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Actuar en películas porno y no llegar a final de mes

Actuar en películas porno y no llegar a final de mes
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Internet es sinónimo de pornografía. Es ubicua desde su surgimiento. A golpe de ratón, es sencillo acceder a páginas de almacenamiento de miles y miles de vídeos porno. La mayor parte de ese contenido se ofrece de forma gratuita. Los usuarios no tienen por qué pagar ya por un contenido casi infinito. Sin embargo, la edición, el montaje y la interpretación de esos vídeos tiene un coste. ¿Cómo se sostiene el equilibrio? De forma cada vez más precaria, al igual que en otros sectores económicos. Y eso afecta a sus trabajadores. A los actores y actrices de la industria del porno, las caras visibles de la misma.

Es evidente que la industria pornográfica ya no es la misma que hace unos años. Han confluido diversos factores, pero el epicentro de las miradas se centra en Internet. De un modo parecido a otras grandes industrias que se vieron radicalmente alteradas por la gratuidad y ubicuidad de la red (música, cine, periodismo), las productoras de pornografía se encontraron con un nuevo mercado que saboteaba de forma progresiva su principal fuente de ingresos. Ya no controlaban la demanda.

En un contexto de progresiva bajada de salarios, alto desempleo y empeoramiento de las condiciones laborales a gran escala, ¿cómo ha afectado el proceso a los trabajadores quizá más vulnerables de la industria pornográfica? Nos referimos a los actores y actrices. ¿Qué ha sido de sus salarios? ¿Qué posibilidades tiene a día de hoy un debutante en una industria competitiva que, además, ha ajustado su margen de beneficio? La hipótesis lógica es que la profesión se ha precarizado, como muchas otras, ¿pero es así?

De forma reciente, el espacio mediático norteamericano (y por extensión, el del resto del mundo) ha hablado de ello, aunque de forma lateral. Hot Girls Wanted, un documental producido por Rashida Jones y distribuido por Netflix a principios de este año, mostraba la realidad detrás de parte de la industria pornográfica del país. Se centraba en el campo del porno amateur, y su recibimiento fue mixto: hay quienes acusan al documental de resumirse a un reality con aspiraciones, mientras otros aplauden el retrato de la posición de las actrices jóvenes recién introducidas en el negocio y sus malas condiciones de trabajo.

El porno hoy: menos trabajo, peor remunerado

Sea como fuere, Hot Girls Wanted sólo es una parte, acaso minoritaria, del gran lienzo de la industria pornográfica. Las condiciones laborales de un actor o actriz varían no sólo en función del tipo de porno en el que trabaje, sino también del país donde lo haga. Pese a ilustrar ciertos aspectos económicos interesantes sobre las actrices jóvenes dentro del porno amateur, Hot Girls Wanted ensombrece parte de su relato incurriendo en un velado sensacionalismo que incurre en los habituales clichés sobre el porno como forma de ganarse la vida. Hay vida más allá del documental, lógicamente.

Hablamos con Amarna Miller (web) y Silvia Rubí (web), dos de las actrices porno españolas más reconocidas del momento, sobre lo que ha sucedido con las condiciones laborales de los actores y actrices dentro de la industria.

"Internet mató al cine porno", explica Amarna Miller. Las plataformas de distribución gratuita provocaron que los beneficios se redujeran

Por un lado, ambas coinciden en recalcar la progresiva mayor autonomía de los actores y actrices. Las productoras han reducido sus ingresos, y también su capacidad para tener en nómina a un elenco de intérpretes. "La venta ya no es lo que era antes, y prácticamente todas prefieren a trabajadores autónomos y ahorrarse el papeleo y los costes", explica Rubí. "La gran mayoría de nosotros somos freelance. Hay gente que tiene contratos, hay productoras grandes americanas que ofrecen contratos a sus chicos, pero no es lo normal, y esos contratos normalmente incluyen exclusividad", señala Miller.

Amarna Miller
Amarna Miller. (Imagen: Andre T.)

