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¿Granjas de pulpos? El dilema entre comerlo más barato y tener cautivo a un animal tan inteligente

¿Granjas de pulpos? El dilema entre comerlo más barato y tener cautivo a un animal tan inteligente
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La acuicultura goza de un óptimo estado de salud. Sus niveles de producción de pescado y marisco se han disparado desde mediados de los ochenta, al tiempo que el volumen de capturas globales se ha congelado. El impulso proviene, ante todo, de los países asiáticos, con China a la cabeza. Cada vez más género pesquero se produce en granjas acuáticas a gran escala, sirviendo a mercados de todo el planeta.

Y en el proceso, el siguiente objetivo es uno peculiar: el pulpo.

Nuevos tiempos. Hasta ahora las granjas de pulpos habían tenido un recorrido limitado dentro de la industria agroalimentaria. Los motivos eran técnicos: el animal exigía cuidados delicados, y su tasa de supervivencia tras cautividad era muy baja. La investigación y la experimentación están revertiendo la tendencia: cada vez hay más empresas capaces de cultivar huevas de pulpo y de cuidarlos con éxito.

¿El objetivo? Comercializar su carne, por su puesto. Como vimos en su día, el pulpo se ha convertido en un pequeño manjar internacional. Su precio se ha disparado por dos razones: el público estadounidense ha descubierto sus infinitas propiedades culinarias y su pesca es compleja, esquiva y localizada en países muy concretos, como Mauritania y Marruecos. El año pasado superó su precio máximo histórico, a 15€ el kilo en lonja.

Problemas. De modo que la acuicultura parece una solución ideal: la industria puede asegurar una producción más o menos estable de pulpo, abasteciendo a los mercados y controlando su precio. ¿Es ideal? Según un grupo de científicos no: en un estudio publicado el pasado invierno, argumentan en contra de las granjas de pulpos. El animal es demasiado inteligente para quedar confinado a un entorno domesticado.

¿Por qué? Hemos hablado de ello en alguna ocasión. El pulpo es capaz de solventar problemas complejos, podrían atravesar fases REM mientras duermen, poseen una inteligencia extraordinaria descentralizada en ocho cerebros distintos, y hasta se especular con su personalidad "alienígena". Los investigadores creen que un pulpo en cautividad no podría desarrollar una vida plena, acorde a su inteligencia única.

Además, los pulpos son carnívoros. Alimentarlos en cautividad requeriría capturar peces o crustáceos menores, causando estragos en algunos ecosistemas y problemas medioambientales.

Argumento relativo. La defensa no está exenta de problemas. La principal: ¿por qué el pulpo y no cualquier otro animal? Hemos hablado en otras ocasiones del trato al cerdo o a la vaca en las granjas industriales. La oposición a las granjas de pulpo desde la calidad de vida del animal es igual de aplicable a otras especies, por más que sus hábitos sólo consistan en rumiar sobre colinas o retozar sobre el barro.

En un periodo de creciente conciencia vegana y animalista, el ejemplo del pulpo ofrece una interesante paradoja: la acuicultura crece y llega a nuevas especies antaño siempre libres al tiempo que somos más conscientes de los problemas éticos de la cautividad y la producción alimenticia. En un animal tan fascinante como el pulpo, la contradicción resulta más evidente.

Imagen: Alex Knight 

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