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El fracaso total del boicot a "La casa de papel" prueba cómo Twitter vive encerrado en su cámara de eco

El fracaso total del boicot a "La casa de papel" prueba cómo Twitter vive encerrado en su cámara de eco
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Cuatro millones de espectadores después, los productores de La casa de papel, la nueva serie de Antena 3, podían respirar tranquilos: habían logrado arrastrar al público proveniente del partido de semifinales de la Champions League gracias a un guión elogiado por las cuatro esquinas de los medios de comunicación, y habían sorteado con éxito la amenaza de boicot promovida desde diversos sectores a través de Twitter.

La historia era sospechosamente similar a la de El Guardian Invisible, la película de Fernando González Molina estrenada el pasado mes de marzo: una producción española de aparentes altos vuelos y con indisimuladas expectativas de éxito se topaba en los días previos a su lanzamiento con una campaña mediática destinada a minar su estreno. ¿La razón? Las palabras insultantes para con los españoles de una de sus actrices, Miren Gaztañaga.

Aquella polémica no era tal: como se podía entrever del contexto en el que fueron vertidas, las palabras de Gaztañaga, de mejor o peor gusto, tenían un claro componente autoparódico. Sin embargo, la sombra de la sospecha revoloteó durante días sobre la cabeza de El Guadián Invisible, que se topó con una crisis de relaciones públicas cuyas ramificaciones, por la naturaleza política y morbosa del asunto, podían parecer incontrolables.

La futilidad de una campaña en Twitter

Nada más lejos de la realidad. Si El Guardián Invisible comprobó en primera persona la futilidad de las polémicas tuiteras, La casa de papel, cuya tormenta mediática ha consistido en algo muy similar, ha firmado su sentencia de muerte.

Tanto la una como la otra han pasado por encima, al modo de una apisonadora sin mayores contratiempos, del boicot promovido desde Twitter a través de diversos hashtags. El caso de La casa de papel ha sido aún más notable por hacerlo en apenas una noche: cuatro millones de espectadores atestiguan el éxito de la serie de Antena 3 y la lejanía mental y física de la mayor parte de la sociedad española para con la gigantesca cámara de resonancia de Twitter, un lugar donde todo parece gigantesco... si lo experimentas desde dentro.

Recapitulemos: días antes al estreno de la serie protagonizada por Úrsula Corberó, Twitter observó el crecimiento orgánico del hashtag #BoicotCasadePapel (junto a una pléyade de conversaciones paralelas sobre la serie). ¿La razón? La filiación política de una de sus actrices, Itziar Ituño, simpatizante de Bildu, agrupación nacionalista vasca, y declarada defensora de la política de acercamiento de presos de ETA.

El runrún saltó rápidamente a grupos de Facebook de orientación derechista y nacionalista, donde se difundieron vídeos de Ituño reivindicando la libertad de Arnaldo Otegi, histórico líder abertzale apresado hasta hace unos pocos meses. A los miles y miles de compartidos depositados en Facebook hubo que sumar las diversas cadenas de WhatsApp llamando al boicot, especialmente vivaces la noche del estreno. Fue ayer mismo cuando el hashtag llegó a ser Trending Topic en Twitter, prueba irrefutable de su dominio mediático.

Un dominio relativo al que sólo caben cursivas, naturalmente. La travesía zozobrosa de La casa de papel en los días previos a su estreno sirvió de ejemplo paradigmático a la cárcel resonante de las redes sociales, un lugar, especialmente Twitter, incapaz de sostener en la vida real las polémicas que genera prácticamente a diario.

No conquistas nada con un hashtag

Ese y no otro ha sido el problema fundamental de Twitter desde prácticamente su nacimiento: una comunidad de usuarios cerrada, con sus propias normas y reglas internas, cuya capacidad para permear la realidad de la que habla es limitada (pese al amplio acomodo que tiene en los medios). Una red social incapaz de atraer a nuevos usuarios durante los últimos años y plagada de cuentas fantasma que sí leen pero nunca participan.

Acaso una definición casi exacta de cámara de eco: un sistema cerrado donde ideas pequeñas parecen gigantes.

Problem No problemo.

En el caso de la televisión, la paradoja es doble: no sólo las campañas de Twitter se consumen en clave interna, sino que tienen complejo llegar a los escasos 4.000 hogares españoles con audímetro, el selecto aparato que utiliza Kantar Media para determinar la audiencia de la parrilla televisiva. Al contrario del repunte de la misa de La 2, cuyo repentino éxito bebió de las transversales aguas de WhatsApp y no de Twitter, un boicot televisivo sólo tendrá éxito si logra cambiar la actitud de las familias con audímetro en el salón.

Lo cual parece improbable, no sólo por la sospechosa permeabilidad de Twitter, muy lejos de Facebook o, muy especialmente, de WhatsApp, sino por la propia inefectividad de las campañas de boicot. Como se explica aquí, tienen un efecto más publicitario que otra cosa, y suelen fracasar en sus objetivos primarios (minar el estreno de una película) aunque coloquen temas en la agenda pública. Es por ello por lo que costó tanto creer que el fracaso en taquilla de La reina de España, de Trueba, se debiera a su particular campaña de boicot.

De modo que La casa de papel podía respirar tranquila: no se combate nada con un hashtag, tampoco en la arena televisiva. Para desgracia de Jack.

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