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Cien coches quemados en una semana: Suecia está sufriendo una ola de violencia e inseguridad sin precedentes

Cien coches quemados en una semana: Suecia está sufriendo una ola de violencia e inseguridad sin precedentes
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Esta semana, más de 100 vehículos han ardido en Suecia. No es un caso aislado, desde hace meses, la oleada de crímenes violentos e inseguridad que están sufriendo ha creado una profunda alarma social en el país. Una alarma que ha desembocado en un debate abierto sobre los problemas de la inmigración y la incapacidad de las políticas progresistas para hacerle frente.

Precisamente ese debate es el que ha trascendido al resto del mundo: coches quemados, muertes por armas semiautomáticas y granadas de mano, zonas donde supuestamente la policía no se atreve a entrar... para muchos, el país escandinavo ha dejado de ser el 'modelo social' por antonomasia para convertirse, sencillamente, en un fracaso institucional y político. Sin embargo, la información que nos llega es parcial, confusa y está poco contextualizada, ¿Qué está pasando realmente en Suecia?

¿Qué ha pasado esta semana? La noche del 13 de agosto sobre las nueve de la noche, varios coches comenzaron a arder en la plaza principal de Vastra Frodula, un suburbio de Gotemburgo, la segunda ciudad de Suecia. Minutos más tarde aparecieron incendios en otros dos o tres distritos de la ciudad. La noche se saldó con más de medio centenar de coches calcinados y varios centenares de ellos dañados.

Detenciones, incógnitas y teorías populares El mismo martes 14 la policía detuvo a tres jóvenes (uno de ellos en Turquía) como responsables directos. Sin embargo, la misma policía sueca reconocía a los medios internacionales que no tenía muy claro qué estaba pasando. Con el ataque coordinado por redes sociales como hipótesis de trabajo, la alarma social no ha hecho sino alimentar las teorías poco fundamentadas que van desde la injerencia rusa a la conexión directa con la crisis de los refugiados.

Vuelven los incendios: De hecho, se ha vuelto algo relativamente común en los países nórdicos. “En promedio, hay cuatro incidentes por día en Suecia y en agosto es el mes con mayor cantidad de autos incendiados” explicaba Manne Gerell, criminólogo de la Universidad de Malmö. En el verano de 2016, en esa ciudad, hubo más de 70 incendios provocados. Una oleada que provocó una crisis social bastante importante en todo el país.

El caso sueco. Lo que más descoloca a policías y expertos es que, pese a que las quemas de coches son un mecanismo relativamente usual de ‘expresión de malestar social’ (como ocurrió, por ejemplo, en los banlieues franceses), suelen ir acompañados de disturbios y otros tipos de protestar. Eso no está ocurriendo en Suecia: no pasó en Manlö en 2016, no ha pasado ahora en Gotemburgo.

La violencia cambia En cambio, en lo que llevamos de siglo, Suecia ha vivido un crecimiento muy importante de la violencia con armas. No hay disturbios y las cifras de homicidios permanecen bajas (o, incluso, decrecen), pero las muertes con arma de fuego son cada vez más comunes. Al principio, esa violencia estuvo muy concentrada en barrios marcados “por el crimen, la desigualdad social y la inseguridad”; pero, en los últimos años, está rebasando las fronteras de esos barrios y, sobre todo, se está haciendo más intensa.

Bandas criminales Hay dos factores fundamentales que explican este repunte. El primero es la aparición de un ecosistema de bandas sueco en pleno desarrollo que ha cambiado radicalmente no solo las redes criminales tradicionales del país nórdico, sino de los delitos en general. Lejos de ser un fenómeno aislado, es parte de un problema transversal en toda Europa (las 'eurobandas'), pero en el caso sueco el problema ha sido especialmente serio para los mandos policiales y las respuestas operativas han tenido poco éxito.

El puente de Oresund Además del crecimiento de las bandas (y vinculado a ellas), hay un factor que parece estar detrás del aumento de la violencia de las bandas: la apertura del Puente de Oresund en el año 2000. Las autoridades suecas no estaban preparadas para gestionar una conexión abierta por carretera con el continente. Tanto es así, que el puente se ha convertido en una importante vía de entrada de armas y drogas en el país. Algo que ha desestabilizado el statu quo sueco facilitando una escalada de violencia entre bandas.

Fuera de juego. Esa falta de preparación no era solo policial, también legislativa: hasta 2017, las ‘granadas de mano’ no eran consideradas ‘armas’, eran consideradas ‘productos inflamables’. Y ese cambio se produjo porque en 2015 se incautaron 45 granadas y otras 10 fueron detonadas. Y al año siguiente, 55 fueron capturados y 35 detonadas. En 2017, gracias a los esfuerzos policiales y al cambio legal, se produjo una modesta disminución y se incautaron 39 y se detonaron 21.

¿Es un problema de inmigración? Solo parcialmente. Este parece ser uno de los grandes debates públicos de los últimos años y no hace más que intensificarse con la cercanía de las elecciones. Según los datos que maneja la policía sueca, en torno a un 24% de las personas envueltas en violencia vinculadas a las bandas son ‘étnicamente’ suecas y un 42% ha nacido en el país. Por eso, la policía suele hablar de un problema de integración social que va más allá de migrantes y refugiados.

Elecciones en septiembre. Lo que está claro es que este tema se va a convertir en uno de los grandes temas de las elecciones de Septiembre. Las encuestas dibujan el fin de la hegemonía del partido socialdemócrata (con menos del 25% de los votos) y señalan una irrupción de la extrema derecha con hasta el 20% de los votos. Todo eso en medio de un parlamento muy fracturado donde el partido más votado seguirían siendo los socialdemócratas.

Imagen: Telefonkiosk - Disturbios de Husby, Estocolmo (2013)

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