Los bancos están preocupados por la educación financiera de los jóvenes. Así que se están metiendo en las escuelas

Los bancos están preocupados por la educación financiera de los jóvenes. Así que se están metiendo en las escuelas
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Tanto una noticia de abril como una columna de opinión de julio en Cinco Días dan la medida en que el ámbito financiero está preocupado por el nivel educativo en esta materia por parte de los españoles. Nos dan datos como que “más de un tercio” de los consultados en una encuesta no cuenta con “nociones básicas necesarias para gestionar adecuadamente su economía personal y su patrimonio”. También nos cuentan que una alianza entre CNMV, Banco de España y el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital ya ha logrado un acuerdo para implementar un plan de educación financiera a integrar en primaria y secundaria, a ser posible para este mismo año.

Se lamentan, entre otras cosas, del bajo nivel de inversión en la bolsa de los ciudadanos, cosa que tal vez podría subsanarse con esos cursos. No hay más detalles de la modificación de la Ley Orgánica de Educación, pero sí se explica que quien está detrás de la mayoría de cursos en educación financiera en activo ahora mismo son grandes grupos como Santander o BBVA u otro tipo de organizaciones con respaldo bancario.

Un fenómeno compartido. Es fácil encontrarse artículos de los últimos dos años sobre una preocupación similar en el mundo anglosajón. Aquí, en un editorial, Financial Times habla en similares términos del analfabetismo de su población acerca de los instrumentos financieros disponibles (curiosamente, y según la misma encuesta internacional que nos ponía a nosotros a la cola del ranking, contaba que los británicos están a la cabeza de formación a este respecto). Indican que los nuevos meme stonks, los bizums o los Tiktok sobre finanzas pueden suscitar impresiones erróneas entre los jóvenes, y por eso animan a público e instituciones a que se informen sobre las ventajas de su nueva organización subsidiaria del FT sobre educación financiera.

Lo de EEUU. Al igual que en Reino Unido o España, otros medios como Forbes, CNN, Morning Star o Think Advisor también se han hecho eco del mismo catastrofismo sobre el nivel de conocimiento de los ciudadanos estadounidenses. Este de Fortune es de esta misma semana. En él descubrimos que, en 2021, 25 estados han firmado leyes para incluir planes de educación en finanzas personales a sus planes de estudios de primaria y secundaria. Como ninguna de estas legislaciones lleva asociado un presupuesto para cubrir esa formación, el reportaje analiza quién está dando el servicio, en todos los casos el sector privado (Citizens Bank, Comerica, Edward Jones… o iniciativas como OHFLA, dirigida por el CEO de Walmart, Doug McMillon). Algunas de estas compañías llegan a contratar a raperos para ser la imagen de sus cursos.

Son materias impartidas de forma altruista, aunque, según el columnista, presidente de una compañía de desarrollo de software para colegios, “serán colaboraciones muy interesantes para impulsar el acceso al big data” para las empresas participantes. Se trata sólo de la punta del iceberg del reciente boom de la industria de los cursillos de finanzas que también está llegando masivamente a la formación de los trabajadores de distintas empresas (parece que hay una competición por ver quién llega a una masa más grande de receptores de cursos) o, a otro nivel, a través de redes sociales, centrado sobre todo en el mundo cripto.

Una pérdida de tiempo. Así lo definen los periodistas de Axios, que han recogido otra versión más pesimista del fenómeno. Según los resultados de un metaanálisis de 169 artículos y 201 estudios sobre el tema de 2014 que ellos comparten, “las intervenciones para mejorar la educación financiera sólo explican el 0.1% de la variación en los comportamientos financieros estudiados", una relación que es, según los investigadores, aún más débil para los estudiantes de bajos ingresos. Otro metanálisis cuantitativo más reciente con 37 experimentos sí encuentra un impacto “significativo” en el nivel de conocimiento financiero, pero un efecto “pequeño” en los cambios de comportamiento posterior de los evaluados.

Según una profesora en Derecho entrevistada por Axios, que confirma que en sus investigaciones tampoco ha encontrado una utilidad ciudadana para estos cursos, un objetivo de estas compañías para acercarse a los adolescentes podría ser lo fácil que es impresionarles y conseguir adhesión de marca a los instrumentos que ellos ofrecen. Márketing.

Ironía. En una pieza para The Washington Post escrita por un director de un centro de investigación de servicios financieros para hogares pobres, se dice que el hecho de “que los colegios gasten recursos en forma de tiempo del alumnado en enseñanza financiera es en sí misma la peor decisión financiera que nadie podría tomar en esa posición”. Educar, en el sentido de transmitir información, es inútil, según los estudios que él comparte, a la hora de cambiar los comportamientos de la gente, que son la verdadera raíz del problema del mal comportamiento financiero de las personas.

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