¿Acabarán los robots sexuales con la prostitución en 2050?

¿Acabarán los robots sexuales con la prostitución en 2050?
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Dentro de unas tres décadas, la presencia de robots sexuales en los países desarrollados hará que lo raro sea practicar el sexo con humanos. Es lo que afirma en un estudio Ian Pearson, científico futurista. Es cierto que su trabajo está en parte financiado por una empresa de juguetes sexuales, pero no significa que vaya desencaminado.

En nuestro presente de juguetes sexuales, cibersexo, y material online para todos los gustos, hay dos revoluciones a la vuelta de la esquina en principio alejadas de todo esto: realidad virtual y la introducción de androides en el hogar -uno de los más avanzados hasta se vende con una cláusula de que no te lo vas a encalomar-. ¿Es posible el sexo con robots por esas fechas? Sí. Y puede traer consecuencias sociales imprevistas: como el fin de la explotación sexual humana.

Presente y futuro de los robots sexuales

"Los replicantes son como cualquier otra máquina: pueden ser un beneficio o un peligro" -Rick Deckard en Blade Runner (1982).

Un robot es una máquina autónoma, programable, "capaz de realizar trabajos antes reservados sólo a las personas". El sexo entra en su definición. Y ya existen: los juguetes sexuales más modernos son robots, como lo es un brazo mecánico en una cadena de montaje, o lo eran los "vibradores de masajes" que anunciaban hace décadas las revistas del corazón. De lo que hablan Pearson y otros futurólogos es de androides y ginoides, robots con forma humana, de los que Pepper -el robot no sexual al que su empresa no quiere que "violes"- es sólo un ejemplo actual.

La robótica todavía no está tan avanzada como para ofrecer robots indistinguibles de los humanos. Lo más parecido serían las Real Dolls, las sustitutas de las muñecas hinchables, tan realistas en apariencia como poco interactivas. Pero las elucubraciones de Pearson y compañía no son nada disparatadas: la robótica de consumo va camino de ser la nueva informática de consumo, que en 30 años nos ha llevado de las teclas de goma del Spectrum y teles de tubo hasta el último iPhone en el bolsillo. Es más, ni siquiera necesitaremos que esos robots sexuales sean indistinguibles a todos los sentidos, porque la realidad aumentada y la virtual se encargarán del resto.

via GIPHY

El combo "máquina de follar con forma humana" y realidad virtual (realidad comercial a partir de 2016, de la mano de Oculus o de Sony) es un campo especulativo maravilloso, ni siquiera ciencia-ficción: con la tecnología actual o en desarrollo no cuesta nada imaginarse a hombres y mujeres descargándose ilegalmente archivos de comportamiento, voz y apariencia virtual, para que sus robots sexuales imiten a cualquier celebridad -viva o muerta- que quieran tener en su cama esa noche. Dispuestos a todo. Inmunes al cansancio, el estrés, la edad o la falta de libido.

Tener algo así en tu casa, todos los días, por un precio muy asequible, implica que al sexo como lo conocemos no lo va a reconocer nadie en el plazo fijado (si todo va como piensan los futurólogos, incluidos los no sexuales).

¿Adiós a la prostitución?

Realdoll

Si los robots van a quedarse con todos los trabajos, el ámbito del sexo no es una excepción. John Danaher, un académico de la Universidad Nacional de Irlanda en Galway, publicó hace un año y medio un artículo en el que discutía qué pasaría con la prostitución (¡y la renta básica de ciudadanía!) en nuestro inminente mundo de robots salidos.

Danaher se planteaba varias tesis, que resultaban en dos opciones: la desaparición o declive de trabajadores sexuales humanos porque ey, los robots son legales para empezar; o el aumento de la prostitución humana porque los robots nos habrán echado del resto de trabajos y algo hay que hacer para comer, combinado con la teoría -que de momento nadie puede demostrar- de que siempre preferiremos un humano a un robot para el ñiqui-ñiqui.

Aparte de Denaher, los investigadores de la neozelandesa Universidad de Victoria Michelle Mars e Ian Yeoman imaginaban en 2011 una Amsterdam en la que el turismo sexual sigue vigente, pero en la que el Barrio Rojo está lleno de robots, cuya explotación está directamente controlada por el gobierno y la prostitución humana ya no existe. Sus argumentos a favor: belleza y perfección física, adiós a las enfermedades de transmisión sexual...

bailes posthumanos en Ex Machina, vía GIPHY

Y la ley, otra vez. Cualquier gobierno del mundo podría lanzarse a tope contra la prostitución si tiene una alternativa que "no hace daño a nadie" -luego discrepamos sobre esto-, evita el tráfico de personas, permite reforzar la imagen de que el proxenetismo es un crimen, y ofrece un argumento a prueba de izquierdas y derechas: quién va a salir a decir que erradicar la prostitución es "un recorte de las libertades" o "condenar a la pobreza a X personas". Ya sabes quiénes, de cada lado. Pero el resultado es que sí: aplastar la prostitución de una vez por todas se convertiría en una buena fuente de votos.

