Elogio del zoo: por qué son esenciales para muchas especies y no una pesadilla animalista

Elogio del zoo: por qué son esenciales para muchas especies y no una pesadilla animalista
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Vivimos en un mundo afectado por el cambio climático y la sobrepoblación, y nuestros océanos cada vez tienen más plástico y menos peces. El medioambiente se deteriora tan deprisa que tenemos frente a nuestros ojos una de las extinciones en masa más importantes de la historia de nuestro planeta. Y lo cierto es que, con la mayor parte de la población viviendo en las grandes urbes del mundo, muchísimas personas son ajenas al proceso o no les interesa tanto como debería.

En un momento de nuestra historia en el que muchas especies se encuentran al borde del abismo, aún existe esperanza para ellas, y es gracias nada más y nada menos a los zoos. Sí, esos que últimamente está tan de moda criticar con generalizaciones vagas y mucha desinformación.

Los hechos están sobre la mesa. Los zoos modernos que se abren paso en nuestro siglo ya no crean instalaciones de barrotes y cemento, sino espacios naturalizados según el animal que alberguen, donde además se realizan sesiones de enriquecimiento ambiental, es decir, se diseñan actividades para que los animales puedan desarrollar comportamientos típicos de su naturaleza y estar estimulados físcia y mentalmente.

Los zoos: un salvavida para muchas especies

Si no existieran los zoos, la utopía de muchos activistas de internet, tampoco existirían los caballos de Przewalski, los ciervos de Padre David, órices de cuernos de cimitarra y muchas más especies. Son ejemplos de animales que se extinguieron en la naturaleza debido a acciones humanas y están volviendo a poblar sus hábitats naturales gracias al trabajo de los zoos y a la financiación que obtienen gracias al dinero de las entradas.

Animalito (Sarah Stockman/Unsplash)

Este trabajo de reintroducción sería completamente imposible sin toda la información que estos centros recogen de los animales que mantienen a su cuidado. Es tremendamente complicado, y en muchos casos imposible, grabar los partos en estado silvestre, por ejemplo: ni hablar de realizar ecografías o tomar muestras de sangre de forma regular sin estresar a los animales. La mayoría de la información que nos cuentan en los documentales está sacada de estudios en zoos.

Todo esto al final nos ayuda a entender cuáles son sus necesidades biológicas y veterinarias. Incluso puede ayudar a desarrollar tecnología capaz de evaluar el estado de nutrición de los animales en estado silvestre sin tan siquiera tocarlos.

Los zoos contribuyen a concienciar al público y a preservar animales pocos llamativos que, pese a ello, deben ser salvados por su importancia trófica

Otro de los puntos fuertes de la filosofía de los zoos modernos es la educación del público. Concienciar sobre la importancia de nuestros actos puede reducir nuestro impacto medioambiental realizando tareas tan sencillas como reciclar o comprar local, pero además se organizan partidas para limpiar playas o los propios zoos invierten en la recuperación de ecosistemas.

Uno de los problemas del activismo actual es que presta mucha atención a especies exclusivamente animales llamativas, sin mirar al conjunto de la biodiversidad al completo que es el que verdaderamente forma los ecosistemas. Las plantas, las bacterias, los hongos y miles de especies animales menos llamativas pasan desapercibidas ante un tigre, un lobo o un elefante, pero sin ellas nada de lo que rodea al ambiente de estas imponentes criaturas estaría allí.

Orangutan (Uriel Soberanes/Unsplash)

Hablando de esos animales majestuosos, hoy en día capturar animales de su medio natural es ilegal en la Unión Europea, así como comprar animales que hayan sido capturados en otros países externos. Se considera silvestrismo y tráfico animal, y cada institución zoológica debe tener documentos legales que certifiquen su origen así como permisos de la autoridad pertinente para cualquier movimiento que deban realizar. Una de las entidades encargadas de regular estas actividades es CITES.

Legalidad, protección y rescates

Uno de los puntos que más se critica últimamente de los zoos es que cuenten con exhibiciones de los animales. Equiparando el trato de los animales con el de los circos, se asume que los cuidadores los entrenan a base de fuerza bruta, cuando nada más lejos de la realidad: se emplea refuerzo positivo (esto quiere decir que se recompensan las conductas que queremos ver) y LRS (Least Reinforcing Scenario: se ignoran las conductas que no queremos ver, pero no se castigan).

Con este sistema, se entrenan desde delfines y leones marinos hasta tiburones y langostas, no sólo para que el público los vea en un contexto educativo, sino para facilitar el trabajo de los veterinarios y hacer sus visitas menos estresantes para los animales.

Otro slogan que se repite por numerosos rincones de internet es "Zoos no, santuarios/centros de recuperación sí". En este punto cabría preguntarnos cuáles son las diferencias entre los zoos y los centros de recuperación y los santuarios, tendiendo en cuenta, además, que muchos zoos funcionan como centros de recuperación que rescatan animales por miles y que además no dependen de una financiación irregular y pobre que puede llevarles a situaciones desesperadas con los animales, como el caso de un santuario de EEUU que sacrificó a todos sus animales o las condiciones en las que un santuario de grandes felinos obliga a vivir a los animales que "rescata".

Mono (Jonathan Forage/Unsplash)

Un santuario, por muy bonita que suene la palabra, sigue siendo un lugar donde se mantienen animales en cautividad, pero además no está obligado por ley a cumplir los estándares de los zoos y a menudo se ven en la cuerda floja a nivel financiero.

Por supuesto y a pesar de todo, existen lugares en Europa y América que aún no cumplen todas las condiciones que comprende un zoo moderno, pero la solución para que estos se actualicen no pasa por tachar a todos los zoos de cárceles o de lugares donde se maltrata a los animales, sino por realizar críticas constructivas y apoyar con nuestras visitas a los zoos que verdaderamente cumplen la misión de conservar la naturaleza, educar al público e investigar para recabar conocimiento científico sobre las especies que queremos proteger.

Sin lugares y personas que nos recuerden la belleza del mundo salvaje en nuestra vida, nos olvidaremos rápidamente de la importancia que tienen nuestros gestos para cuidar el planeta en el que todos, humanos o no, vivimos.

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