Los europeos ya no creen en la Unión Europea: la mitad de ellos piensa que el proyecto está "roto"

Los europeos ya no creen en la Unión Europea: la mitad de ellos piensa que el proyecto está "roto"
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La pandemia y sus consecuencias económicas ha sido para muchos países y regiones una tormenta difícil de capear. Pero para la Unión Europea ha sido una crisis total en muchos sentidos, que nos ha arrollado poco después de otros desafíos que llevan pellizcando al bloque durante años, como la crisis financiera de 2008, la crisis de los refugiados o el Brexit. Era a priori un embate con el que demostrar su valía como un actor global fuerte capaz de guiar la respuesta internacional. Y sin embargo, perdió la oportunidad de presentar una narrativa creíble de un liderazgo fuerte.

A todo esto se le suma la lenta y caótica campaña de vacunación y se plantean grandes interrogantes sobre su capacidad para guiar a sus estados. La decepción con las instituciones de la UE ha surgido y se ha generalizado. Y lo cierto es que este sentimiento negativo va más allá de los votantes contrarios a la Unión y se extiende como una corriente principal.

Poca confianza. Quince meses después del inicio de la pandemia, muchos ciudadanos europeos tienen menos esperanza en las instituciones de la UE. Sus esperanzas y expectativas de una cooperación europea mejor y más eficaz, que eran visibles al comienzo de esta crisis, no se han cumplido. Es lo que sugiere el último informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). En la mitad de los estados encuestados, la mayoría tiene poca confianza en la UE o dice que su confianza se ha deteriorado. Incluso, en Francia (62%), Italia (57%), Alemania (55%), España (52%) y Austria ( 51%) dicen que el proyecto de la UE está "roto".

Sin embargo, la desilusión con la política nacional es aún mayor: el 80% de los encuestados en Italia y España, el 66% en Francia, el 60% en Portugal, el 55% en Polonia y el 54% en Hungría hacen hincapié que su propio sistema político interno también está "roto".

Cooperación. Esto crea también un ambiente de cooperación. Es decir, si de puertas para adentro las cosas no funcionan, habrá que tirar de los lazos que aún nos quedan con nuestros vecinos. De hecho, casi todos los estados miembros creen que deberían cooperar más, excepto Francia y Alemania, donde había minorías significativas del 47% y 45% respectivamente. Y a pesar de sus frustraciones, los encuestados en ocho de los 12 países encuestados todavía ven a la UE como clave para la recuperación de su país de la crisis del Covid y como impulsor de una respuesta más unificada en el futuro frente a las crisis globales y desafíos.

Es decir, la necesidad de un papel más asertivo en el escenario mundial, por ejemplo, defendiendo los derechos humanos y el estado de derecho cuando se violan en países como Turquía y China, al tiempo que prioriza los valores democráticos dentro del bloque.

Euroescepticismo. De la tendencia se pueden extraer también ciertos patrones que demuestran un creciente euroescepticismo en algunos países. Por ejemplo, cuando se les preguntó a los estados si la pertenencia de su país a la UE es algo bueno o malo, la respuesta más común en todos los países, excepto Francia, fue que la UE es algo bueno. En el país galo, la respuesta más común fue que la UE no es ni buena ni mala.

Y eso supone un problema. El hecho de que dos de los estados más grandes e influyentes de la UE, Francia y Alemania, sean los menos convencidos de la necesidad de cooperación europea subraya la urgencia con la que la UE necesita mejorar su estrategia. ¿Por qué? Ambos países tienen próximas elecciones nacionales el año que viene, lo que puede representar un desafío para los líderes de la UE con un euroescepticismo en ciernes que ha aumentado en consecuencia de la gestión institucional de la UE, sobre todo en el despliegue de la vacuna.

Mirando de reojo a Reino Unido. Hace unos días, uno de los periódicos antieuropeos más leídos en el Reino Unido, ensalzaba un artículo bajo un polémico titular que gritaba: “¡Gracias, Ursula! El increíble programa de vacunas del Reino Unido tiene que agradecérselo al director de la UE, VDL”. Desde nuestras fronteras, los estados han visto de reojo cómo se aceleraba la campaña de inoculación en Reino Unido y no se entendía por qué en la propia UE iba tan lenta. Si bien es cierto que los británicos, después de haber abandonado la UE, pudieron obtener una autorización rápida de vacunas y contratos estrictos con las empresas farmacéuticas, puso en duda las suposiciones anteriores de que los estados miembros de la UE estaban mejor equipados para acabar con la pandemia global en virtud de ser parte de una unión.

Los datos también presentan una imagen mixta derivada del Brexit. La mayoría de la gente ve al Reino Unido como un "aliado" o un "socio necesario". Más como lo primero que como lo segundo. Esto significa que los ciudadanos de la UE tienden a ver al Reino Unido como un país con el que deben cooperar estratégicamente en lugar de uno con el que comparten intereses y valores. En el otro extremo del espectro, hay minorías de más del 20% en Alemania, Francia, Austria y España que consideran al país británico como un rival o un adversario.

Alianzas innecesarias. Si bien los europeos todavía sienten una conexión emocional especial con el Reino Unido y los EEUU, el Brexit y la elección de Trump han contribuido a una amplia sensación de desencanto. El sentido instintivo que tienen los europeos de Occidente ya no se ajusta a la realidad geopolítica en la que viven ahora. Esto hace que los votantes europeos sientan que la UE ya no tiene alianzas naturales que trascienden diferentes cuestiones políticas, un sentimiento que indica la necesidad de construir un sentido más fuerte de soberanía europea y buscar asociaciones transaccionales.

La mayoría de los encuestados ven a China y Rusia como socios necesarios, pero rara vez como aliados. E incluso el 12% de todos los encuestados ven a China como un adversario. Un total del 17% de los encuestados en todos los estados miembros de la UE encuestados piensan en Rusia como un adversario. Lo que refuerza la idea de una identidad proteccionista más fuerte de los estados miembros de puertas para dentro. Y que, con todo, persiste a pesar de que es imposible ocultar el hecho de que las instituciones de la UE han perdido la oportunidad de demostrar su valor a los votantes europeos durante la pandemia.

Imagen: Unsplash

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