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Decathlon quería sacar una línea de hijabs deportivos para mujeres musulmanas. Francia ha dicho no

Decathlon quería sacar una línea de hijabs deportivos para mujeres musulmanas. Francia ha dicho no
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En Francia el secularismo no es una tradición política: es cultura de estado. De ahí que cualquier cuestión relacionada con los símbolos religiosos o la presencia de elementos clericales en la esfera pública se acompañe de agitadas polémicas. El hijab es el ejemplo más evidente, como bien acaba de descubrir Decathlon. La firma deportiva quería lanzar una línea de hijabs deportivos para mujeres musulmanas. Ante la reacción mediática, la ha retirado.

La idea original. Primero, por lógica de mercado: Francia acoge a más de seis millones de musulmanes. Muchas de ellas llevan velo, y practican deporte. La idea de un hijab deportivo ni siquiera es revolucionaria: Nike ha presumido de prendas similares en el pasado, también en Francia, y la propia Decathlon va a comercializar productos idénticos en medio centenar de países. Sin embargo, su anuncio se vio acompañado de graves reacciones políticas.

El escándalo. Numerosas figuras políticas, alarmadas por la simbología patriarcal adherida al hijab, censuraron la campaña en público. La ministra de Sanidad, Agnès Buzyn, declaró: "Es una visión de la mujer que no comparto. Preferiría que una marca francesa no promoviera el velo". La portavoz de Emmanuel Macron, Aurore Bergé, realizó declaraciones similares. La polémica se multiplicó en redes y medios, generando una tormenta mediática perfecta para Decathlon.

En última instancia, la marca llegó a una conclusión: perdía mucho más de lo que ganaba lanzando la prenda. Así que la retiró.

Antecedentes. No es la primera vez que algo semejante sucede en Francia. La clase política e intelectual del país protege con celo su integridad secular. El año pasado, una campaña estadounidense de Gap en la que aparecía una niña con hijab causó otro estruendo en los mentideros mediáticos franceses. Pese a que el anuncio se dirigía al público estadounidense, incluso el embajador francés en Washington mostró su crítica a la marca.

¿Por qué? La cultura política francesa es laica y anticlerical. Lleva siendo así desde la III República. Sus orígenes beben de las ideas ilustradas y revolucionarias que también calaron el resto de Europa. El secularismo era una herramienta para erradicar siglos de dominación educativa y social católica. La llegada de migrantes musulmanes en la segunda mitad del s. XX provocó un conflicto ideológico y cultural que Francia aún no ha sabido resolver.

Desde 2004, el hijab o cualquier otro tipo de prenda religiosa está prohibido en los edificios públicos. Hace algunos años, las autoridades comenzaron a multar a las mujeres que llevaran burquini en las playas. En Francia la prenda no es símbolo de libertad personal, sino de imposición y coerción religiosa.

El problema. La posición del estado francés es conflictiva. Numerosos críticos argumentan que su obsesión por la laicidad ha estigmatizado a las mujeres musulmanas, fomentando su discriminación y no asimilación. Otros consideran que bajo el secularismo tan sólo se esconde simple y llana xenofobia. Es un caldo de cultivo perfecto para que proliferen opciones políticas extremistas. Marine Le Pen ha hecho de la laicidad su arma perfecta para filtrar ideas anti-musulmanas.

Es un contraste gigantesco con Estados Unidos. En Europa, sin embargo, son muchos los países que han limitado el uso del hijab en espacios públicos. En todos los países musulmanes es normativo. Mientras que en algunos, como Irán, las mujeres siguen luchando por desprenderse de él.

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