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Es posible que, pese al referéndum, Reino Unido nunca salga de la Unión Europea

Es posible que, pese al referéndum, Reino Unido nunca salga de la Unión Europea
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David Cameron, primer ministro británico hasta su anunciada dimisión este otoño, acaba de anunciar que su gobierno no solicitará formalmente la salida de la Unión Europea a las instituciones comunitarias. Dicho de otro modo, que el Reino Unido no activará el artículo 50 del Tratado de Lisboa por el que un estado miembro inicia sus trámites de salida de la Unión. No significa que el resultado del referéndum celebrado el pasado jueves sea papel mojado, pero sí es indicativo del largo proceso de salida que el país afronta, si es que, en algún momento, decide afrontarlo. No, el Reino Unido aún no ha salido de la UE.

Y existe la posibilidad de que nunca lo haga.

El origen del problema se remite a la propia naturaleza del referéndum. Cuando David Cameron acudió a las pasadas elecciones generales británicas espoleado sobre la base de una consulta no lo hizo acuciado por una ferviente causa popular, sino por las presiones internas de su propio partido. Especialmente las de Boris Johnson y Michael Gove, dos de los protagonistas de la campaña del Leave y los hombres, en teoría, que recogerían su testigo una vez, consumada la salida, Cameron hubiera dimitido. Tanto Johnson como Gove contaban con que Cameron activaría el artículo 50 a la mañana siguiente. No lo hizo.

Y desde ese mismo momento, según algunos expertos británicos, puso en peligro la propia salida del Reino Unido de la UE. El artículo 50 es el único mecanismo previsto por la Unión Europea para organizar la salida de un estado miembro. En él, se estipula que el estado interesado, en este caso Reino Unido, debe notificar formalmente a las instituciones europeas su deseo de marcharse de la unión. A partir de ese momento, se abre una horquilla de dos años en las que se deben negociar y discutir las condiciones de salida. Finalizado el plazo, se consuma el abandono, independientemente del estado de las negociaciones.

Cameron y el artículo 50: patada a seguir

¿Cuál es el problema? Que mientras no exista esa notificación formal, y de forma dudosa el referéndum (que además no es vinculante bajo la legislación británica, sólo consultivo) puede ser considerado como tal, todo sigue igual. Cuando Cameron apareció ante los medios delegando el inicio de los trámites al siguiente ejecutivo, la respuesta que obtuvo de Johnson y Gove fue que no había ningún tipo de prisa en activar el artículo 50. De repente, en un inesperado giro de los acontecimientos, la campaña del Leave apostaba por demorar la salida y Juncker y Tusk apremiaban para iniciar las conversaciones.

Boris Boris Johnson, principal líder político en favor del Leave, anunció a las pocas horas de su victoria que no había prisa en activar el mecanismo de salida de la UE. (Financial Times)

En teoría, Johnson y Gove quieren abrir conversaciones informales con la Comisión y el Consejo Europeo para allanar el camino. Pero la Unión Europea tiene pocos incentivos para ser flexible con Reino Unido: debe enviar un mensaje fuerte al resto de movimientos euroescépticos, y quiere negociar ya con la línea de los dos años en el horizonte, a nivel formal, algo que va en contra de los intereses de Reino Unido. El viernes las posturas se habían invertido: la UE quería iniciar el proceso ya frente a la interesada pasividad del Leave.

¿Por qué? Algunos articulistas y comentaristas plantean que ni Johnson ni Gove se atreverían a largo plazo a pedir la salida formal. La negativa de Cameron a activar el artículo 50 delega la enorme responsabilidad de la ruptura con Europa en un futuro primer ministro cuya identidad es hoy aún muy difusa. ¿Qué conservador hipotecará su carrera política a una decisión que, a tenor de lo sucedido sólo en el primer día tras el referéndum, podría tener consecuencias económicas desastrosas para Reino Unido? El Leave pasa de ser una herramienta para tumbar a Cameron a una bomba que podría llevarse por delante al propio Johnson.

Dadas las circunstancias, ganar tiempo, apelmazar el impacto del referéndum y negociar pasivamente lejos del peligro del artículo 50 (y quizá condiciones muy favorables para no pulsarlo) ofrece menos riesgos. Quizá por todo lo anterior Johnson celebró con poca expresividad, moderación y cautela su victoria.

