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Guerra arancelaria contra China: la receta que EEUU ya probó en 2002 con catastróficos resultados

Guerra arancelaria contra China: la receta que EEUU ya probó en 2002 con catastróficos resultados
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Estados Unidos sostiene un déficit comercial con China de 375.000 millones de dólares, una cifra que crece cada año que pasa. Ese incremento de la brecha entre los bienes y servicios que EE UU compra del exterior es interpretado por la administración Trump como una flaqueza de la economía nacional fácilmente reversible mediante la guerra económica. De ahí que haya impuesto unos aranceles sobre el 25% en las importaciones de acero y del 15% en las de aluminio procedentes de China.

Cómo responde China: con más de lo mismo: se pondrán aranceles de un 15% a cientos de productos estadounidenses, especialmente hortícolas, que pisen suelo asiático, mientras que productos porcinos y relacionados tendrán un arancel del 25%. Parece ser sólo el inicio de una escalada de tensiones entre ambas economías.

Una lección no aprendida: según la mayoría de economistas nacionales e internacionales, esta no es la manera de proceder. Tampoco lo fue en 2002, cuando la administración de Bush impuso aranceles similares a las importaciones de acero y hubo que descontinuar el programa apenas 20 meses después. Al año siguiente, y según un informe dirigido por la misma industria metalera, el gravamen había causado la pérdida indirecta de 200.000 puestos de trabajo estadounidenses, más que el total de gente empleada en la industria acerera en aquel momento y muchos más de los que trabajan en ella a día de hoy (se estima que la política actual llevará a la pérdida de 146.000 empleos).

¿Y qué otras recetas podrían aplicar desde EE.UU? Si la idea es reducir el déficit, los economistas llaman especialmente a tres posibles frentes: menor consumo interno y mayor nivel de ahorro (dicho llanamente, los ciudadanos estadounidenses consumen más de lo que generan), una depreciación del tipo de cambio o una carga a las entradas de capital extranjero.

¿Por qué hace esto Trump? Porque alentar el temor hacia China le ha ayudado bastante a llegar a la Casa Blanca y los empleos en el sector metalúrgico, aunque mínimos ya en el país, son altamente simbólicos. Es parte de esa ensoñación proteccionista que hará volver aquellos buenos trabajos y hacer América grande de nuevo (en realidad las compras de acero y aluminio suponen apenas el 3,5% del déficit comercial con China). Resultado: la superpotencia está cada día más cerca de abandonar el Tratado Comercial Pacífico, de olvidarse del proyecto de nuevo acuerdo con Europa (el TTIP), de poner el jaque la pervivencia del Nafta y de incorporar aranceles.

¿Qué tan bien está yendo la economía norteamericana con Trump? Bastante bien, en realidad. Con la salida del mercado de cientos de miles de trabajadores durante la recesión las cifras de desempleo van bajando, la economía crece y los mercados se mantienen en tendencia alcista. La única nube, esas cifras de déficit mayor déficit tan altas como en el peor momento de la crisis.

Una receta con efectos secundarios: un enfriamiento de las relaciones chino-estadounidenses podrían poner muy fácilmente en riesgo los recientes movimientos para poner fin a las hostilidades entre las dos Coreas y la desnuclearización de la dictadura asiática.

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