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Ya gastamos más en aire acondicionado que en calefacción: el otro efecto del calentamiento global

Ya gastamos más en aire acondicionado que en calefacción: el otro efecto del calentamiento global
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Atrás quedan los días en los que el norte de la península contemplaba la factura del gas y sentía cierta añoranza por los suaves inviernos del sur. El progresivo calentamiento del planeta sí tiene efectos en nuestro día a día, y uno de ellos, como hemos visto durante tres años consecutivos, es el aumento de las temperaturas. En España esto se ha traducido en un giro singular: ya gastamos más en aire acondicionado que en calefacción.

Cambio. Las cifras las ofrece la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet): desde mediados de los noventa, el número de días donde las temperaturas han sido extraordinariamente altas ha crecido un 25%. Al mismo tiempo, el volumen de días por debajo de los umbrales habituales de frío ha decrecido... Un 25%. Los veranos (y las primaveras, y los otoños) son cada vez más cálidos. Los inviernos, más suaves.

Consumo. Esto tiene un impacto directo en el modo en el que consumimos energía. Hasta hace pocas décadas, según Aemet, los españoles consumían más electricidad y más gas natural durante los rigores del invierno, calentando casas expuestas a temperaturas bajas. El verano era un periodo de sosiego energético, pese al aire acondicionado. Esto lleva cambiando desde principios del siglo XXI.

Durante los últimos años, la tendencia ya se ha revertido. España gasta más energía en verano, refrigerándose, que en invierno, calentándose.

Olas. Algo que tiene sentido si nos fijamos en las temperaturas medias del país, del continente y del mundo en general durante los últimos años. 2019 volvió a batir los registros históricos de temperaturas, y tres de los cuatro años más cálidos de todos los tiempos pertenecen al último lustro. De ahí que las olas de calor, como la de este verano, con picos de 44º C en la península, se hayan recrudecido.

España ya era un país muy cálido, pero al menos media docena de países europeos, de veranos tradicionalmente suaves, han registrado su temperatura máxima histórica en el pasado verano.

Extremos. ¿La causa? En gran medida, el cambio climático. Sabemos que sus efectos más cacareados, desde la subida del nivel del mar hasta la desertificación, se percibirán en el largo plazo. Pero también que está agudizando todos los fenómenos meteorológicos. Según Aemet, las lluvias torrenciales en el mediterráneo son cada año más extremas (la DANA de este otoño, como vimos, ofrece pistas al respecto).

Es algo que podemos observar en los huracanes, los monzones, en la paranormal situación del Ártico o en las cumbres sin nieve del Pirineo, donde la temperatura media ha aumentado 1,2º C en las últimas décadas.

Reto. Se trata de una noticia de especial importancia para el sector energético. Porque si bien el gasto en calefacción se ha reducido ligeramente, no en tanta proporción como el aumento de aire acondicionado. Quiere decir esto que España tiene más demanda energética hoy, y que la transición hacia las renovables del país obliga a mayores esfuerzos. Al menos, eso sí, una nota positiva: esta semana el país se ha calentado por primera vez sin carbón.

Durante 45 horas. Por algo se empieza.

Imagen: Pixabay

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