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Creemos que hay más inmigrantes de los que realmente hay. Y eso nos pone contra las ayudas sociales

Creemos que hay más inmigrantes de los que realmente hay. Y eso nos pone contra las ayudas sociales
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La cuestión migratoria ha dominado la política europea durante las últimas dos décadas, y es probable que lo siga haciendo durante la próxima. En un plazo relativamente corto de tiempo, países antaño homogéneos se han vuelto más diversos. Una transformación no exenta de tensiones. El sentimiento anti-migratorio y xenófobo ha crecido. Y con él, un mayor recelo hacia las políticas redistributivas.

El estudio. Es lo que ilustra una reciente investigación sobre percepciones públicas en materia migratoria. Su conclusión es inquietante: europeos y estadounidenses creen que hay más inmigrantes residiendo en su país de los que realmente hay, pero no sólo eso, también los juzgan menos educados, menos capacitados y más dependientes de las subvenciones públicas de lo que realmente son. Lo que alimenta percepciones xenófobas.

Cifras. Es algo que sabemos desde hace cierto tiempo. El año pasado, una encuesta internacional arrojaba algo de luz estadística: los italianos creen que la inmigración representa el 25% de la población del país, cuando no supera el 10%; los franceses, en torno al 28%, cuando está por debajo del 12%; y los británicos, por encima del 30%, cuando el porcentaje real se queda en el 13%.

El ejemplo más extremo es el estadounidense: sus encuestados calcularon un 35% de inmigración sobre el total, cuando no supera el 15%.

Prejuicios. Lo mismo vale para el estatus que proyectamos sobre los migrantes. Los alemanes creen que más del 40% de los extranjeros residentes no tiene empleo, cuando el porcentaje está por debajo del 10%. Mientras tanto, en torno al 25% de los franceses consideran que los inmigrantes reciben el doble de ayudas que los nativos; cifra que se reduce al 17%-18% par Italia y Suecia.

Los juzgamos más pobres y más dependientes de los servicios sociales de lo que son.

Inmigrantes Percibidpos En todos los países la percepción del volumen de inmigrantes es mucho mayor al número real. (Alesina, Miano y Stantcheva, 2019)

Efectos. Esto tiene consecuencias en nuestras preferencias sobre la redistribución de la riqueza. Diversos estudios han ilustrado cómo hay un fuerte componente étnico-racial en el apoyo a las subvenciones y a los subsidios para los más desfavorecidos. En Estados Unidos, los blancos tienden a apoyar programas cuando la mayoría de receptores son blancos, y no negros, percibidos como más vagos y menos merecedores.

En Suecia o Alemania se han dado casos similares, minusvalorando, en el camino, el volumen de inmigrantes blancos o cristianos.

Menos ayudas. El apoyo a las ayudas públicas suele depender de nuestra percepción del número de "polizones", es decir, de personas que se aprovechan del subsidio para no trabajar. Al identificar un mayor porcentaje de "polizones" entre los migrantes, cuando la población extranjera aumenta el escepticismo respecto a la redistribución pública también lo hace.

Esto es especialmente cierto, como el estudio señala, entre quienes tienen menor nivel educativo, están ocupados en sectores donde los trabajadores inmigrantes compiten con ellos o tienen afinidad por la extrema derecha.

Consecuencias. ¿Resultado? Hay quien ha entrevisto en los estados europeos de posguerra, tan generosos en sus políticas redistributivas, nada más que sociedades homogéneas. Cuando llegó la inmigración, el apoyo a las medidas sociales decreció. En EEUU, un efecto sería la "fuga blanca" de los años '30 y '50, cuando la clase media blanca se trasladó a la periferia de las ciudades en busca de espacios más homogéneos.

El objetivo no era sólo crear barrios blancos y ricos, sino asegurar que los impuestos se destinaran a servicios más afines a sus intereses y no tanto a bolsas de población pobre (y negra). Es decir, reducir la redistribución de rentas, indeseable por las percepciones sobre otros grupos étnicos.

¿Tiene solución? La respuesta a esta pregunta siempre había sido: "Estar más informado". Pero no es suficiente. El trabajo pone de manifiesto algo que hemos comentado en alguna ocasión a cuenta de las noticias falsas y los bulos: los datos sólo se amoldan a los sesgos. O como expresa Derek Thompson, periodista en The Atlantic: "La ideología conduce el coche, la información sólo hace autoestop durante un rato".

Imagen: Arturo Rodríguez/AP

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