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Finlandia cumple 100 años. Y como regalo, Noruega le quiere entregar una montaña

Finlandia cumple 100 años. Y como regalo, Noruega le quiere entregar una montaña
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Escandinavia no es una región acostumbrada a la trepidante actualidad geopolítica. Sus países, los más desarrollados y prósperos del mundo desde la segunda mitad del siglo XX, viven cómodamente y en paz. Sus relaciones internacionales son tan civilizadas que, ahora, con motivo del centenario de la independencia de Finlandia, Noruega, su vecina en el Ártico, se plantea regalarle una montaña. El detalle permitiría a Finlandia, un país esencialmente llano y lleno de lagos, romper su techo y establecer un nuevo punto más alto nacional. ¡Felicidades!

La montaña en cuestión responde al nombre de Halti, Haltitunturi en el lado finlandés. La frontera entre ambos estados se ubica a 1.324 metros sobre el nivel del mar, lo que hace del punto el más prominente de Finlandia. Sin embargo, la cima, de 1.365 metros de altitud, se encuentra un kilómetro más al norte, ya en territorio noruego. El regalo no consistiría exactamente en el pico, que permanecería en el lado noruego, sino en una pequeña franja de terreno al noreste que ubicaría el punto más alto de Finlandia en los 1.331 metros (siete más).

"El punto más alto de Finlandia no es un pico"

La decisión aún no es firme. Como se explica en The Washington Post, el primer ministro noruego aún debe sopesarla. La posibilidad existe y los obstáculos legales y técnicos serían muy limitados: las relaciones entre ambos países son excelentes, sólo afectaría a sus territorios y, de forma paralela, supondría un ligero quebranto para los cartógrafos de todo el mundo. Sin embargo, depende de la voluntad política noruega, y del estado de ánimo de la población ante la cesión de un territorio soberano a otro país (por lo demás, terreno absolutamente yermo, cubierto de nieve durante todo el año e inhabitado).

pico La flecha de arriba señala el punto más alto de la montaña, en Noruega, de más de 1.362 metros. La flecha de abajo indica el pequeño triángulo que se anexionaría Finlandia y que le permitiría pasar de los 1.324 a los 1.331 metros de altura como cima del país.

Como señala The Guardian citando a NRK, la idea surgió de un anciano noruego de 76 años, Bjørn Geirr Harsson, para quien la frontera no tenía demasiado sentido. Desde el punto geológico, debería marcarla el pico ("el punto más alto de Finlandia ni siquiera es un pico propiamente dicho"). Para Noruega la pérdida de terreno sería menor, e irrelevante en términos de altura: el país, al contrario que Finlandia, cuenta con un sinfín de montañas, la más alta, Galdhøpiggen, a 2.649 metros sobre el nivel del mar. El detalle, de forma paralela y según Geirr Harsson, haría a los finlandeses muy felices, a un bajo coste para Noruega.

La propuesta cobró interés en los medios de comunicación cuando el hijo del entrañable abuelo lanzó una página de Facebook explicando con más detalle el procedimiento. Desde entonces, autoridades locales y otras figuras prominentes de Noruega, como el Ministerio de Exteriores (el tuit de más arriba muestra su interés por la idea), han manifestado su apoyo. Hay algunos problemas a tener en cuenta, como la constitución noruega, que estipula en su primer artículo la indivisibilidad de la nación (esto, obviamente, sería una división).

Regalar territorios es algo bastante raro

"¿Un segundo, cien años?". En efecto, Finlandia es un país muy joven. Acumula a sus espaldas 99 años de existencia independiente. En diciembre de 2017, celebrará su primer siglo como estado. Para entonces, Noruega ya era una nación propia, separada de forma definitiva de Suecia en 1905 (había permanecido durante un siglo en una suerte de limbo autonómico con constitución propia, pero sin soberanía plena). Finlandia había formado parte durante siglos de los territorios de los Romanov, zares de Rusia y regentes de un vasto imperio.

Punto Fronterizo La frontera finlandesa, vista desde Noruega.

Durante la Primera Guerra Mundial, Finlandia formó parte, naturalmente, del lado ruso, enfrentado en el este a Alemania y al Imperio Austrohúngaro. La revolución de 1917 depuso al zar Nicolás II, a la sazón Gran Duque de Finlandia. Descabezado el gobierno monárquico, sobre el que reposaba la unión dinástica del territorio finlandés y de la corona rusa, los nacionalistas finlandeses consideraron finalizada su subrogación. Declararon la independencia frente a la pasividad de los revolucionarios comunistas, proclives en un inicio a la autodeterminación de los pueblos, y establecieron una Duma propia.

Poco después, el país viviría tiempos convulsos y sangrientos. Finlandia se sumergió en una despiadada Guerra Civil entre sus propios comunistas y sus conservadores liberales. El conflicto se prolongó tres años y terminó con la derrota de los revolucionarios. Durante la Segunda Guerra Mundial, Finlandia perdería gran parte de su territorio a manos del Ejército Rojo, con el que lucharía en inferioridad de condiciones (pero con gran eficiencia) durante la Guerra Invierno. Tras 1945, Finlandia establecería su frontera, inamovible hasta hoy.

Halti La montaña Halti, nevada. (Kitty Terwolbeck)

Cien años después de la independencia, Finlandia es un país democrático y próspero, aunque más pequeño en términos territoriales del que era cuando nació. Si Noruega finalmente accede a regalarle su pico, sería el primer gran cambio territorial en Europa occidental desde hace décadas. Modificar territorios de forma voluntaria y sin guerras es algo extraño. Rusia y Noruega han ajustado sus fronteras para cuadrarlas con los cursos de los ríos y de otros accidentes geográficos cambiantes, pero otros países, como Serbia y Croacia, se resisten a trámites relativamente inocuos y sencillos por cuestiones políticas.

De consumarse, sería un regalo tan inusual como típicamente nórdico.

Imagen | Carsten Frenzl

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