Compartir
Publicidad
Publicidad

Así es el nacionalismo económico de Steve Bannon, el cerebro de la victoria de Trump contra el globalismo

Así es el nacionalismo económico de Steve Bannon, el cerebro de la victoria de Trump contra el globalismo
Guardar
17 Comentarios
Publicidad
Publicidad

De la plétora de personajes que han llegado a la primera línea de la política estadounidense junto a Donald Trump, pocos (quizá ninguno) tienen tanta influencia sobre las decisiones presidenciales como Steve Bannon, el gran ideólogo del trumpismo (sea lo que sea éste) que pasó de dirigir una web marginal de extrema derecha a tener oficina a unos pasos del Despacho Oval. Pese a que acaba de ser relevado del Consejo de Seguridad Nacional, sigue siendo el Jefe de Estrategia de la Casa Blanca.

De él se ha dicho que es un supremacista blanco y que admira el fascismo, amén de otras muchas cosas aún menos aduladoras. Pero Bannon desprecia esos calificativos: él se define a sí mismo como un nacionalista económico. ¿En qué consiste el nacionalismo económico de la mano derecha de Donald Trump?

Un paso atrás... ¿cómo llego Steve Bannon a convertirse en el cerebro de la campaña presidencial?

Bannon no procede de la casta política de Washington D.C. y su ideología en muchos campos es una incógnita, al margen de las pistas que ha ido ofreciendo en Breitbart en los últimos años. Bannon llegó a la dirección de esta web conservadora en 2012, convirtiéndola en uno de los principales altavoces de la alt-right. La candidatura del empresario, políticamente incorrecto y al margen del sistema, supuso una plataforma política para este movimiento, del que Breitbart ejerció como portavoz de forma entusiasta.

Antes de Breitbart, Bannon ya tenía a sus espaldas una carrera como propagandista del ala más extrema del partido republicano, en su faceta de productor cinematográfico (con documentales como La Invicta, sobre Sarah Palin). Convertido en director de campaña de Trump, Bannon se centró en mensajes polémicos (muros, deportaciones, mano dura) que acapararon todos los titulares, haciendo que la campaña girara en torno al mensaje del candidato republicano sin apenas invertur un duro. Su éxito fue premiado con un puesto en la Casa Blanca del que muchos le consideran indigno.

¿En qué consiste el nacionalismo económico de Bannon?

No soy un "nacionalista blanco". Soy un nacionalista económico. Los globalistas han sacado las tripas a la clase obrera norteamericana y creado una clase media en Asia. El tema ahora es acerca de los americanos buscando que no les jodan.  

Steve Bannon

Las ideas económicas manifestadas con Bannon no tienen que ver con la línea tradicional de los conservadores americanos sino más bien con la de los populistas europeos. Se basan fundamentalmente en el proteccionismo y la oposición al 'globalismo', lo que en la práctica supondría la subida de aranceles en las importaciones y las ayudas a la producción interna, cargándose décadas de política estadounidense a favor del libre comercio internacional. Independientemente de su solidez económica, se trata de un mensaje transversal que cala a izquierda y derecha y que ha llevado a muchos bastiones demócratas a apostar por Trump en esta ocasión.

Ebs

La reticencia del mainstream político estadounidense a la guerra comercial que quiere desatar el gobierno de Trump no es casual. La última vez que Estados Unidos intentó proteger a los trabajadores norteamericanos entorpeciendo las importaciones extranjeras (la Ley Smoot-Hawley de 1933) lo único que consiguió fue empeorar significativamente la Gran Depresión. La reacción en cadena tras una subida de aranceles norteamericana podría repercutir en todo el mundo, y la ganancia de empleos industriales (fuertemente automatizados ya, de todos modos) sería pírrica en comparación a las pérdidas asociadas al parón del comercio internacional.

El proteccionismo inspirado por Bannon se plasmó en la primera medida de Trump: la retirada del Acuerdo Trans-Pacífico (TPP), una espantada que ha conseguido enfurecer a un aliado clave como Japón y entregar la primacía comercial de la región pacífica a China, a cambio dudosos posibles beneficios para la producción estadounidense. Como muestra de la transversalidad de estas medidas, basta mencionar que uno de los mayores críticos del TPP era el Nobel Joseph Stiglitz, uno de los economistas de referencia de la izquierda.

