Hemos declarado la guerra al anonimato (y no está claro que vaya a arreglar Internet)

Hemos declarado la guerra al anonimato (y no está claro que vaya a arreglar Internet)
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El anonimato ha envenenado la vida online. O la ha hecho mejor. Cuarenta años después de Internet, sigue siendo un debate irresuelto. Y aunque aún es un invento maravilloso, no dejamos de encontrarnos bichos en los cimientos, murciélagos en el campanario y trolls en el sótano. La web ya no es una comunidad. Y todavía es muy difícil descubrir quién se esconde detrás de un seudónimo o una cuenta, lo que complica detener el abuso en las redes. Razón por la cual cada vez más sitios eliminan sus secciones de comentarios. Lo hemos contado aquí.

Para solucionarlo, algunos países están avivado el debate sobre crear un documento de identidad que acabe con el anonimato en el mundo virtual. Y ahora le ha tocado el turno a España.

La arquitectura que Tim Berners-Lee y los inventores de los primeros navegadores crearon para la World Wide Web permitió que todos los ordenadores de la tierra se conectaran y navegaran a través de hipervínculos. Los enlaces eran unidireccionales: sabías dónde te llevaban. Pero si se trataba de una página web o un fragmento de contenido, no sabías exactamente quién estaba conectando contigo.

Y todo eso consagró el potencial del anonimato. Hacer comentarios, dirigirse a páginas webs, consumir contenido y, con un poco de suerte, mandar emails sin que supieran quién eras. Durante años, los beneficios del anonimato en la red superaron sus inconvenientes. Las personas se sentían más libres para expresarse, lo que era especialmente valioso si eran disidentes o escondían secretos. Ya quedó retratado en la famosa caricatura del New Yorker de 1993, "En Internet, nadie sabe que eres un perro".

Ahora, el obstáculo principal es que nadie puede saber si eres un troll. O un hacker. O un bot. O un adolescente húngaro que publica una historia de que el Papa ha respaldado a Trump. Esto ha envenenado el discurso civil, ha permitido la piratería, ha permitido el ciberacoso y ha convertido el correo electrónico en un riesgo.

Y, a medida que las redes sociales y las tecnológicas como Facebook y Amazon penetran en las finanzas, tendrán que cumplir con los requisitos reglamentarios y generar confianza en un marco legal y seguro. La ciberdelincuencia financiera se podría prevenir principalmente si cada persona, cada perfil creado, tuviera una identidad real confirmada detrás. Pero también hay muchas sombras detrás.

Los gobiernos buscan mecanismos de control

Los gobiernos están empezando a presionar en este sentido, pero hasta ahora nadie había descubierto cómo controlar los abusos cometidos de forma anónima y, al mismo tiempo, garantizar la privacidad de las personas para seguir fomentando el uso correcto de Internet y las redes como forma de comunicación. Y difundir la democracia, claro. Cada día se toman más pasos para identificar a las personas. Facebook, por ejemplo, pide un número de teléfono vinculado a su cuenta.

WeChat ID, la red social más grande de China con más de 889 millones de usuarios, lanzó una nueva función que permite a los usuarios tener una versión digital de sus tarjetas de identificación oficiales y gubernamentales.

El ministro de Seguridad y Delitos Económicos de Reino Unido, Ben Wallace, llevó a la agenda política la necesidad de introducir identificaciones digitales para acabar con el anonimato y “detener la 'ley de la mafia' de Internet”. Explicaba que los sitios web deberían poder identificar a las personas de la misma manera que lo hacen los bancos. "Lo que es ilegal fuera de Internet es ilegal online y pido a los líderes mundiales que tomen medidas serias para abordar esto, al igual que lo estamos haciendo aquí con nuestro compromiso de legislar sobre los daños online como el acoso”, señalaba.

El sistema puede basarse en los sistemas Verify existentes que usa el gobierno o en el procedimiento de verificación de edad que pronto será necesario para acceder a la pornografía online. En el sitio web de HMRC, los usuarios deben llevar documentos de identidad, como pasaporte o licencia de conducir, a la oficina de correos u otra organización asociada para verificar su identidad.

Además, la identificación por vídeo puede ser una de las soluciones óptimas para detener el abuso anónimo. Gracias a la inteligencia artificial, se puede realizar desde cualquier dispositivo que tenga cámara y cualquier persona con DNI o pasaporte. Pero entre los problemas se encuentra una posible violación de la privacidad, por lo que habría que garantizar que los datos estarían en manos de un tercero independiente que garantice que la información no se utilice para otros fines ni se venda a corporaciones.

