El casi irrealizable plan de refrigeración artificial del Ártico para evitar que se deshiele del todo

El casi irrealizable plan de refrigeración artificial del Ártico para evitar que se deshiele del todo
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Del mismo modo que las estaciones esquí generan nieve artificial para atender a las necesidades de sus clientes, un grupo de científicos estadounidenses han imaginado un plan alternativo al progresivo deshielo del Ártico: su refrigeración artificial.

El trabajo ha sido publicado en la revista Earth's Future y recogido en este artículo-resumen en Gizmodo. Y es relativamente simple, aunque técnicamente compleja. Si la capa de hielo que recubre el hielo es tan importante y se está perdiendo a tanta velocidad, lo único que necesitamos hacer es regenerarla de forma artificial. ¿Cómo? Utilizando molinos de viento que, adosados a una bomba, bombeen el agua por debajo de la capa de hielo a la superficie.

Una vez allí, las bajísimas temperaturas árticas harán el resto. Y el planeta habrá salvado un match-ball.

Lo vimos en su momento: 2016 ha sido un año catastrófico para el Ártico. Un invierno asombrosa e inusualmente cálido ha provocado que la extensión de la capa de hielo haya alcanzado mínimos históricos. Si bien la dinámica es bien conocida, el punto más bajo alcanzado por el hielo ártico el pasado invierno no ha tenido comparación durante las últimas décadas, en sintonía con las temperaturas máximas globales alcanzadas durante los dos últimos años consecutivos.

Hay un problema evidente. Este gráfico, por ejemplo, ilustra la extensión de hielo durante los últimos años en el Ártico.

hielo Esa línea roja es 2016, y es absolutamente excepcional.

Las soluciones típicas a este problema pasan por reducir la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero y aplicar un programa global de energías renovables y de conservación ambiental que limiten los daños, reales, del cambio climático. Pero 2016 también ha sido un año nefasto en este sentido: la elección de Donald Trump podría terminar con la disolución de la EPA (el organismo para la protección ambiental de EEUU) y el impulso de más energías fósiles, a través de oleoductos y apoyo a su producción.

Pese a los Acuerdos de París, las perspectivas no son optimistas. Pero a grandes problemas, soluciones desesperadas.

Suena guay, seguro que es facilísimo de hacer

De modo que el artículo, titulado "Arctic ice management" y firmado por una pléyade de científicos, opta por adelantarse a los acontecimientos. Si vamos a ser incapaces de cambiar nuestro modelo productivo para salvar el hielo del Ártico, tendremos que utilizar nuestra tecnología y nuestros conocimientos científicos.

Su premisa es bastante simple: si colocamos varios millones de aparatos de bombeo sobre el océano, podremos conseguir que el agua por debajo de la capa de hielo salga a la superficie, exponiéndola a las bajas temperaturas del Ártico. Irremediablemente, el agua extraída se congelaría en la superficie. Según el estudio, de este modo podríamos conseguir un metro extra de capa de hielo, permitiendo que el Ártico matuviera de forma artificial (y gracias a la acción humana) su habitual estado congelado.

La clave es el grosor. El trabajo no aspira a eliminar las condiciones naturales que están descongelando el Ártico, sino a expandir el grosor de la corteza de hielo, a hacerla más resistente.

2014 Junio de 2014.

Turno de preguntas: ¿cómo logramos que las bombas funcionen en medio del océano? Esta es fácil: adosándolas a pequeños molinos de viento que se aprovechen de los múltiples y muy intensos vientos del Ártico para generar energía. El sistema de bombeo, propulsado por el pequeño molino-turbina, se colocaría estratégicamente sobre una boya. Las bombas se valdrían de las pequeñas grietas verticales que la capa de hielo del Ártico genera de forma natural durante su proceso de formación, por lo que no habría que perforar.

Ok, ¿y lo de bombear el agua es científicamente posible? Sí, es física elemental: expuesta a temperaturas que pueden oscilar entre los -40º y los -35º grados, el agua no tiene más remedio que congelarse. Según el estudio, dada la pérdida de calor natural al bombeo, se necesitaría extraer 1,3 metros de agua para conseguir generar un metro de hielo en la superficie.

¿Me prestas todo el acero del mundo, por favor?

Mmmm, ok, ¿y cuántos trastos necesitaríamos colocar a lo largo del Ártico? Aquí viene la parte, err, complicada: muchos, demasiados.

Cada bomba sería capaz de cubrir 0,1 km2 con un metro de hielo generado. Si el área total del Ártico es de 107 km2, necesitaríamos 100 millones de bombas para cubrir todo el océano. Una barbaridad. Los científicos apuestan en su trabajo por una cifra más modesta: primero el 10% de la masa oceánica (10 millones de cacharros) y luego iremos aumentando su volumen.

El problema es que cualquiera que sea la cifra, es demasiado cara. La idea sería hacer las turbinas, las boyas y las bombas de acero, y cada aparato al completo requeriría de unas diez toneladas de acero. Ellos mismos sacan los sencillos cálculos y comprueban que el proyecto requeriría de 10 millones de toneladas al año en su propuesta más modesta (la del 10%), y de 100 millones de toneladas al año en su cifra más ambiciosa. Todo ello durante una década.

2016 Junio de 2016.

Traducido a las economías del mundo, las cifras asustan. Estados Unidos produce en solitario 80 millones de toneladas de acero al año, por lo que necesitaría dedicar todo el acero que produce (y algo más) para cumplimentar el proyecto. En total, la idea de regenerar el hielo del ártico artificialmente acapararía el 10% de la producción global de acero del planeta. Anual. Básicamente, llenaríamos el mar de metal.

A esta altura del paper, muy interesante, por otro lado, los propios autores son conscientes de que las cifras son tan exageradas que traspasan la cifra de lo práctico. Si miramos sus costes, el vértigo se triplica: el acero no es muy caro (1,3 dólares el kilo), pero necesitaríamos tanto para construir los aparatitos que la producción se iría a los 13.000 dólares por trasto, a los que habría que añadir los costes manufactureros (no muy altos) y de transporte, en gigantescos barcos a zonas remotas del Ártico (muy altos).

Sumado todo, tenemos una cifra aproximada: alrededor de 50.000 dólares por bomba. A partir de aquí, es tan sencillo como multiplicar por 10 y por 100. El coste total del proyecto en su propuesta de máximos, el 100% del Ártico, se iría a los 5 trillones de dólares (al año), y el coste en su propuesta de mínimos, el 10% del Ártico, a los 50.000 millones de dólares (al año). Todo esto durante toda una década. Son cifras mareantes.

Greenland Ilulissat En azul, a la derecha, lagos que indican el derretimiento del hielo en Groenlandia.

De modo que, llegados a este punto, ¿hay alguna posibilidad de que las turbinas-boyas-bombas que bombean agua a la superficie para que se congele gracias a las bajas temperaturas ambientales del Ártico se fabriquen o lleguen a su lugar de destino? Obviamente no. Pero antes que conseguir financiación pública para tan megalómano proyecto, los científicos quieren demostrar otra cosa: técnicamente, podemos salvar al Ártico.

Es decir, tenemos las herramientas en nuestra mano para generar artificialmente un metro de hielo cada invierno utilizando complejas bombas-molinos de viento. Si queremos, podemos. Por lo que si queremos establecer objetivos más simples y factibles, como cumplir los Acuerdos de París, podemos aún más. Creer en nuestra capacidad para coordinarnos y evitar el abismo climático ya depende del optimismo de cada uno.

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