En Estados Unidos la vacuna también es guerra cultural: el 44% de republicanos no quiere ponérsela

En Estados Unidos la vacuna también es guerra cultural: el 44% de republicanos no quiere ponérsela
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Con las vacunas contra el Covid ahora disponibles, poco más de la mitad de los adultos estadounidenses han recibido al menos una dosis. Y para lograr su nuevo objetivo (llegar a su fiesta del 4 de julio con 160 millones de personas inmunizadas y el 70% con una dosis), el gobierno de EEUU está tomando medidas apresuradas para convencer a los más escépticos a que se vacunen, mientras promocionan la inoculación en las zonas rurales. Cualquier cosa parece valer, desde regalar una hamburguesa o una cerveza hasta promocionar el turismo (con pinchazo incluido) por la ciudad de Nueva York para hacerles cambiar de parecer.

Pero lo cierto es que en el país existe una gran guerra cultural y política que tiene su eco en la voluntad a inmunizarse. El mapa pro y antivacunas cada vez se parece más a un mapa político de la nación entre rojos y azules. Y los republicanos son los más escépticos.

La línea divisoria. Si nos fijamos en el mapa político, es fácilmente detectable cómo los lugares que tienen un historial de votar por los demócratas y apoyaron al presidente Joe Biden en las elecciones de 2020 tienen tasas de vacunación más altas. Un buen ejemplo lo encontramos en New Hampshire, donde el 65% de la población de 18 años o más ha recibido al menos una dosis de la vacuna. Le siguen de cerca Nuevo México, Connecticut, Maine y Massachusetts con un 55% o más.

Mientras tanto, en la parte inferior hay cinco estados donde menos del 40% se ha arremangado para inocularse. Cuatro de ellos, Mississippi, Alabama, Louisiana y Tennessee, se inclinan por los republicanos y votaron por Donald Trump el otoño pasado. El patrón reconocible: los estadounidenses en los llamados "estados azules" que se inclinan por los demócratas parecen estar vacunándose a tasas más sólidas, mientras que los de los estados republicanos "rojos" parecen ser más vacilantes.

Escepticismo y rechazo. Una encuesta de la Universidad de Quinnipiac concluía que el 45% de los republicanos no planeaban vacunarse, mientras solo el 5% de los demócratas opinaba así. De hecho, entre los demócratas, dos tercios ya han recibido al menos una dosis de vacuna, según la misma encuesta. Y poco más de la mitad de esa proporción de republicanos lo ha hecho (36%). Otra encuesta similar de Civiqs situaba las cifras en 82% de los demócratas habiéndose vacunado ya y 43% para los republicanos. No son datos aislados.

Incluso en el Congreso. Trump instaba hace unas semanas públicamente a los estadounidenses a vacunarse, pero él mismo recibió sus propias inyecciones en secreto, y lo reveló solo después de dejar el cargo. Como presidente, pasó gran parte de la pandemia minimizando los peligros del virus. Algunos gobernadores republicanos también han mantenido en secreto sus propias vacunas. Cuando la CNN encuestó a los legisladores federales sobre las vacunas hace unos meses, la mayoría de los republicanos —112— no respondió.

Otra encuesta a los miembros del Congreso para determinar su estado de vacunación hace unas semanas arrojaba datos curiosos. Los 219 demócratas de la Cámara de Representantes y los 50 demócratas del Senado indicaron que están vacunados. El 100%. Pero en la Cámara, solo 95 de los 212 miembros republicanos de la Cámara dijeron que estaban vacunados. Menos del 50%.

Guerra cultural. El debate sobre las vacunas se vive en todos los recovecos de la sociedad estadounidense. Por poner un ejemplo: si eres fanático de Fox News, el canal de televisión (en esencia republicano) tu opinión sobre si debes vacunarte puede depender de cuándo y a quién mires. El presentador de opinión Tucker Carlson ha ridiculizado constantemente los esfuerzos para promover la vacunación en su programa de las 8 de la tarde. "Casi 4.000 personas murieron después de recibir las vacunas", decía la semana pasada basándose en datos autoinformados y no verificados del Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas.

Conspiraciones. Estados Unidos, además, se lleva la palma en la creación de conspiraciones antivacunas, que se presentan de varias formas y tamaños. La última insta a las personas a ponerse la mascarilla, pero no para protegerse del Covid, sino para protegerse de los vacunados. Según ellos, quienes han sido inoculados pueden “arrojar” ciertas proteínas que pueden causar menstruación irregular, infertilidad y abortos espontáneos. Otra idea completamente infundada como engranaje clave de una conspiración más grande de que el virus fue una estratagema para despoblar el mundo, y la vacuna es lo que eliminará a las masas.

De hecho, los expertos dicen que la conspiración nace de un malentendido fundamental de cómo funcionan las vacunas. Y ha sido ampliamente desacreditado por la comunidad científica. Resulta paradigmático que sean los influencers antivacunas quienes ahora pidan distanciamiento social, la misma restricción que han criticado durante todo este tiempo.

Imagen: CT Senate Republicans

Gráficos: Civiqs

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