El auge de los jets privados es una receta para el caos aéreo. Y el mayor problema lo tenemos en España

El auge de los jets privados es una receta para el caos aéreo. Y el mayor problema lo tenemos en España
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El uso de jets privados se ha disparado en los últimos meses creando el caos en el tráfico aéreo (y un debate por sus emisiones). Tanto, que países como Francia quieren limitarlos, exigiendo conocer los detalles de los vuelos y estableciendo pautas para su uso cuando haya opciones de trenes o vuelos comerciales disponibles. El gran problema lo tenemos en España: la mayoría de jets privados acaban en Mallorca e Ibiza.

La tendencia. Atiende a un momento en el que, levantadas las restricciones Covid, los europeos se han lanzado a viajar en tropel en un efecto postpandemia que ha puesto a la industria del turismo patas arriba. Millones de ciudadanos han acudido a las mismas aerolíneas que han tenido problemas para recuperar el personal que despidieron durante la pandemia. En Magnet hemos hablado de la reciente ola de cancelaciones de vuelos en el continente por la escasez de trabajadores.

Sin embargo, en medio de todo este jaleo, los ricos han decidido sacarse las castañas del fuego por su cuenta. Y los jets privados son una buena alternativa para salir del paso.

El resultado. Un aumento de casi un tercio de aviones privados en los últimos meses en comparación con los niveles previos a la pandemia, causando una ampliación en la capacidad de aeropuertos como Ibiza o Mykonos. En general, en el continente, el tráfico privado ha crecido casi un 30% desde 2019 hasta casi 179.000 vuelos. Los principales destinos son Francia, Italia y España, según el proveedor de datos WingX.

La decisión de Francia. El fenómeno se ha trasladado a la política francesa, donde hay un serio debate por las emisiones de carbono de los jets privados mientras el país lucha por cumplir sus objetivos climáticos. En una entrevista de Le Parisien, el ministro de Transporte, Clement Beaune, decía que van a exigir que los aviones privados hagan públicos los detalles de los vuelos y establezca pautas para su uso cuando haya opciones de trenes o vuelos comerciales disponibles.

La medida llega justo en un verano atípico por las altísimas temperaturas y un aumento de los precios de la energía, que llaman a un abordaje urgente del tema climático. Hay que recordar que París ha aumentado en un abrumador 43% el uso de este tipo de transporte.

Pero el gran problema lo tenemos en España. Tal y como se muestra en este artículo de Bloomberg, las rutas más populares de los jets privados son Londres-Ibiza y Londres-Palma de Mallorca. Y si observamos los datos del Aeropuerto Internacional de Ibiza, vemos que ha recibido la visita de más de 6.000 jets en el primer semestre de este año, frente a los 5.345 de 2021 y los 3.819 de 2019. Es decir, un aumento del 13,5% respecto a la cifra del pasado año. Por día, esto supone la llegada de 33,5 jets.

Y no sólo el caos en los aeropuertos va a parar a las Islas Baleares, también la contaminación derivada.

Contaminación. El sector de la aviación es uno de los principales emisores de carbono del mundo. Y se estima que los jets privados causan entre cinco y 14 veces más contaminación por pasajero que los aviones comerciales y 50 veces más que los trenes, según un estudio publicado por Transport & Environment. Esto, en el contexto de emergencia climática en el que nos encontramos, nos da una pista de por qué peticiones como la de Francia empiezan a cobrar sentido. También decenas de asociaciones ambientalistas llevan años luchando por prohibir estas actividades.

Más caro. Como era de esperar, el fenómeno ha llegado con la consecuente subida de precios impulsada ​​no sólo por los problemas logísticos, sino también por un aumento del 73% en los precios del combustible para aviones en el último año. Por ejemplo, volar en un jet desde París a Mykonos cuesta ahora unos 25.000 euros, casi el doble que hace un año, según Aeroaffaires. El coste medio ha llegado a los 10.000 euros/ hora, un 28 % más que en 2020. Y ni aún así se ha conseguido disuadir a los clientes, que según Wheels Up aumentan como la espuma.

Imagen: Unsplash

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