Y ahí es donde está el gran problema. Nuestra privacidad se vería comprometida, los gobiernos tendrían más mecanismos de control sobre las interacciones virtuales de los usuarios y las grandes empresas utilizarían esta información para sacar provecho económico.

El debate ha llegado ahora a nuestro país después de que el Partido Popular haya apostado por acabar con el anonimato en internet presentando una proposición de ley para obligar a las plataformas que sustentan las redes sociales a identificar a todos los que se den de alta con el DNI. El PP propone modificar la Ley 34/2002 de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico e incluir un artículo sobre el deber de identificación'. "Los prestadores de servicios de intermediación consistente en albergar datos proporcionados por el destinatario del servicio estarán obligados a la identificación de cada uno de los perfiles y sus cuentas de usuario a través del Documento Nacional de Identidad, el pasaporte o cualquier otro documento oficial acreditativo de la identidad".

La propuesta de los populares incluye la obligación de "disponer de la identificación de la persona física que efectúa el almacenamiento de los datos; o disponer de los medios tecnológicos adecuados para identificar a la persona física que haya efectuado su almacenamiento, tanto si lo ha hecho directamente como a través de sistemas tecnológicos diseñados o utilizados para ocultar al autor de la colocación de los datos en el sistema".

No, deshacerse del anonimato no arreglará las redes sociales

En Norteamérica, el senador Ron Johnson, tuiteó en enero un enlace a un artículo comentando que tal vez deberíamos terminar con el anonimato online. “Me preocupa que la participación del Congreso en la reforma de la Sección 230 pueda provocar más daños que beneficios. Una solución puede ser mantener el anonimato del usuario final en las plataformas de redes sociales”, explicaba. Al día siguiente, el senador John Kennedy, anunció que iba a introducir una legislación para prohibir el anonimato.

Específicamente, dijo que las empresas de redes sociales tendrían que verificar las identidades legales de cada usuario, y esto "haría que mucha gente pensara en sus palabras".

Pero se trata de algo inconstitucional. Básicamente, a lo largo del siglo XX, ha habido una serie de casos que llegaron a la Corte Suprema sobre la cuestión del anonimato y si el gobierno podía forzar o no la revelación de nombres. El más notable fue McIntyre contra la Comisión de Elecciones de Ohio en 1995, donde la Corte Suprema fue bastante explícita:

El panfleto anónimo no es una práctica perniciosa y fraudulenta, sino una honorable tradición de defensa y disensión. El anonimato es un escudo contra la tiranía de la mayoría.

Tampoco podría funcionar igual que en la industria financiera, al ser dos mecanismos totalmente diferentes. El primero es uno desarrollado específicamente para detectar el fraude. Pero las redes sociales involucran toneladas de discursos protegidos por la 1ra Enmienda, por lo que cualquier ley que ataque el anonimato allí requeriría un escrutinio estricto para asegurarse de que fue un objetivo limitado y la única forma efectiva de alcanzar un objetivo específico (que no lo es).

Eva Galperin, directora de ciberseguridad de Electronic Frontier Foundation, señalaba en un podcast de Lock and Code que eliminar el anonimato corre el riesgo de exponer a las poblaciones más vulnerables del mundo. Y ahí es donde empezamos a ver otro de sus factores positivos. También es una protección esencial para quienes más la necesitan. "Poder hablar de forma anónima es extremadamente importante para las personas en poblaciones vulnerables, para las personas con opiniones impopulares, para las minorías, para las mujeres, para cualquier persona cuya identidad no sea estándar".

Galperin señala que el discurso anónimo y los seudónimos son "una herramienta para las personas que quieren decir la verdad al poder". Los periodistas pueden hacer reportajes más peligrosos, los denunciantes pueden levantar la tapa sobre las malas prácticas corporativas, etc. Para las sobrevivientes de abuso doméstico, el anonimato permite compartir experiencias de manera vital. "A menudo, el discurso es el único medio de comunicación que tienen porque el abuso es difícil de probar".

Por otro lado, Facebook ya requiere nombres reales y no ha servido de mucho. En 2016, un estudio que analizó medio millón de comentarios online sugería que los trolls tendían a ser aún peores cuando usaban sus nombres reales. Los resultados muestran que las personas no anónimas son más agresivas en comparación con las personas anónimas. Este efecto se refuerza si existen incentivos selectivos y si los agresores están intrínsecamente motivados. Este dato es reseñable: el asalto al Capitolio fue impulsado por un grupo de personas que usaban sus nombres reales. No lo hicieron pensando que eran anónimos. El debate está lejos de terminar.

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