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El gobierno australiano quiere volver al carbón. Y las energéticas, pese a las subvenciones, se niegan

El gobierno australiano quiere volver al carbón. Y las energéticas, pese a las subvenciones, se niegan
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Australia ama el carbón. La isla-continente cuenta con grandes reservas repartidas en su costa oeste, la más habitada, e históricamente la industria minera australiana ha aportado al país miles de puestos de trabajo y, lo que es más importante, un porcentaje altísimo de la generación de electricidad doméstica.

Pero la utilización del carbón tiene consecuencias medioambientales indeseadas. Como se puede apreciar aquí, Australia, al igual que muchos otros países como Estados Unidos o como Reino Unido, está reduciendo su dependencia del carbón. El impulso de energías más limpias como el gas natural o las renovables permite desligarse de una industria histórica, pero cada vez más arriesgada desde el punto de vista inversor.

O al menos esa era la tendencia, hasta que el actual gobierno conservador de Malcolm Turnbull ha optado por... volver a regar de subsidios las plantas de carbón. Sin embargo, esta vez será la industria la que se niegue a entrar de nuevo en la dinámica.

Lo que está sucediendo en Australia es sintomático de las luchas por venir. Mientras el gobierno decide tirar de carbón para generar electricidad barata, las empresas consideran que no es una buena inversión a largo plazo. Hasta hace poco, la dinámica era inversa: eran los gobiernos quienes creían que el futuro no pasaba por el carbón para desagrado de los gigantes energéticos.

Carbon Manana Pan para hoy, hambre para mañana. (Wikipedia)

En Australia el problema se origina por las altas temperaturas que sus ciudadanos están atravesando. En pleno verano y con el continuado aumento año a año de las temperaturas globales, los australianos tiran de aire acondicionado y otras formas de refrigerarse artificialmente. Eso implica consumir electricidad. Y para abastecer a todo el mundo de forma económica, el gobierno quiere construir nuevas plantas de carbón. Modernas, más eficientes y menos caras que, digamos las renovables (aunque es matizable).

Hoy te doy dinero, mañana te frío a impuestos

Como resultado, Turnbull ha planteado a la industria planes de construcción o renovación de plantas ya existentes. Muchas empresas, como cuenta el Financial Times, se han negado. Creen que es pan para hoy y hambre para mañana. Primero, porque una central puede tardar más de diez años en construirse, y sus costes de mantenimiento son altos.

Segundo, porque el sino de los tiempos indica que el carbón está amortizado. A nivel global su uso ha descendido en todos los países desarrollados. Y si bien ha experimentado una segunda juventud en los subdesarrollados, gracias a que es una forma barata de generar electricidad en países carentes de una buena red, es en estos donde otras energías limpias como la solar están abaratando su precio cada vez más. La India consume mucho carbón, pero también ha visto cómo la solar es muchísimo más barata que el carbón.

Coal El uso del carbón lleva descendiendo una década en Australia. (Industry, Innovation and Science, Australian Government)

Al parecer, las eléctricas australianas han entendido que si bien Turnbull puede hoy ofrecer dinero para construir nuevas plantas de carbón, los siguientes gobiernos no tendrán por qué hacerlo. Invertir a diez años en una central de carbón cuando dentro de cinco pueden surgir nuevas regulaciones que penalicen su uso (y que comprometan la inversión) es un mal negocio.

De fondo, tanto para los políticos como para la industria, por concienciación o por rendimiento económico, existe la idea de que el futuro será renovable (o al menos distinto al del carbón, vía gas natural) o no será, y que la legislación que hoy no se apruebe se aprobará mañana. Así que por más dinero que el gobierno ofrezca, invertir en el carbón ha dejado de ser una buena idea económica.

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Imagen | Max Phillips/Flickr

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