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Alemania había mantenido a raya el ritmo de contagios. Hasta que llegó el desconfinamiento

Alemania había mantenido a raya el ritmo de contagios. Hasta que llegó el desconfinamiento
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Alemania es probablemente el país de Europa occidental que mejor ha gestionado la crisis del coronavirus. Con más de 80 millones de habitantes acumula 7.600 muertos, frente a los 26.000 de España o Francia, muy inferiores en población. Sin hospitales saturados y con un extenso programa de testeo y rastreo, el gobierno alemán ha decidido levantar el confinamiento de forma progresiva.

El alivio de las restricciones comenzó el lunes. En pleno repunte del virus.

Qué sucede. Que durante los últimos días el ritmo de reproducción de la epidemia, plasmado en el número R0, se ha mantenido por encima de 1. Hoy se sitúa en 1,07, algo por debajo del domingo (1,13) y del sábado (1,1). Esto significa que por cada 100 personas portadoras, otras 107 se están contagiando. Cuando se anunciaron las medidas de alivio estaba en 0,65. Es decir, la epidemia está acelerando su crecimiento poco a poco.

¿Problema? Por un lado, sí. Mantener el ritmo de contagios por debajo de 1 es la prioridad de todos los gobiernos durante la desescalada. Por otro lado, relativamente. El último informe del Instituto Robert Koch, encargado de gestionar la crisis, asume cierta "volatilidad" en la tasa de reproducción, fruto del empequeñecimiento del brote. Dicho de otro modo: a menos casos, más probable resulta que pequeños repuntes se magnifiquen.

No significa que la epidemia esté descontrolada.

Apertura. Un leve crecimiento del número R0 es una consecuencia natural, incluso esperada, de la apertura social. Bien lo sabe Dinamarca: dos semanas después de reabrir los colegios, el ritmo de contagios pasó de 0,6 a 0,9. Es una incertidumbre y un riesgo que los gobiernos deben tomar. En Alemania, donde el impacto del virus ha sido más leve, la presión por retomar la normalidad ha sido mayor.

Medidas. Desde ayer, los alemanes pueden volver a disfrutar de actividades paralizadas durante el pico de la epidemia. Las iglesias y las tiendas han abierto, si bien con estrictas medidas de distancia social; la Bundesliga podrá reanudar los partidos a puerta cerrada; las aulas de primaria y secundaria han vuelto impartir clases; y algunos parques infantiles, museos, viveros e incluso zoos ya tienen permiso para volver a funcionar.

Protestas. Las medidas adoptadas por el gobierno son el fruto, en parte, de la presión ejercida por los estados federales para acelerar la apertura. Baviera, por ejemplo, ya planea reabrir los restaurantes; Sajonia-Anhalt va a permitir las reuniones de cinco personas en domicilios privados. El domingo, miles de manifestantes tomaron las calles de Berlín, Stuttgart o Munich para pedir el desconfinamiento total.

Lo hicieron en muchos casos sin distancia social y espoleados por teorías de la conspiración amplificadas en prensa y redes.

Paradoja. Gran parte de la abierta hostilidad de muchos alemanes hacia el confinamiento surge del menor impacto del coronavirus en el país. Con pocos muertos y un sistema sanitario sin colapsar, la gravedad de las medidas no se acompasa a lo urgente de la epidemia. Es lo que el virólogo Christian Dorsten, bautiza como la "paradoja de la prevención". Sin esas medidas, tan exageradas, la situación sería peor.

Es el riesgo que corren ahora todos los países. Subestimar, de nuevo, la epidemia. Ayer Alemania registró 933 casos y 116 muertos, frente a los 357 contagios y 22 muertos del día previo. Es un repunte claro, con R0 por encima de 1 por primera vez desde finales de marzo.

Imagen: Christian Mang/AP

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