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Austin quiere borrar todo homenaje esclavista de sus calles. Problema: su propio nombre es uno

Austin quiere borrar todo homenaje esclavista de sus calles. Problema: su propio nombre es uno
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Presa de su historia como pocas naciones, Estados Unidos lleva más de un lustro sumergida en un profundo proceso de revisión de su pasado. En él juega un papel determinante la esclavitud, vector que explica las crucial importancia de las relaciones raciales en la política de hoy, y las distintas formas en la que los estados sureños han rendido homenaje a sus impulsores, a sus principales apologetas u, obvio, al proyecto de estado que trató de legitimarla mediante una secesión.

En casi todas las grandes ciudades o estados del sur hay un debate sobre qué símbolos confederados o esclavistas pueden pervivir. Y para algunas es especialmente problemático.

El caso Austin. Tomemos el ejemplo de Austin, que ha llegado a los medios estadounidenses esta semana. La ciudad es la capital de Texas, tradicional cliché sobre el conservadurismo estadounidense de puertas hacia afuera, y un bastión liberal. El ayuntamiento lleva cierto tiempo sustituyendo los nombres de avenidas y calles urbanas de cariz confederado por otros políticamente neutros o reivindicativos del pasado afroamericano. Y en el camino se ha topado con una paradoja: su nombre se debe a Stephen F. Austin, fundador y conocido esclavista.

¿Lo cambiamos? Un informe municipal ha listado el aún larguísimo número de elementos reivindicativos de la Confederación presentes en las calles, desde placas urbanas hasta estatuas (en la propia universidad). Y también otros elementos simbólicos que tienen relación con el pasado esclavista del sur estadounidense. Es ahí donde ha aparecido el propio nombre de Austin, junto a otros símbolos y nomenclaturas de connotaciones racistas o de ecos opresores

El trabajo no recomienda su sustitución (como sí hace con otros elementos, como Plantation Road o Dixie Drive), pero lo pondera.

El sistema. Es decir, Austin seguirá siendo "Austin". Pero el caso refleja los enormes problemas que afronta el sur estadounidense para reconciliar su problemática historia con su diverso presente. En caso de que Austin decidiera buscar sustituto a su nombre ya contaría con un sistema empleado en otros puntos de la ciudad. A cada calle o avenida de origen esclavista (como Jeff Davis Drive o Robert E. Lee Road) le han seguido nombres en memoria de importantes (y silenciadas) figuras del pasado afroamericano (como William Holland Drive o Azie Morton Road).

La historia. La retirada de simbología confederada es una cuestión, para muchos, de justicia histórica. La mayor parte de calles, avenidas, estatuas e instituciones nombradas en honor a figuras secesionistas surgieron durante la era Jim Crow, fruto de una revivida nostalgia por la Causa Perdida y tras el pacto de silencio entre norte y sur durante la Reconstrucción. Se impusieron en barrios de mayoría afroamericana como un recordatorio intimidante de su pasado en el Sur.

La esclavitud había pasado, pero la oligarquía blanca seguía mandando. La lógica no escapaba a la población negra, que aún hoy sigue viendo en las estatuas o en las propias banderas confederadas una exaltación de la esclavitud y de su opresión.

El problema. Sucede que el contenido del informe municipal, que incluye a "Austin" como una toponimia asociada a la esclavitud pero no recomienda su borrado, ha llegado a los medios con gran confusión, haciendo creer lo contrario. Figuras republicanas como George P. Bush (hijo de Jeb, sobrino de W.) han criticado públicamente una posibilidad que no existe. En gran medida porque Austin es indisociable a Texas, como uno de sus fundadores y como valedor tanto del estado independiente original como del que se unió finalmente a los Estados Unidos.

Y más importante aún, porque la mera idea de anular a "Austin" de la historia tendría consecuencias tremendas en otros puntos del país. George Washington, el padre fundador por antonomasia, era un conocido terrateniente esclavista cuyo apellido bautiza a la capital del país y a uno de los cuarenta y ocho estados contiguos. En Austin, la revisión de la memoria estadounidense encuentra sus límites factibles. Al fin y al cabo, la saludable revisión de la historia puede llegar hasta cierto punto.

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