Disturbios y centros de PCR en llamas: las protestas anticonfinamiento saltan de nivel en Países Bajos

Disturbios y centros de PCR en llamas: las protestas anticonfinamiento saltan de nivel en Países Bajos
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Desde el inicio de la epidemia tanto epidemiólogos como sociólogos advirtieron del riesgo de "cansancio" frente a las restricciones, en especial si los confinamientos se extendían a lo largo del verano. La posibilidad de un creciente descontento, sumado a un mejor conocimiento de los patrones de transmisión, provocó que las medidas de los gobiernos europeos se relajaran. O al menos se modularan. En plena tercera ola y ante el recrudecimiento de los contagios, esa tendencia se ha acabado.

Y con ella, al parecer, la paciencia de algunos.

Los disturbios. Se han registrado en Países Bajos, un país acostumbrado ya a pequeñas movilizaciones de dispar intensidad en contra de las restricciones. Miles de personas se enfrentaron a la policía, prendieron fuego a coches y mobiliario urbano y saquearon algunas tiendas en varias ciudades del país. La razón, la inminente aplicación de un nuevo toque de queda, en esta ocasión a las 20:30, y la limitación de reuniones sociales y familiares a una persona no conviviente por día.

Las imágenes hablan por sí solas.

Que arda todo. No hablamos de pequeñas manifestaciones ni puntuales actos de desobediencia, sino de altercados violentos y disturbios graves. En las protestas participaron tanto jóvenes descontentos con las restricciones como negacionistas de la pandemia. En Urk, una pequeña localidad al norte del país, estos últimos llevaron la jornada a otro nivel tras prender fuego a un centro de pruebas PCR. En Ámsterdam la policía tuvo que dispersar a las multitudes con cargas y lanzamiento de gas. Los manifestantes lanzaron objetos y montaron barricadas con bicicletas.

Es un salto cualitativo y cuantitativo.

Enfado. Los daños materiales y el saldo de detenidos (más de dos centenares) evidencia la agitación con la que algunos sectores sociales viven la epidemia diez meses después. "Tenemos un gobierno provisional y el debate político se está calentando, con elecciones en marzo", razona un periodista holandés en DW. "Cada vez hay más severidad, y la gente está decepcionada por cómo las cosas se están prolongando durante mucho tiempo, con la persistencia del coronavirus y por cómo el país no lo está haciendo bien con las vacunas", añade.

Oleada. ¿Es este caldo de cultivo trasladable a otros países? Como hemos visto a lo largo del último año, protestas similares se han registrado en todos los países, desde Alemania hasta España, pasando por Italia, donde Nápoles estuvo al borde de la revuelta social. Sin embargo, la mayor parte de manifestaciones públicas contra las restricciones no han tenido continuidad. Hace pocos días, otra oleada de disturbios callejeros obligaba a la policía de Toronto, Canadá, a recurrir a la fuerza.

Episodios semejantes se han registrado durante las últimas semanas en Reino Unido.

¿A favor? Puede tratarse de una minoría, cada vez más radicalizada. En noviembre, coincidiendo con algunas de las protestas más agresivas registradas en España, un 60% de los españoles se declaraba a favor de otro confinamiento. Otro 73% prefería priorizar la salud a la economía. Encuestas más recientes han disparado el apoyo al confinamiento (en distintos grados) al 77%. En general, la opinión pública está lo suficientemente traumatizada como para no temer a las futuras restricciones. Si acaso, parecen favorables a ellas.

Disparidad. Lo que nos dejaría un escenario un tanto paradójico: es probable que la mayor parte de países prefieran medidas duras para contener la pandemia antes que una libertad; pero también es probable que sectores movilizados y cada vez más radicalizados estén mostrando su descontento de forma cada vez más violenta, en coincidencia con las nuevas restricciones de los países europeos.

Todo ello, para ahondar en la paradoja, en un contexto de menor cumplimiento de las restricciones. Precisamente por "cansancio". En Reino Unido, tras una ola durísima y aún con el confinamiento en mente, ni la movilidad se ha reducido tanto como en marzo ni la afluencia de compradores a las tiendas se ha contenido. La semana pasada y pese a cifras récord desde el inicio de la pandemia, las ventas aumentaron un 9%. En la práctica, ¿economía sobre salud?

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