en estas áreas cerebrales. No se puede descartar, pero hay otra explicación.

No somos (sólo) un cerebro con piernas

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Con las drogas y con el cerebro pasa como con Romeo y Julieta. Mientras todos pensábamos que era una historia sobre una joven pareja de enamorados que disfrutaban de una relación trágica, disfuncional y con un puntito satirón; nuestro profesor de literatura nos explicó que en realidad era una sesuda reflexión sobre la sociedad isabelina y los profundos cambios sociales que desembocarían años después en la Guerra Civil Inglesa.

He tendio la tentación de decir que tanto las drogas como el cerebro son lo de menos como en Romeo y Julieta; pero no sería verdad. En este caso, el cerebro es importante, sí; la droga es importante, también. Pero lo realmente importante es la interacción entre las dos cosas, el contexto y la historia del sujeto.

Como nos explica el psicólogo Carlos Moratilla, "el ambiente o entorno importa mucho". Entre 1978 y 1982, Bruce Alexander realizó una serie de experimentos conocidos como "Rats Park" (1978, 1981, 1982). Alexander y sus colaboradores crearon ambientes estimulantes en los insertaron a las ratas y les dieron a elegir si querían tomar agua o morfina. En comparación con las ratas alojadas en cajas de experimentación típicas, las ratas del ambiente enriquecido preferían en mayor medida agua que morfina. «Alexander hipotetizó que la disponibilidad de estimulación apetitiva y reforzante reducía el interés de las ratas por la morfina. ¿Podríamos extrapolar esta explicación al caso humano y a la relación entre determinados contextos empobrecidos y consumo problemático de drogas? Posiblemente sí», dice Moratilla.

Es decir, si la estimulación que provoca la droga en el cerebro es muy parecida en todas las personas, ¿Por qué unas se convierten en adictas y otras no? A esto el profesor José César Perales responde que «probablemente, lo que ocurre es que el ambiente enriquecido facilita incertidumbre, esto es, posibilidades de explorar y encontrar reforzadores inesperados. Creo sinceramente que la naturaleza dinámica y cambiante de los ambientes enriquecidos y lo posibilidad de descubrir reforzadores inesperados es lo que reduce el poder adictivo de las drogas». En la investigación que nos ocupa, la respuesta puede estar ahí también: los adictos viven en entornos muy pobres. Un juego estimulante tiene un mayor efecto en sus sistemas de recompensa que en los de personas sin adicción.

Pero más allá de esto, la correlación entre entornos poco estimulantes y la drogodependencia debería hacernos reflexionar sobre la concepción social que tenemos de la droga. Cada vez que hablamos de lo que las drogas hacen al cerebro deberíamos tener en cuenta que no somos solo cerebros con piernas y que no es nuestro cerebro el que se vuelve adicto sino todo nuestro mundo. La pregunta relevante no es, pues, "¿Qué hace la droga a nuestro cerebro?" sino "¿Cómo permitimos que haya mundos tan pobres en los cuales las drogas son la mejor opción?".

Imagen | Wiley, JD Hancock, Jason Rogers

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