Una batalla política: qué hay tras la suspensión de la vacuna de AstraZeneca en toda Europa

Una batalla política: qué hay tras la suspensión de la vacuna de AstraZeneca en toda Europa
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Todo lo que podía salir mal en la campaña de vacunación europea ha salido mal. ¿Un comienzo dubitativo y retrasado fruto de las cortapisas regulatorias que otros países, como Reino Unido y Estados Unidos, se han ahorrado? Check. ¿Un retraso en la entrega de las dosis que ha obligado a ralentizar las pautas de vacunación completas? Check. ¿Una agria disputa con tu principal proveedor de dosis y la paralización de envíos transfronterizos? Check. Pero no se acaba aquí.

El problema. Esta semana asistimos a la traca final. ¿Una crisis reputacional para la vacuna por la que has apostado y la parálisis de un día para otro de millones de administraciones? Check, check, check. Es la noticia de la semana y probablemente de la primavera: el grueso de estados europeos ha suspendido su campaña de vacunación con AstraZeneca por temor a sus efectos secundarios. La disputa, explicada aquí por Xataka, rota en torno a un puñado de casos por trombosis múltiple.

El fondo. La magnitud del problema queda condensada en una cifra: sólo en España hay 940.000 personas vacunadas con la primera dosis de AstraZenca y a la espera de la segunda, casi un sexto del total de dosis administradas. El Ministerio de Sanidad ha paralizado las inyecciones durante quince días. Es improbable que alguna de ellas quede sin la pauta completa, pero la decisión, unánime ya entre los principales estados europeos excepto Reino Unido, sí amenaza con retrasar y ralentizar aún más las nuevas primeras dosis. Es, por tanto, un movimiento de graves implicaciones.

El jaleo. La evidencia científica debe ser sólida, ¿verdad? No demasiado. Hay una enorme disputa en torno a la gravedad de las cifras comunicadas por los organismos independientes de los estados europeos. Reino Unido, por ejemplo, ha administrado más de 11.000.000 sin que el número de trombosis relacionadas supere al de la población general en tiempos normales. A esta hora, la Agencia Europa del Medicamento y la Organización Mundial de la Salud siguen recomendando vacunar con AstraZeneca y no ven motivos para el alarmismo.

Dicho de otro modo: consideran que los casos de trombosis detectados entran dentro de lo ordinario y que no pueden ser directamente vinculados a la vacuna. La opinión de AEM y de múltiples expertos es que los beneficios de utilizar la vacuna superan y con mucho a los potenciales riesgos asociados a su administración. No es de la misma opinión el Instituto Paul-Ehrlich, cuya asesoría ha sido clave en la decisión de Alemania: tanto sus cifras como la gravedad de los síntomas son lo suficientemente preocupantes como para activar el principio de precaución.

De fondo. Si todo rota en torno a un lote específico, la incertidumbre sobre los riesgos es tan alta y Europa se juega tantas cosas en la campaña de vacunación, ¿por qué tomar decisiones tan drásticas? Hay que entender que la decisión de paralizar la campaña no es "sanitaria" sino "política". Como explica un experto consultado por la BBC en este reportaje, "el problema de AstraZeneca no es tanto científico como de relaciones públicas". Y esto lleva siendo así desde prácticamente el primer día.

Muy de fondo. Recordemos: España y otros países no estaban administrando ya la vacuna de AstraZeneca a los mayores de 55 años por sus dubitativos ensayos clínicos. Fue el primer escollo de una relación que nació trastabillada. La Comisión Europea apostó por su proyecto con una inversión de €330 millones para tener vacunas suficientes durante la primera mitad del año. En enero la farmacéutica incumplió su parte del acuerdo: de las 80 millones de dosis sólo entregaría 30 millones, un 60% menos. Lo que causó una tormenta política en Europa.

La UE había apostado por AstraZeneca. Y la apuesta le había salido mal. La guerra mediática resultante dañó la reputación de la farmacéutica británica, agrió las relaciones entre el bloque y Reino Unido... Y generó un escepticismo popular agudo. Ya en febrero eran miles los alemanes que se negaban a recibir dosis de AstraZeneca. La tensión llegó a tal punto que Italia, temerosa de que la farmacéutica estuviera vendiendo vacunas a terceros países mientras incumplía lo acordado con Europa, paralizó la salida de un barco cargado de dosis en dirección a Australia.

¿Venganza? La Comisión ha tratado desde entonces de neutralizar su dependencia con AstraZeneca. Casualidad o no, Ursulan von der Leyden ha anunciado hoy mismo un acuerdo con Pfizer para extender en 10 millones de dosis las entregas previstas para el segundo cuatrimestre del año (lindantes en las 200 millones de dosis). Y casualidad o no de nuevo, la Agencia Europa del Medicamento dio su visto bueno a la distribución de la vacuna de Janssen (Johnson & Johnson) hace cinco días.

El riesgo. Es decir, la enésima caída en desgracia de AstraZeneca coincide con la UE encontrando alternativas (la siguiente en el horizonte: Sputik). Todos los países observan en J&J un halo de esperanza para remontar sus aún discretos porcentajes de vacunación, y esto ha podido jugar un papel en el principio de muchísima precaución aplicado a AstraZeneca. El problema, como cuenta aquí Politico, es que ninguno de ellos recibirá cargamentos de Janssen hasta mediados de abril.

¿Obedece la suspensión de la vacuna de AstraZeneca a una maquiavélica estrategia por parte de los países europeos? No. Pero sí han confluido una serie de factores, desconfianza mutua entre ellos, para que adopten una medida radical. El grave problema: todos los gobiernos han enviado un mensaje de escepticismo y alarma en torno a las vacunas que quizá no han calibrado en su totalidad. No vacunar equivale a más personas muriendo; pero también a un mayor escepticismo y a dañar una campaña de vacunación que ha salido mal desde el primer día.

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