Si Trump cumple lo prometido, el siguiente paso sería la retirada del NAFTA, el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México que según Bannon –y muchos otros– destruye puestos de trabajo estadounidenses al eliminar barreras a la importación de productos más baratos desde México. La posibilidad de perder el libre acceso al mercado norteamericano sería una debacle para la economía mexicana, cuya moneda se ha devaluado significativamente frente al dólar desde la elección de Trump. Pero en la mesa del NAFTA hay otro invitado: Canadá, con tres cuartos de sus exportaciones yendo a Estados Unidos. Pese a que el gabinete de Trump tranquiliza a los canadienses con promesas de un acuerdo bilateral, el premier canadiense Justin Trudeau ya ha lanzado una ofensiva diplomática para defender el NAFTA.

El verdadero enemigo es el "globalismo"

Bannon ha conseguido redefinir los frentes de la batalla política norteamericana. Ya no se trata de conservadores frente a liberales, sino nacionalistas frente a globalistas (al tiempo que en Europa el debate se mueve desde el eje izquerda-derecha hacia el enfrentamiento entre partidos tradicionales y populistas).

En la visión de Bannon, el 'globalismo' es ese movimiento aperturista que ha llenado Estados Unidos de productos chinos e inmigrantes mexicanos, "destripando" a las clases populares nativas del país. Es una dialéctica calcada a la que propició la victoria del Brexit: hay que recuperar el control del país frente a fuerzas externas incontrolables. No es de extrañar que Breitbart considerara el Brexit como una derrota del globalismo. El brazo armado del globalismo son los mainstream media, los medios de comunicación tradicionales contra los cuales Trump se declaró en guerra desde el inicio de su campaña.

El discurso anti-globalista ha calado hondo entre millones de americanos de todo el espectro político, exactamente igual que ha pasado en Europa. La noción de que la globalización ha generado enormes beneficios pero estos no se han transmitido hacia abajo es el perfecto caldo de cultivo para un mensaje como este, que Bannon y sus afines se encargaron de transmitir a través de Breitbart antes de llegar al equipo de Trump. El camino ha sido largo: la extrema derecha norteamericana comenzó a referirse al globalismo como enemigo desde el final de la Guerra Fría.

La inmigración como parte del problema económico

Bannon no oculta que en su opinión los inmigrantes son parte del problema, y les considera responsables del empeoramiento económico de los trabajadores norteamericanos. Se le considera uno de los cerebros detrás de la propuesta de construir un muro con México, así como de las medidas económicas para que sea el país hispano quien asuma el coste indirectamente si se niega a hacerlo directamente (mediante una tasa adicional del 20% a las exportaciones mexicanas a EEUU, además de limitando el envío de remesas de EEUU a México).

Nope

A pesar de que Bannon niega ser racista, resulta inverosímil pensar que medidas como la prohibición de entrada indiscriminada a países musulmanes responde a criterios puramente económicos. En múltiples ocasiones ha identificado el momento histórico actual con la situación narrada en la novela francesa El Desembarco (Le Camp des Saints, en su título original), en la que cientos de miles de refugiados indios entran en Europa y acaban por destruir la civilización occidental. Es difícil, por tanto, obviar el componente racial en su concepción de la sociedad norteamericana.

¿No es cierto que el verdadero corazón del problema, lo que tenemos que resolver aquí, no es la inmigración ilegal? ¿No tenemos un problema cuando hemos mirado hacia otro lado frente a esta inmigración legal que ha abrumado el país? Cuando miras y 61 millones, el 20% del país, son inmigrantes.

Steve Bannon

Steve Bannon aporta además un nuevo ángulo al discurso anti-inmigración: la oposición a la inmigración legal y cualificada, una postura que en Estados Unidos encuentra poco respaldo. Bannon está detrás de la propuesta de Trump de limitar los visados cualificados H1-B con los que tantos ingenieros y científicos han llegado a Norteamérica. Esto ya ha ocasionado la enérgica protesta de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley.

