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Australia quiere matar a dos millones de gatos salvajes, pero antes quiso matar a otros

Australia quiere matar a dos millones de gatos salvajes, pero antes quiso matar a otros
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En Magnet somos fieles admiradores de la fauna y flora australiana, consistente, a grandes rasgos, en un montón de fascinantes animales que quieren matarte. En esta ocasión hablaremos sobre algo ligeramente diferente. Desde el pasado mes de julio, supimos que las autoridades australianas tenían la intención de exterminar a una población aproximada de dos millones de gatos viviendo en el país. De gatos salvajes, cuyas vidas se desarrollan en la naturaleza. Y que dañan la fauna local.

Puede resultar impactante, pero no es la primera vez que Australia afronta retos semejantes con especies en apariencia inofensivas. El problema principal de los gatos australianos es que, en rigor, nunca deberían haber sido australianos. La especie es exótica e invasora, y fue llevada a la gigantesca isla oceánica por los colonos británicos. Siglos después, y al igual que sucede en otros países del mundo, muchos de esos gatos han sido abandonados a su suerte, creando una subcategoría de felinos que viven y nacen a campo abierto, sin contacto alguno con los humanos.

No hablamos de gatos domésticos abandonados y sociables, sino de gatos que han nacido y se han criado en libertad, cuya adaptabilidad a un entorno con humanos es ya nula: son fauna salvaje, no animales domésticos

Los gatos salvajes no son gatos abandonados por sus dueños, como quizá se puede inferir, sino animales que desarrollan su vida como un depredador más. Pese a su apariencia (no siempre) inofensiva tras siglos de domesticación (relativa), los gatos son cazadores. Y para sobrevivir en un ambiente hostil, necesitan cazar. En Europa o el Norte de África no causan mayor problema: forman parte de su ecosistema natural. En Australia o en Estados Unidos, la cosa se complica: los gatos alteran la fauna local, se reproducen con rapidez y ponen en peligro a especies autóctonas.

Antes de los gatos, fue el turno de los koalas

El Gobierno de Australia ha decidido que ya tiene demasiados animales sedientos de sangre como para permitir que una especie invasora termine con las más pacíficas. Y por eso, tiene la intención de matar a los gatos salvajes. Como es lógico, hay detractores por doquier. El último fue Morrissey, legendario vegetariano y amigo de las cosas bonitas del universo, pero no el único. Entre las voces célebres que denunciaron la falta de moral del gobierno también se incluyó Brigitte Bardot.

Gato Salvaje Dos

Hasta aquí todo más o menos normal, habida cuenta de que estamos hablando de Australia. Lo sensacional sucedió ayer, cuando el gobierno australiano (en concreto, Gregory Andrews, comisario para las especies amenazadas) respondió con una carta oficial a las airadas quejas de Morrissey y Bardot. En la misiva, colgada en la web pública del ministerio, Andrews defiende su postura sobre supuestos que van desde la preservación de la fauna tradicional australiana hasta el método para frenar a los gatos (venenos, trampas, etcéteras) como única salida posible.

Australia ya vivió una situación parecida con los koalas, cuya sobrepoblación perjudicaba a los árboles locales y provocaba que muchos koalas murieran de inanición

Lo cierto es que Australia tiene cierta experiencia organizando matanzas masivas de animales considerados peligrosos. El caso más célebre es el de los koalas, adorables marsupiales trepadores de árboles que sufrieron la ira de las autoridades australianas cuando comenzaron a reproducirse con más frecuencia de la debida. Al parecer, el daño que se causaban a sí mismos era insostenible e inaceptable. Y Australia optó por aplicar la justicia del modo más australiano posible.

A lo grande. Según algunos informes, el gobierno mató a alrededor de 700 ejemplares en distintos puntos del país con el objetivo de aliviar la sobreabundancia de koalas. Se hizo de forma secreta, aunque se supiera más tarde (los australianos aman a los koalas, como es comprensible). El principal problema era que la población de koalas superaba con mucho el alimento disponible en su hábitat. Como consecuencia, muchos de los koalas morían de hambre. El gobierno trató de controlar la situación esterilizando y practicando la eutanasia a muchos ejemplares.

Koala

De forma paralela, además, los koalas terminaban con los eucaliptos australianos. El país siempre había debatido la posibilidad, del mismo modo que se plantea ahora hacer lo propio con los gatos salvajes (a mayor escala: no importan a nadie y son especies invasoras), pero, en teoría, nunca lo había llevado a la práctica. Los defensores de los koalas argumentan que la culpa no es suya, sino de los propios humanos que ocuparon su hábitat con ovejas y tierras de cultivo.

La oposición a la matanza de gatos

Es el mismo argumento que defienden algunos conservacionistas para oponerse a la campaña del gobierno. Este largo pero muy interesante artículo de The Conversation defiende una postura entre dos aguas para solucionar el problema. Lo ha escrito William Lynn, investigador en Política Pública y Ética de la Universidad de Clark (Massachusetts, Estados Unidos).

Como es lógico, hay argumentos tanto a favor como en contra de terminar con los gatos salvajes por la vía más drástica. Es complicado incluso calcular cuántos hay: nadie lo sabe con exactitud (hay quien los cifra en 20 millones)

Según Lynn, uno de los principales problemas a la hora de determinar qué medidas aplicar para frenar el sin duda nocivo efecto de los gatos salvajes invasores en la fauna australiana es que es complicado determinar su número. Los estudios sólo son orientativos, e incluso aquellos más fervientes defensores de la solución final (ejem) admiten que sus cifras (alrededor de 20 millones de felinos) son sólo estimaciones. Este mapa muestra en qué lugares se concentrarían en abundancia.

Gatos Australia

Estados Unidos se ha enfrentado a idénticos problemas y al mismo debate. En el fondo, existen dos posturas enfrentadas sobre las que rota la conversación. Por un lado, aquellos que consideran que el ser humano ha de tratar de conservar la tierra tal y como era en origen, y de revertir los cambios ocasionados por el ser humano en continentes como el americano o el australiano. Desde este punto de vista, matar a dos millones de gatos estaría justificado: habría que proteger la fauna local.

Quienes defienden la inviabilidad de la decisión del Gobierno de Australia lo hacen, en parte, basándose en la dimensión también moral de los gatos salvajes

Por otro, aquellos que, como Lynn, defienden la dimensión moral y ética de los animales. Es cierto que están causando daño a la fauna local australiana, pero también lo es que es inevitable no dejar de lado el valor intrínseco de todos los seres vivos del planeta. Puede que los gatos salvajes sean un problema, pero matarlos no es una solución. En su lugar, proponen medidas menos agresivas (utilizando soluciones letales sólo en casos inevitbales) y, ante todo, reflexionar sobre la responsabilidad del ser humano en el proceso. Los gatos son víctimas.

Víctimas, claro, del ser humano, cuya culpabilidad última es el origen del desfase faunístico que están provocando. En cualquier caso, está por ver que Australia termine aplicando su programa para acabar con los gatos no domesticados. Lo haga o no, siempre tendrá por delante una tarea compleja y de difícil ejecución, y sin duda se enfrentará a la oposición de una amplia parte de la opinión pública. Hasta entonces, los gatos, los animales favoritos de la red, continuarán campando a sus anchas.

Imagen | Seabamirum, Tanner Ford

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