Es una consecuencia directa de la decadencia del modelo tradicional de negocio. "Internet mató al cine porno. El cine porno como cine, al menos. Desde que existen las plataformas de distribución gratuitas, la gente no paga por porno, lo cual implica que es más difícil mantener industria", incide Miller. Se refiere a Xhamster, Xvideos, Red Tube, etcétera. Es un problema notorio, que se manifiesta, entre otros aspectos, en el tipo de material que una productora puede sacar adelante. Antes trabajaban en películas, sostenidas sobre un presupuesto amplio. Ahora, cuenta Miller, se reducen a escenas concretas.

"El volumen de actores es más elevado, y el volumen de producciones es menor", explica Silvia Rubí

También en los salarios. Aquí han influido varios factores, pero, tal y como recuerda Rubí, ha limitado las posibilidades de los actores en cuanto a su remuneración. Ahora es más difícil ganarse la vida como actor o actriz porno: "Si hablamos meramente de trabajar para terceros dejando de lado la autoproducción, hoy en día es bastante más complicado que antes. El volumen de actores es más elevado, y el volumen de producciones es menor". El modelo de producción ha cambiado. Hay más difusión, pero menos beneficios.

Internet: no sólo trae consecuencias negativas

Es algo que se manifiesta de forma acuciada en España. Quizá no tanto en el salario cobrado por hora, pero sí en la cantidad de tiempo que un intérprete puede pasar delante de las cámaras. "Dentro del porno podríamos decir que lo que ha cambiado son las horas de trabajo. Hemos pasado de rodajes de entre 10 y 12 horas a rodajes de entre 3 y 5 horas, por lo que los cachés también han variado", comenta Rubí. Es lógico si tenemos en cuenta lo comentado con anterioridad: las productoras ya no tienen tantos incentivos para grabar largas películas, y tienen que optar por escenas cortas.

El contraste con Estados Unidos es grande. Si bien a ambos lados del océano se han sentido los efectos tanto de la crisis como de la irrupción de las plataformas de distribución gratuitas, allí, en la meca del porno, los salarios continúan siendo mucho más altos que en Europa. "En Europa los salarios que se cobran en la pornografía son ínfimos comparados con Estados Unidos. No me gusta hablar de crisis o no crisis, porque al final es generalista y relativo. Lo que sí puedo decir es que los precios han ido bajando, y las productoras van ofreciendo menos", dice Miller, que actualmente se encuentra en Estados Unidos.

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Silvia Rubí. (Imagen: Plomberie)

Según cuenta, el auge de las actrices porno que provienen de Europa del Este ha contribuido a la devaluación general de los salarios tanto en España como en Europa. "Cumplen el estereotipo de belleza que está buscando la industria ahora mismo. ¿Y qué pasa? Para ellas, cobrar X dinero en su país es bastante en comparación para nosotros en otras partes de Europa", incide. La carencia de un salario "general" dentro del porno, algo que ya se está planteando en la industria norteamericana, permite que los sueldos de los actores porno se igualen por abajo. Como es lógico, contribuye a precarizar la profesión.

Las redes sociales permiten a los actores promocionarse y darse a conocer, lo que les genera suscriptores y nuevas ofertas de las productoras

Pero no todo son malas noticias dentro de la industria pornográfica. Es cierto que Internet ha liberado la distribución. Esa liberalización también ha permitido mayores herramientas de márketing y promoción para los actores. Tanto Miller como Rubí, por ejemplo, cuentan con miles de seguidores en las redes sociales y con páginas personales desde las que pueden promocionar sus trabajos. En cierto sentido, y de forma más acuciada que en otras profesiones, una actriz o un actor tiene hoy mayor margen para intentar rentabilizar un producto y para destacar entre un sector competitivo.

"Nos ha tocado regalar mucho contenido a nuestros usuarios, pero, por otra parte, la gente es bastante agradecida, y a parte de la ayuda a través del feedback en las redes sociales, recibimos regalos y suscripciones a nuestros portales de venta", cuenta Rubí. No sólo eso: las redes también contribuyen a dotar de mayor notoriedad, permitiendo mayor visibilidad frente a las productoras para así obtener más ofertas. "He llegado a recibir proposiciones de productoras a través de Twitter", relata Miller, la red social preferida para cualquier actor o actriz en tanto que no censura el contenido explícito.

