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Así es dormir en un hotel “cápsula” en Japón

Así es dormir en un hotel “cápsula” en Japón
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Se podría decir que simplemente visitar Japón es una experiencia en sí, por el choque cultural. Pero si encima la primera noche, con el cansancio de un viaje largo en avión, el sueño de un viaje al Este (se llega por la mañana) y con el jet lag, haces una inmersión cultural extrema, como es dormir en un hotel “cápsula” en Tokyo, la experiencia es increíble.

¿Qué son los hoteles “cápsula”? Básicamente son hoteles donde en lugar de alquilar una habitación alquilas una especie de litera, pero cerrada por todos los lados excepto por los pies. Y en cada cápsula tienes una televisión, radio, y un metro de altura para acomodarte. El motivo de estos hoteles es tener una alternativa barata de alojamiento para cuando pierdes el último tren o cuando quieres quedarte de juerga en la ciudad, ya que las grandes ciudades de Japón son muy extensas. Pero para los turistas también pueden ser una experiencia inolvidable.

La llegada al hotel

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Fue en 2006 cuando hice con unos amigos el viaje a Japón, y la verdad es que al rememorar la parte de la primera noche, cuando nos alojamos en el hotel de “cápsula”, me ha dado algo de pena enterarme que el hotel en el que estuve ya no existe. En el barrio de Akihabara, encontrar el hotel fue algo complicado, no sólo porque en Japón las calles no tienen nombre, sino porque el edificio era bastante estrecho. De hecho, desde fuera cuesta imaginar que haya un hotel en dicho edificio.

Claro que esa es una de sus gracias. En un espacio estrecho, pero alto (eran seis alturas) se puede alojar a mucha gente debido a las cápsulas. Al entrar tuvimos que quitarnos los zapatos. Luego en recepción nos dieron una llave a cada uno para la taquilla, ya que en la cápsula no hay espacio para tener la maleta. En la taquilla, además, pudimos encontrar un yukata (una bata japonesa) y unas zapatillas. Normalmente la gente se quita la ropa, la guarda en la taquilla, y ya con el yukata se pasean por los escasos espacios públicos y duerme con ella. Nosotros, para tener una inmersión plena, así lo hicimos.

En el Capsule hotel Akihabara había seis pisos. La planta baja era la recepción, bastante pequeña. En el segundo estaban las taquillas. En los pisos 3 a 5 estaban alojados los hombres, y en el piso 6 las mujeres. Sí, hombres y mujeres separados, debido a que realmente hay poca intimidad y también a cierto machismo de la sociedad japonesa. Además, el piso de las mujeres tenía llave para entrar, mientras que el resto de pisos no.

Las cápsulas

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Una vez en el piso que nos correspondía, tuvimos que buscar la cápsula que nos habían asignado. En la habitación había dos filas de cápsulas, cada fila en dos alturas. Una vez dentro lo más sorprendente es que, a pesar de estar bastante encajonado, el metro de altura es suficiente para estar sentado y no hay sensación de agobio. La televisión era sólo en japonés y con la radio tampoco hubo más éxito.

Para ir al baño había que salir a la zona de los ascensores. Allí estaban los baños comunes, donde además se podía tomar un baño caliente (tradicional en Japón) después de ducharte (el agua se reutiliza entre clientes). Por supuesto lo hicimos, la inmersión cultural debe ser plena.

Lo más curioso de toda la experiencia fue la falta de intimidad. A pesar de lo cansados que estábamos, nos despertamos varias veces durante la noche porque iba llegando gente (era fin de semana y hubo un goteo de personas que venían de fiesta), y sobre todo ¡¡los ronquidos!!. A fin de cuentas es como estar en un albergue.

Despedida

A la mañana siguiente sólo había que bajar, recoger las cosas de la taquilla y marcharse. Todo estaba pagado de antemano, aunque en recepción hay servicio las 24 horas. Siempre es posible comprar una camisa, una corbata o unos calcetines, ya que muchos de los usuarios de estos hoteles son ejecutivos que después de trabajar se quedan a tomar una cerveza con los compañeros de trabajo y pierden el último tren.

Desde luego una cosa está clara: es imposible pasar una noche en el centro de Tokyo más barato. Nos costó unos 30 euros por persona, cosa bastante difícil de superar. Y también la experiencia, 100% japonesa, deja huella. Siempre lo recordaré con cariño, a pesar de la incomodidad de haber tenido que separarnos hombres y mujeres y de los ronquidos del resto de compañeros de habitación.

Fotos | Alejandro Nieto, Nicola Barberis

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