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Ámsterdam ha encontrado una solución para su problema con los coches. Meterlos bajo el agua

Ámsterdam ha encontrado una solución para su problema con los coches. Meterlos bajo el agua
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Dos externalidades negativas han obligado a todas las grandes ciudades de Europa a revisar su relación con el vehículo privado, tan idílica hasta hace unos pocos años. Por un lado, la contaminación. Y por otro, el espacio urbano. Este último aspecto suele sintetizarse en peatonalizaciones o construcción de carriles ciclistas. Pero también en la reducción del número de aparcamientos disponibles.

Sucede que los residentes del centro de las ciudades tienen coche. Y no siempre garaje, dado que escasean. ¿Cómo acomodarles?

Bajo el agua. Es la solución que adoptó el ayuntamiento de Ámsterdam hace dos años, cuando inauguró el párking Albert Cuyp, en el distrito de Amsterdam-Zuid. Tras una compleja intervención arquitectónica, en línea con los hitos habituales de la ingeniería firmados por la obra pública neerlandesa, la ciudad se quitó de encima 600 aparcamientos exteriores. Pero no los eliminó para siempre. Simplemente los trasladó a las profundidades de sus canales, donde su impacto sería menor.

Cuotas. Funciona del siguiente modo. 540 plazas quedan a disposición de los vecinos, para cuya asignación deberán abonar 267€ semestrales. Los 60 aparcamientos restantes funcionan como un párking privado cualquiera, a razón de 0,17€ el minuto o 51€ la jornada. Las instalaciones también incluyen 60 plazas destinadas a bicicletas cargo, muy populares en el norte de Europa. Todo ello bajo el Boerenwetering, uno de los principales canales de la ciudad, en el primer aparcamiento de su especie.

Importancia. ¿Y por qué es relevante? Porque Ámsterdam ha recogido la idea de Elon Musk, enterrar el problema, y la ha llevado a su terreno. El entorno de Albert Cuyp adolecía de espacio urbano, fruto de la densa malla urbana del barrio y de las limitaciones físicas que imponían los canales. Además, la presencia de aparcamientos generaba tráfico de agitación, conductores que circulaban por allí con el único propósito de encontrar plaza. Todo ello causaba molestias entre los vecinos.

Menos espacio, más ruido, más riesgos, más contaminación.

Parking El diseño.
Despues1 El antes.
Despues Y el después.

Enterrado. Nada que otras ciudades no hayan experimentado en sus carnes. Ámsterdam, de hecho, lleva cierto tiempo batallando contra los aparcamientos exteriores. Su zona regulada es la más cara del mundo (13€ por dos horas), y en diciembre del año pasado anunció la eliminación de 11.000 plazas a lo largo de los próximos años. La ciudad parece consciente de que los aparcamientos funcionan como un imán para vehículos que, de otro modo, no circularían por su complejo casco histórico.

Otros ejemplos. Los hay a raudales. Desde Oslo, cuya eliminación de aparcamientos en el casco histórico data ya de 2017, hasta Bruselas, con más de 65.000 plazas a retirar durante la próxima década. Y las zonas azules/verdes no siempre bastan. Cuando unos investigadores analizaron el efecto de aparcamientos residenciales (exteriores) en Barcelona, descubrieron que la tasa de compra de nuevos vehículos aumentó. Exactamente lo contrario que buscaban las autoridades.

Mismos problemas. Por supuesto, el Albert Cuyp no será ajeno a estos problemas, y generará los mismos incentivos para los residentes del distrito, además del impacto directo en materia de ruidos o mobiliario urbano. El aparcamiento, eso sí, ha tratado de limitar su presencia visual al máximo: las entradas se han alineado con el nivel del canal, para hacerlas menos perceptibles, y las salidas de emergencia y pantallas de protección se han hecho transparentes y disimuladas (imágenes).

Los cimientos de los edificios decimonónicos se han respetado y donde antaño había coches hoy hay más árboles, plantas y espacio para peatones o ciclistas. El aparcamiento, en esencia, ha pacificado el barrio. Sin perjuicio de los residentes con coche.

Premios, retos. Quizá por ello la instalación ha recibido diversos premios, tanto locales como internacionales. El proceso no estuvo exento de conflictos. La ley obligó a la ciudad a conservar los 600 aparcamientos durante las obras, pero se topó con ciertas resistencias vecinales, interesados en ocupar las plazas por su cuenta y riesgo. También con las quejas de mercantes locales (hay un mercado en la zona), obligados a pagar mucho más de lo que solían por llegar hasta allí cada fin de semana.

Observando las fotos y el contraste, eso sí, el triunfo es evidente.

Imagen: ZJA

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