Gove Michael Gove ha sido el otro político conservador más involucrado en la campaña del Leave.

Naturalmente, esto plantea serios problemas de cara al electorado, al margen de los exóticos votantes que manifestaban arrepentirse por su decisión al día siguiente de la consulta. Pero esto también es un resultado natural de la campaña del Leave, cuya relación con la realidad ha sido complicada. Nigel Farage, el líder del UKIP que con más entusiasmo ha defendido la salida del Reino Unido de la UE, explicaba al día siguiente del referéndum cómo uno de los principales argumentos de la campaña (los 350 millones de libras que la UE robaba a los británicos cada semana) era sencillamente mentira.

En un hipotético escenario de salida, gran parte de las promesas realizadas por Vote Leave (mayor control de la inmigración, una economía saludable y próspera, poco impacto en la vida diaria de los ciudadanos vía inversiones en los servicios públicos) eran, siendo generosos, demasiado optimistas. Pero en un hipotético escenario de permanencia, la mayor parte de ciudadanos británicos habrían votado por una salida que jamás se cumpliría. En cualquiera de los casos, es posible que el Leave haya elevado expectativas que en ningún caso puede cumplir, siendo el único resultado previsible decepción a corto o largo plazo.

Escocia aún tendría algo que decir

Si la pregunta es "quién se atreverá a acudir al artículo 50", la respuesta es "no Escocia, desde luego". El país, al igual que Irlanda del Norte, optó por la permanencia, en una nueva muestra de las diversas preferencias políticas que los ciudadanos ingleses mantienen con los escoceses. También sus gobiernos: el SNP de Nicola Sturgeon había hecho campaña activa por la permanencia, y los resultados del jueves ya han abierto la puerta a un posible segundo referéndum de independencia. En 2014, la victoria del "No" se sustentó en gran medida en la casi segura salida de la Unión Europea tras la secesión.

Parlamento Escoces Nicola Sturgeon cree que el Parlamento Escocés, en la imagen, tendría capacidad de veto.

Pero ahora las tornas del juego han cambiado. El SNP quiere obtener rédito político de Leave, aunque tiene otra posibilidad, al parecer, a su alcance: bloquearlo. La creación del parlamento escocés en 1999 vino aparejada de mayores competencias sobre diversas leyes promulgadas en Westminster. La cámara representativa escocesa puede tener capacidad veto en determinadas leyes que puedan ir en contra de los intereses de Escocia, y Sturgeon ya ha anunciado que juzga complicado que su partido acepte resoluciones de Westminster si va en contra de sus votantes.

Es un escenario también hipotético y remoto. En cualquier caso, el SNP podría utilizar esta circunstancia para arrancar a David Cameron (o al siguiente primer ministro, cuya identidad es un misterio) otro referéndum (a diferencia de ERC, no se plantea hacerlo de forma unilateral) sobre la base de un cambio de escenario radical en el status quo de Escocia dentro del Reino Unido. Es el mismo argumento que ya ha utilizado el Sinn Féin escocés para solicitar revisar la situación de Irlanda del Norte dentro del estado británico.

David Cameron Cameron se encuentra en una incómoda posición: él apostaba por quedarse dentro de la Unión y perdió, y ahora tiene la misión de negociar la salida. Pero ha afirmado que delegará en su sucesor la activación del artículo 50.

El clima de Reino Unido desde el referéndum es de una altísima volatilidad. El Partido Conservador está dividido en dos, pero el Laborista, el principal en la oposición, no se queda a la zaga: 19 ministros del gabinete en la sombra de Jeremy Corbyn ya han dimitido, poniendo de manifiesto la fractura interna existente en la vida política del país. Reina la incertidumbre, dado que la campaña del Leave, como recordaba uno de sus portavoces, no tenía plan más allá del referéndum. Y entre tanto, ni Cameron ni Johnson se atreven a notificar su salida oficial, en un proceso que, quizá, jamás termine de consumarse.

Menos aún, cuando Johnson, hoy mismo, ha dicho que aspira a mantener "full access" al mercado único. Ningún estado no miembro de la Unión Europea tiene acceso total al mercado único sin el libre movimiento de personas, algo, en teoría, rechazo de plano por la campaña del Leave, que decidió poner el el acento en la inmigración.

Imagen | Matt Dunham/AP

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