El gran encarecimiento del café: una sequía brutal y la crisis logística están disparando su precio

El gran encarecimiento del café: una sequía brutal y la crisis logística están disparando su precio
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La humanidad pasó buena parte de 2020 soñando con un "regreso a la normalidad" que hiciera del coronavirus tan sólo un mal recuerdo. También a nivel económico. La realidad está resultando un poco más complicada. Al levantamiento de los confinamientos y de las restricciones no le ha seguido una explosión de actividad económica sino... Carestía de materias primas, bloqueos logísticos y parálisis industrial fruto de un atasco global en la cadena de distribución. Afecta a todos los sectores.

Incluido al de tu desayuno.

Café al alza. Lo cuenta The Wall Street Journal: el precio del café afronta un de las mayores escaladas en su historia reciente. Los futuros de arábica, la especie más cultivada y consumida en todo el mundo, han aumentado un 18% durante los últimos tres meses. Los de robusta, en torno a un tercio de la producción mundial, han crecido un 30%. La escalada ha sido constante desde mediados del año pasado, en consonancia con otros productos básicos, pero se ha agravado durante el último trimestre.

Los motivos. El principal es una sequía. Las grandes regiones cafeteras de Brasil, el principal productor del planeta, llevan meses sumergidas en la "peor sequía del siglo". Los meses húmedos dejaron el menor volumen de precipitaciones en los estados de São Paulo y Mato Grosso en dos décadas, aminorando la cosecha, crítica para el abastecimiento mundial de café. Las reservas de agua de São Paulo ciudad han caído a una décima parte de su capacidad; los cortes de agua son ya habituales.

Drama. Esto ha tenido un impacto directo en su sector agrícola (un 30% del PIB) y muy especialmente en el café. Brasil produce unos 2.000.000 de toneladas anuales (67% arábica), un 32% del grano mundial. Es estacional y siempre se recoge entre mayo y agosto. Sin agua para cultivar, los cafetos han perecido. "Llevo cultivando café más de cincuenta años y nunca he visto una sequía como esta. Suelo tardar tres meses en recolectar mi cosecha de café; este año he tardado uno", explica una granjera al WSJ.

Más cosas. A los rigores del café brasileño debemos añadir otro factor más: el bloqueo en la cadena de suministro global. Tradicionalmente, cuando las cosechas de Brasil han sido flojas el mercado se ha dirigido a Colombia y Vietnam. El primero es el único país del mundo ajeno a la estacionalidad (se cultiva y cosecha café todo el año) y el segundo es el primer productor de robusta (de peor calidad, pero casi un tercio del consumo global). Ambos sufren problemas derivados de la falta de espacio en los barcos y escasez de contenedores. Hay café, no pueden exportarlo.

Equilibrio roto. Así las cosas, el tradicional equilibrio económico que permite contener los precios ha saltado por los aires. La demanda sigue creciendo pero la oferta se está hundiendo. Diversas entidades financieras estiman que Brasil producirá este año entre 15 millones y 23 millones de bolsas menos que en 2020. Todo ello en un contexto de reapertura de la hostelería y aumento del consumo (recordemos: nos estamos aficionando al café en casa y hay un renovado interés general por el café).

Mal, mal. El café no vive una situación particular. Otros sectores agroalimentarios atraviesan dificultades similares. Lo vimos hace unos días: California, sumergida en una sequía que va camino de ser perenne, ha tenido que diezmar su producción de almendras ante la imposibilidad de abastecerlas de agua. Es algo que se está trasladando poco a poco a otros frutos secos cultivados en la región, muy prolífica, y que a medio y largo plazo amenaza con disparar sus precios.

Todo bloqueado. Y así con un sinfín de productos básicos en la economía global. ¿La madera? Un 300% más cara. ¿La mena de hierro? Un 114%. ¿El aceite de soja? Un 85%. También sucede en las cadenas industriales. La crisis del microchip está provocando retrasos generalizados en mercados tan importantes y tradicionalmente dinámicos como el automovilístico. La lista de espera para una bicicleta es de meses. Cualquier cosa que deba ser transportada en barco o producida a miles de kilómetros de su lugar de destino afronta retrasos indefinidos y un encarecimiento.

Vivimos tiempos de dificultad logística. Tiempos caros. Como el café de mañana.

Imagen: Vladimir Proskurovskiy/Unsplash

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