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Si creías que tus políticos eran corruptos es porque aún no conoces a los de Río de Janeiro

Si creías que tus políticos eran corruptos es porque aún no conoces a los de Río de Janeiro
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Brasil vive tiempos convulsos. La elección de Jair Bolsonaro estuvo motivada, en gran medida, por los numerosos casos de corrpución que salpicaron al gobierno saliente, controlado por el Partido de los Trabajadores. El principal, el escándalo Lava Jato, puso de manifiesto el gigantesco entramado corrupto organizado por las élites políticas. Su magnitud resulta insoslayable incluso en Brasil, un país acostumbrado a la corrupción.

Y de qué modo.

Río, el paroxismo. Ningún estado (Brasil es un estado federal) lo representa de mejor modo que Río de Janeiro. Hoy mismo la policía ha detenido a su gobernador, Luiz Fernando Pezao, del MDB. La fiscalía le acusa de haber repartido más de diez millones de dólares en sobornos entre 2007 y 2018. Durante ese tiempo, Pezao ejerció primero como vicegobernador y más tarde (desde 2014) como gobernador. Pasará la noche en prisión.

Todo lo demás. ¿Un pequeño borrón en el historial de tan honorable estado? En absoluto. Todos los gobernadores electos de Río de Janeiro desde 1998 (y van cuatro) han sido arrestados. Todos los presidentes de la Asamblea Legislativa estatal desde 1995 han seguido sus pasos. En la actualidad el 14% de los diputados regionales duermen entre rejas (10 de 70). Cinco de los seis consejeros del Tribunal de Cuentas les acompañan.

Se suele decir, y es cierto, que en política muchos representantes honestos pagan por las acciones de unos pocos corruptos. En Río de Janeiro es literalmente al revés.

Lava Jato. La detención de Pezao se comprende mejor en el contexto del escándalo Lava Jato, una compleja red de sobornos, tratos de favor y corruptelas variadas (a través de Petrobras, la petrolera semipública, y en colaboración con centenares de empresarios de la construcción) que habría detraído más de 9.000 millones de dólares del erario público. Todo ello bajo el mandato del PT y de Lula da Silva, hoy en la cárcel.

Algunos medios lo han bautizado como el escándalo de corrupción más grande de la historia.

El resentimiento. Lo acontecido y desvelado en Brasil durante los últimos cuatro años ha superado cualquier tipo de estándar. La oposición ha utilizado la coyuntura para armar una coalición electoral de clase media y alta, muy resentida por las políticas redistributivas del PT. El resultado ha sido Bolsonaro: un populista, ultraderechista y apologeta de la dictadura que ha colocado a Brasil a la vanguardia del movimiento autoritarista.

En gran medida, su elección bebe de los casos de corrupción que han lamidado al PT . Y, a nivel más global, de una élite política enfanganada en centenares de escándalos, transversales y desplegados durante décadas. Como atestigua Río.

Imagen: Roberto Stuckert Filho/PR

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