Ahora bien, ¿implica eso sacrificar escenas de forma libre en la red para, a largo plazo, obtener beneficios? ¿Obliga Internet a ofrecer contenido no gratuito al usuario? "Yo lo planteo como un puente hacia el público, como una manera de visibilizar mi trabajo. No creo que Internet obligue a ofrecer contenido gratuito para obtener notoriedad. Los vídeos que mando a través de mi web son material exclusivo que no están en ninguna plataforma de pirateo, y sigo vendiéndolos. Y sin embargo, sí que he notado que desde que soy más activa en redes recibo más visitas a la web", sostiene Miller.

Porno: clichés e imágenes estereotipadas

Los actores y actrices porno no se enfrentan a situaciones que otros trabajadores de otras industrias no sufran en sus carnes. Progresiva devaluación de los salarios, reducción de las horas trabajadas en su jornada laboral, descenso acuciado de los ingresos de una industria al mutar o terminarse su modelo de negocio, precariedad generalizada derivada de un cambio estructural en el sector, etcétera. Sin embargo, es cierto que el tratamiento mediático del porno tiende a verse reducido a estereotipos.

Hot Girls Wanted es útil en tanto que revela las prácticas abusivas de la industria del porno para con actrices jóvenes recién introducidas en el negocio. Como bien recoge este artículo de The Washington Post, la falsa promesa de altas ganancias oculta los innumerables gastos que las actrices y actores afrontan al margen de la productora. Como señala, se trata de la uberización del porno: se abaratan los costes de producción porque pasan a recaer en el el actor, del mismo modo que sucede con la industria del transporte de personas a pequeña escala. Es un sistema que quema, y que denota una obvia precarización, con ganancias pingües que a duras penas permiten llegar a fin de mes.

Pero también, Hot Girls Wanted desfigura la realidad detrás del porno. Según Amarna Miller:

Hot Girls Wanted acaba cayendo en los mismos estigmas de siempre. Echo de menos algún director que se anime algún documental sobre porno que muestre la verdadera imagen del porno, no sólo confirmar las expectativas del espectador, que yo creo que es lo que pasa al final con Hot Girls Wanted: está cogiendo la opinión del consumidor, que es "pobres niñas que no saben en lo que se meten, tienen 18 años, son jóvenes e inmaduras y acaban siendo engañadas para pertenecer a una industria que les devorará su vida y acabarán arrepintiéndose cuando tengan 30 años". Esto está pidiendo el consumidor. Y Hot Girls Wanted aparece y la refuerza.

Y si bien ese retrato casa con un porcentaje menor de la industria pornográfica, no corresponde a la totalidad del porno, añade Miller. Esa visión "perpetúa el estigma" contra los trabajadores del sector, obviando la historia de aquellos actores y actrices que sí están en el porno por pleno convencimiento y en un entorno laboral que no se asemeja al del documental, cuya narración no sería representativa.

Rubí, que sólo ha visto el tráiler del documental, identifica en Hot Girls Wanted a actrices que entran en el porno o bien por el dinero o bien por la fama, y de las que algunas productoras se aprovechan. "Es absurdo, ya que no estamos en los noventa, donde hacías un año o dos de rodajes extremos para ser rica y famosa y esa etiqueta de pornstar se quedaba contigo para siempre. Ahora ya no es así, y las chicas que entran están un año, hacen de todo por dinero y luego sufren trastornos mentales. El dinero se acaba muy rápido y la fama se desvanece, porque cada mes aparecen mínimo diez chicas que piensan igual", opina.

Lo cierto es que, al margen de estereotipos y clichés, al margen también de la devaluación de la industria y de la progresiva precarización, el porno es un entorno laboral como cualquier otro. O en palabras de Silvia Rubí:

Personalmente, hace años decidí que sería mi profesión, y solamente ruedo lo que me apetece. Aunque a ojos de terceros se pueda pensar que algunos de mis trabajos son desagradables, en ningún rodaje lo he pasado mal o he hecho algo que no quisiera hacer. Deseo seguir trabajando en la industria por muchos años más, tanto delante como detrás, y para eso necesitas querer y creer en lo que haces.

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