En su búsqueda de mejores pronósticos la meteorología se ha convertido en un negocio millonario. Y hay empresas apostando fuerte

En su búsqueda de mejores pronósticos la meteorología se ha convertido en un negocio millonario. Y hay empresas apostando fuerte
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No importa que vivas en Vigo, Murcia o Tokio, que seas ingeniero o dependiente en una tienda de zapatillas deportivas. Lo más probable es que al menos un par de veces a la semana eches un ojo a la predicción meteorológica para cuestiones tan rutinarias como decidir qué ropa sacas del armario o si el sábado podrás disfrutar de ese curso de escalada que reservaste hace un mes. Te interesa a ti, a mí, al vecino del quinto y también, y mucho, a las empresas e instituciones, a las que anticiparse a tormentas o fuertes nevadas puede ahorrarles más de un quebradero de cabeza… y dinero.

Así las cosas no extraña que la meteorología, un campo dominado habitualmente por agencias gubernamentales, haya captado el interés de empresas privadas dispuestas a desplegar su mejor tecnología. Todo con el propósito de lograr pronósticos lo más precisos posible.

¿El negocio de la meteorología? Sí. Y uno muy interesante. Si tenemos en cuenta que hay sectores como la aviación, la minería a cielo abierto o la construcción, entre un largo etcétera, que dependen en gran medida del parte meteorológico no sorprende que la capacidad para trazarlos de la forma más precisa posible resulte un negocio jugoso. Una empresa de logística y transportes, por ejemplo, se juega mucho anticipándose a una tormenta. Los datos sobre el clima son también importantes para las compañías aseguradoras a la hora de valorar posibles riesgos.

Un informe publicado en junio de 2017 por la agencia estadounidense National Weather Service (NWS) calculaba que estaba proporcionando la base para permitir que las empresas logren un valor económico derivado de su conocimiento que rondaba los 13.000 millones de dólares. El análisis iba incluso más allá y señalaba “una próspera industria meteorológica privada” con un valor de mercado estimado en unos 7.000 millones. "Se estima que entre el tres y el seis por ciento de la variabilidad del PIB estadounidense puede atribuirse a la meteorología", abunda, a modo de ejemplo.

Un sector con una inversión millonaria. El potencial es lo suficientemente atractivo como para haber animado la inversión. The Washington Post señala en un extenso reportaje sobre el tema que las start-ups están haciéndose con “miles de millones de dólares” en financiación destinada a lograr mejores datos para sus modelos meteorológicos. En septiembre la plataforma Crunchbase ahondaba en esa misma idea con otra pincelada: una lista de 23 empresas con modelos comerciales centrados en el clima que habían logrado recaudar unos 880 millones de dólares desde el año anterior.

En su cálculo entraban operadores de redes satelitales, empresas que ofrecen recursos de pago para reaseguros, servicios de pronóstico y análisis orientados a compañías. No hace falta irse al otro lado del Atlántico para encontrar empresas interesadas en el sector. En España hay compañías como Meteored o Meteosim, “especializada en servicios meteorológicos y medioambientales” centrada en la calidad del aire, el cambio climático, la gestión de riesgos y los estudios oceánicos.

Y para muestra un botón. Uno o unos cuantos. Tanto Crunchbase como The Washington Post enumeran varias empresas que han logrado captar fondos en el sector. Una de las más conocidas es Saildrone, con sede en California y que en septiembre de 2022 había captar 190 millones de dólares para sus drones marinos. La compañía destaca por sus vehículos autónomos, que recopilan datos para aplicaciones climáticas, cartográficas y de seguridad marítima. Gracias a sus observaciones meteorológicas oceánicas ayuda a mapear tormentas y ya ha captado el interés de la mismísima NOAA, la agencia de EEUU encargada de monitorear los océanos o la atmósfera.

Otras empresas interesante es Tomorrow.io, lanzada en 2016, que también ha logrado una recaudación notable y echa mano algoritmos de pronóstico patentados y datos de carácter tanto público como privado. TWP apunta que la compañía se prepara para lanzar una veintena de satélites con los que espera mejorar su recolección de datos. Entre sus clientes están la propia Fuerza Aérea de los EEUU y sus recomendaciones pueden ayudar a aerolíneas o empresas logísticas a mejorar su respuesta a las inclemencias meteorológicas. Hay otras firmas, como Spire Flobal o GeoOptics.

La importancia del contexto. El afán por anticiparse a las borrascas, nevadas y tormentas no es nuevo —ahí está el refranero—, pero el cambio climático y los fenómenos extremos lo ha vuelto aún si cabe más apremiante. Su saldo se puede medir al fin y al cabo en vidas y recursos. Echar mano de informes sirve de nuevo para hacerse una idea aproximada: en 2021 la Organización Meteorológica Mundial aseguraba que durante el último medio siglo el número de desastres se había multiplicado por cinco “impulsado por el cambio climático y la mayor frecuencia de fenómenos extremos”.

En cuanto a su balance, la consultora Aon concluye que el coste derivado de fenómenos meteorológicos ascendió en 2021 a alrededor de 329.000 millones de dólares. Otro informe, de Munich RE, apuntaba que en 2021 las tormentas, inundaciones, incendios forestales y terremotos destruyeron activos por valor de 280.000 millones, más que en los ejercicios pasados.

Un empeño no exento de riesgos. En su búsqueda de pronósticos más precisos las empresas aspiran a lograr mejores datos para sus modelos, recurriendo a satélites, drones, machine learning o inteligencia artificial (IA). El empeño para ir más allá de lo que ya aportan las agencias y un escenario marcado por la prevalencia de dos grandes modelos meteorológicos —el GFS y el empleado por el ECMWF— no es sin embargo tarea sencilla. Expertos como Andrew Blum animan de hecho a la “cautela” al valorar las afirmaciones de las empresas emergentes y sus capacidades.

Imagen de portada: Egor Gordeev (Unsplash)

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