Nuestra apuesta liminal se encamina a un tercer escenario: tanto Danaher como los neozelandeses implican que para tener un robot sexual hay que recurrir a la prostitución en el sentido clásico. No. Es cierto que habrá un sector al que le dé vergüenza tener un robot sexual en casa, pero no creo que el mundo vaya a distintos tipos de robot, cuando el futuro nos depare androides comerciales: éste para hacer la compra, éste para charlar mientras se pasea tu retro Roomba, este para hacerse pasar por ti en el trabajo mientras te quedas en la cama con otro...

Pasaremos por esa fase -ya estamos en ella, de hecho- incluso habrá distintas propuestas en el mercado, pero vuelve a mirar tu móvil: cuántas cosas hace y, sobre todo, a cuántas otras máquinas ha desterrado. Puede que los interesados en vender sexo cuenten con modelos especializados -igual que la dicotomía cámara reflex/cámara del móvil-, pero en cuanto llegue el primer androide tipo iPhone, capaz de hacer de todo de forma estándar, adiós. Ya se encargarán el resto de empresas de sacar complementos y apps para ambos sexos. Aunque tengan que venderlo como "módulo vibrador de masajes".

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Es decir, todos tendremos en casa algo para un apaño, si es lo que queremos. Para los que busquen algo más en robots del fornicio, otra subestimación que hemos visto en las predicciones es "el prostíbulo". ¿Cómo, que en 2050 no vamos a poder alquilar de forma anónima a un dron que nos traiga una caja sin marcas por la ventana con un robot dentro que se autoensamble y se vaya de la misma manera? Lo dudamos mucho. Y, como ya señalamos, la "piratería de identidades" para el sexo se convertirá en la nueva prostitución ilegal.

Así que, al menos en los países desarrollados, es posible que la prostitución sí se vea completamente arrinconada por los robots para 2050. Incluso el cibersexo tirará por ahí: personas reales que interactúen sexualmente a distancia sin tener que acostarse físicamente con desconocidos.

¿Qué sucederá con los humanos?

Autómata

En ese escenario, con un modelo legal mucho más restringido, la prostitución humana seguirá existiendo, claro. En países subdesarrollados donde las posibilidades económicas no permitan contar con una legión de robots -o mantenerlos-. El turismo sexual se convertirá en "vamos a países donde podamos tener sexo con humanos pagando", sobre todo para aquellas filias que los robots no puedan cumplir o emular. La brecha sexual será la nueva brecha digital.

No es, necesariamente, un mundo mejor. Una de las consecuencias sociales, señaladas por Denaher en su artículo, es que la desaparición de la prostitución humana, allí donde se produzca, generará nuevas bolsas de pobreza, especialmente en quienes se dedican a ella como último recurso económico. Algo que podría acelerar el debate sobre la renta básica de ciudadanía: no hay trabajo para todos, ni siquiera fuera de la ley.

Y allí donde permanezca de forma extendida será mucho peor: la demanda de sexo con humanos en este escenario conlleva más abusos y peores condiciones. Para el grueso de la sociedad también habrá consecuencias negativas. Existen defensores de una ética para el sexo con robots y tienen varios argumentos a favor, desde los más lejanos (¿qué pasará cuando existan las inteligencias artificiales? ¿Tendrán derechos?) hasta los menos relacionados con robots. Si en nuestra sociedad ya tenemos el debate sobre si la preponderancia de la pornografía afecta al desarrollo de la sexualidad, un mundo de sexo con robots infatigables e incapaces de decir "no" puede afectar a las relaciones entre humanos. La aparición de una sociedad en la que asociemos sexo con consentimiento perpetuo puede destrozar las relaciones entre personas.

El "síndrome del celibato"

Shibuya Night

El problema del rechazo y el declive sexual es otro debate interesante con Japón, precisamente, como protagonista. El país que quiere cuidar con robots a su población cada vez más longeva es también el más relevante a la hora de hablar del desinterés en el sexo entre humanos. No es sólo que no tengan hijos, es que las estadísticas cada día refuerzan más la idea de que ni siquiera quieren hacer lo que viene antes de tenerlo. Una sociedad de sexo como humanoides podría heredar varios tics de ese extraño síndrome japonés: la timidez, el rechazo -la incomprensión al mismo- y una alternativa indistinguible de la humana podrían erradicar el ligoteo, el Tinder y a un porcentaje del público discotequero -bueno, esto no es negativo-.

Ligar en persona -o tener relaciones habituales con humanos fuera de una relación- se convertiría en algo deliciosamente contracultural, excéntrico, marginal. Una cultura ludita y rebelde que tendría un efecto colateral inimaginable en sólo un par de generaciones: estar online, vivir la singularidad tecnológica, se convertirían en algo propio de neoconservadores. El nuevo punk y los devotos de las religiones establecidas tendrían algo en común, aunque fuese tangencial: hacerlo con máquinas está mal.

Humanos Uno de nuestros futuros, con son sin sexo de por medio.

En el peor escenario posible nos convertiríamos en uno de los peores resultados de la singularidad: los gordos de Wall-E, una sociedad hedonista que no tendría ningún motivo más allá de la mera supervivencia para salir de un mundo ilimitado de placeres tecnológicos. Porque también hay que tener en cuenta que, si podemos fabricar humanoides indistinguibles de los humanos para el sexo, también lo serán para todo lo demás: amigos ficticios que siempre te ponen likes, familiares imaginarios que no dan la murga, culturas de egos tan extensos como frágiles y vidas virtuales que dejen a la PlayStation a la altura de un palo. ¿Felices?

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