Según Bannon, la excusa de la 'inmigración cualificada' ha servido para inundar los campus americanos de estudiantes asiáticos que después acaparan los mejores puestos de trabajo del país empujando al grueso de los 'locales' a la precariedad laboral. La exageración no es solo cualitativa, sino cuantitativa: en realidad, el porcentaje de población estadounidense nacida en el extranjero está lejos del 15%. Pero pese a la oposición de Silicon Valley y los varapalos judiciales, la cruzada de Trump para limitar la inmigración, legal o ilegal, sigue adelante inspirada en los principios del nacionalismo económico.

El 'plan del trillón de dólares'

Soy el tipo que va a lanzar un plan de infraestructuras de un trillón de dólares. Con tipos de interés negativos, es la mejor oportunidad para reconstruir todo. Astilleros, siderurgias, reactivémoslos todos. Será tan emocionante como en los años 30, más grande que la revolución de Reagan – conservadores junto a populistas en un movimiento económico nacionalista.

Steve Bannon

El estado decadente de las infraestructuras es un tema recurrente en la política norteamericana. Las redes de transporte terrestre, aéreo y marítimo necesitan mejoras pero el presupuesto se encoge con los años: el grueso procede de los impuestos sobre los combustibles, que se mantienen fijos mientras el consumo disminuye gracias a las mejoras de eficiencia.

La idea de lanzar un gran plan de infraestructuras (inyectando dinero en la economía y generando empleo con resultados visibles a corto plazo) no se le ocurrió a Bannon. De hecho fue Hillary Clinton la primera candidata que propuso una inversión federal de 275.000 millones de dólares. El gran estratega de Trump subió la apuesta al billón de dólares (trillion en términos americanos).

Route66

Este enorme plan de estímulo económico para mejorar y construir infraestructuras es la medida económica estrella de Bannon junto al proteccionismo comercial y el control migratorio. Las (pocas) ideas esbozadas hasta ahora se centran exclusivamente en la generación de puestos de trabajo, sin tener en cuenta criterios técnicos o de rentabilidad. Al margen de que la cifra parece sacada de la manga, el plan tiene serios problemas.

Para empezar, es contradictoria con otra de las propuestas económicas estrella de Trump: la reducción de impuestos. Disminuir la recaudación y a la vez aumentar el gasto implica necesariamente más deuda, y con ello, atraer más inversión extranjera y fortalecer el dólar, lo que a su vez aumentaría el déficit comercial estadounidense (uno de los grandes caballos de batalla del proteccionismo trumpiano).

Además, el bajón del comercio internacional asociado a las políticas proteccionistas de Trump previsiblemente hará bajar la demanda de los ferrocarriles o astilleros que quiere reactivar Bannon. Su plan sería una magnífica forma de tirar el dinero en infraestructuras inútiles, algo sobre lo que en España podemos darle unas cuantas lecciones.

¿Hasta que punto podrá llevar a cabo sus planes?

El fracaso del decreto anti-inmigración inspirado por Bannon puede servir de pista. Es posible que House of Cards sea ficción, pero el delicado equilibrio de poderes que refleja es real: en Estados Unidos el presidente no puede 'dictar' la ley ni siquiera con su partido controlando ambas cámaras, como sucede ahora con los republicanos.

Barack Obama tardó casi una legislatura en aprobar su plan estrella, el Obamacare, dadas las enormes implicaciones sociales y económicas del mismo. Las grandiosas propuestas inversoras de Bannon son tan impactantes o más, y su aprobación podría tardar años, en caso de producirse en absoluto. Las medidas anti-inmigración ya han comenzado a darse de bruces contra las resoluciones judiciales. Y la Reserva Federal ya ha anunciado subidas de los tipos de interés, haciendo que los castillos de naipes construidos sobre un posible endeudamiento barato se tambaleen.

Parece que escribir teorías conspiranoicas en Breitbart y gobernar Estados Unidos son tareas muy distintas. Hasta ahora, Bannon ha fracasado en sus intentos. Sin embargo, su nacionalismo económico sigue siendo la brújula de Donald Trump y su gobierno.

En Magnet | Quién es Steve Bannon y por qué su elección como Jefe de Estrategia de la Casa Blanca preocupa a tanta gente

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos