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Almas Veganas y la liberación de las gallinas: la nueva era del movimiento animalista

Almas Veganas y la liberación de las gallinas: la nueva era del movimiento animalista
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He aquí una historia que sólo podría haber surgido de la mente creativa de Luis García Berlanga, y que sin embargo tuvo lugar hace algunas semanas en los alrededores de Vitoria. El Frente de Liberación Animal (FLA) irrumpió en el barrio okupado de Errekaleor, uno de los espacios activistas más grandes de España, y "liberó" a las 40 gallinas recluidas en un corral y gestionadas por los okupas locales. La noticia llegó ayer a los medios de comunicación, entre reproches cruzados de uno y otro colectivo por "encarcelar" a las aves y "favorecer al Estado", un intercambio de acusaciones puramente montyphytoniano.

¿El Frente qué? De Liberación Animal, una organización real que bien podría haber salido de aquella escena de La Vida de Brian. Se trata de un consorcio internacional sin líder definido que opera al margen de la legislación y que realiza acciones y sabotajes variados en granjas, instalaciones animales o laboratorios. Sus herramientas son variadas. Desde las más inocentes, como "liberar" gallinas, hasta la instalación de bombas y explosivos en laboratorios (el Huntingdon Life Sciences sufrió sus acciones durante décadas) o casas y coches de particulares.

Muchos de sus miembros han sido juzgados y sentenciados en Reino Unido y otros países. El FBI lo considera una "organización terrorista", por el grado de violencia aplicado en algunas de sus iniciativas. Su medios declarados, sin embargo, son "no violentos", y sólo emplean la fuerza contra objetos inanimados.

¿Por qué? Es la versión más extrema del movimiento animalista y antiespecista, la corriente que considera que existe una discriminación histórica y una opresión sistemática a los derechos y a las libertades de los animales. El FLA ha distribuido durante toda su historia imágenes de sus mimebros encapuchados, al modo de un grupo paramilitar, entrando en granjas y llevándose a pequeños terneros o cabras. Su mensaje estético y filosófico, condensado en el comunicado tras la "liberación" de las gallinas de Errekaleor, es claro:

Un pacto entre humanxs en torno al encarcelamiento de animales es la máxima expresión de privilegio humano que pueda haber. La libertad no es negociable (...)  Muchxs [sic] aprovecharán para señalar al movimiento antiespecista más visible como el enemigo del pueblo a pesar de que construir lazos de afinidad haya sido una de nuestras prioridades, pero ha llegado el momento de demostrar que hay límites que no estamos dispuestxs [sic] a consentir que se crucen 

Conflicto. La acción ilustra la aún tensa cuestión de los derechos animales entre los colectivos más extremistas del activismo. Los okupas de Errekaleor debían decidir en asamblea qué hacer con el gallinero, por lo demás, en sintonía con las ideas de "soberanía alimentaria" tan en boga entre la izquierda radical. Para el FLA cualquier debate es estéril: los derechos animales y su bienestar están por encima de cualquier consideración. Es una posición aún no hegemónica dentro de los círculos progresistas, y que no cuenta con un consenso claro. Lo que genera fricciones.

"Violación". El robo de las gallinas de Errekaleor ha coincidido con la viralización de los vídeos producidos por el Santuario Animal Almas Veganas. En uno de ellos, dos activistas explican que "los huevos son de las gallinas", y que las ponedoras, al estar "genéticamente modificadas" para producir huevos, son objeto de la "violación" de los gallos, algo inasumible desde un punto de vista antiespecista. La performance se completa con la ruptura de huevos "no fecudados" contra el suelo de la granja (mientras las propias gallinas acuden a comérselos).

En otro vídeo, fijan su posición sobre los incendios del Amazonas y los intereses de la industria cárnica. El santuario, en Girona, sirve de "hogar" para animales rescatados de toda condición, donde pueden vivir en paz, de forma "digna" y "libre". Acoge, ante todo, animales de granja, y en su ideario se intercalan ideas anticapitalistas, antiespecistas y feministas.

Largo recorrido. Puede resultar cómico, pero lo cierto es que hay cierta tradición teórica que entrelaza los fines del animalismo y el feminismo. PETA, por ejemplo, ha vinculado en más de una ocasión el consumo de huevos con la lógica del capitalismo y, en última instancia, de la clave de bóveda que lo sustenta, el patriarcado. Sucede algo similar con la leche de cualquier mamífero. Para ciertos sectores del antiespecismo, el aprovechamiento de las funciones reproductivas de los animales reafirma un sistema de opresión y violencia contra el sexo femenino (pertenezca a la especie que pertenezca).

Son ejemplos de los discursos al fondo del espectro político, aún minoritarios, pero lo suficientemente radicales como para promover acciones como la ejecutada por el FLA en Vitoria.

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