Durante un momento del partido, Nadal tenía un 4% de probabilidades de ganar. Fue un hito contra la IA

Durante un momento del partido, Nadal tenía un 4% de probabilidades de ganar. Fue un hito contra la IA
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Rafael Nadal es a día de hoy el tenista más laureado en la historia del deporte. Su victoria en el Abierto de Australia le permitió sumar su vigesimoprimer Grand Slam y superar a Roger Federer y Novak Djokovic como el jugador con más torneos de primer nivel de siempre. Es probable que Djokovic, número 1 del mundo, le supere en algún momento. Pero ahora mismo Nadal es la cima de la historia del tenis.

Una hazaña contra todo pronóstico.

El dato. La frase anterior, tan manida en el periodismo deportivo, es en este caso literal. Durante un momento del partido la IA encargada de predecir el ganador proyectó sobre la pista de Melbourne un dato poco alentador para los intereses de Nadal: tenía un 4% de posibilidades de salir victorioso frente al 96% de Medvedev. Algunas horas y una remontada memorable después, el mallorquín levantaba su segundo Abierto de Australia.

El contexto. Cabe subrayar que Nadal en ningún momento acudía como favorito al encuentro. Tanto las casas de apuestas como los algoritmos encargados de predecir el resultado otorgaban a Medvedev un 64% de posibilidades de llevarse el torneo, frente al 34% de Nadal. Su victoria en los dos primeros sets elevaron sus posibilidades al 96%. Sólo en cinco ocasiones anteriores un tenista había remontado dos sets en contra en la final de un Grand Slam. La hazaña era improbable.

Pero sucedió. Más aún cuando, en plena disputa del tercer set, Medvedev se topó con tres bolas de ruptura (0-40). Si hubiera acertado una sola de ellas se habría colocado dos juegos por encima de Nadal (2-4), hundiendo sus probabilidades aún más. Nadal, en un partido que ya es historia del tenis, salvó con éxito esas tres pelotas y se recompuso para ganar el tercer set. A partir de ahí se impondría sistemáticamente a Medvedev.

¿Para qué predecir? El 4% que la IA entregaba a Nadal al comienzo del tercer set ha causado cierta sorna en las redes sociales. En rigor, no se equivocaba. Medvedev llegaba al Abierto de Australia como número 2 del mundo y máximo favorito. Había ganado el anterior major disputado sobre superficie dura y tan sólo había perdido cinco sets en su camino hacia la final. Computadas todas las variables y descontando otros imponderables como la edad o la reciente lesión de Nadal, un 4% parecía una predicción razonable. Pero la estadística no lo es todo.

Cómo funciona. Todos los deportes se apoyan de un tiempo a esta parte en la inteligencia artificial para desarrollar modelos predictivos. Para el tenis hay muchos y se pueden consultar por Internet. En base a resultados previos, situaciones de partido similares, rendimiento en el tipo de pista y otros parámetros, la IA, los algoritmos, emiten una predicción. Son estadísticas avanzadas y suelen ser muy útiles para a) preparadores b) periodistas interesados en los datos y c) casas de apuestas.

Naturalmente, tales predicciones son fotos del momento. Si algo ha sucedido en el pasado muchas veces, es probable que vuelva a suceder, ¿no? A menudo, el deporte se decide por imponderables donde la estadística naufraga. La fortaleza mental de un jugador como Nadal o la relativa inexperiencia de Medvedev no son datos medibles. La grandeza, si nos ponemos poéticos, tampoco. Así se vence a un 4%.

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