La humanidad ya utiliza 3.000.000 de mascarillas al minuto. Y no recicla casi ninguna

La humanidad ya utiliza 3.000.000 de mascarillas al minuto. Y no recicla casi ninguna
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Antes de que una epidemia trastocara casi todos los aspectos de nuestra vida en la Tierra, la humanidad tenía un problema con el plástico. Uno gigantesco y del que habíamos hablado en multitud de ocasiones. Hemos producido más de 8.000 millones de toneladas durante el último medio siglo, de los cuales sólo hemos sido capaces de reciclar el 9%. El problema había ganado tracción pública. No tanto en los puntos de reciclaje domésticos sino a nivel mediático: cada vez más empresas e instituciones se quitaban del material.

Hasta que llegó el coronavirus y nuestras prioridades cambiamos.

Más uso. Un reciente estudio elaborado por Elvis Genbo Xu y Zhiyong Jason Ren, investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca y la Universidad de Princeton respectivamente, arroja luz sobre el problema del plástico que viene: las mascarillas. Un dato es bastante ilustrativo del fenómeno. La humanidad consume al minuto unos tres millones de mascarillas al minuto, para un uso mensual de unas 129.000 millones mensuales (a sumar a los 69.000 millones de guantes).

Sin reciclar. ¿Y qué sucede con la mayor parte de ellas? Que no se reciclan. La industria produce hoy en torno a las 450 millones de mascarillas diarias, cuatro veces más que hace un año, cuando China tuvo que multiplicar por diez su fabricación. Son volúmenes muy superiores al gran símbolo de nuestro problema con el plástico, los envases y las botellas. Con una diferencia crucial. Mientras reciclamos el 25% de las segundas apenas tenemos éxito con las primeras, ante la inexistencia de protocolos.

Separar lo orgánico del plástico y del cartón requirió de años de campañas y concienciación pública. Sin embargo, cuando contemplamos una mascarilla no pensamos en su reciclaje, por lo que muchas terminan en los cubos orgánicos. Cambiar nuestros hábitos es una tarea que requiere de tiempo, esfuerzo y atención. Algo de lo que no disponemos ahora.

Composición. Su apariencia puede engañar, pero casi todas las mascarillas son plástico. Las desechables están producidas a base de polipropeno, poliuretanos, policarbonatos, poliacrilonitrilo y otros polímeros. Su fabricación a capas las hace efectivas filtrando tanto las gotículas como los pequeños aerosoles, pero también poco duraderas. Las recomendaciones generales las conocemos todos: conviene cambiarlas cada cuatro horas o antes si no queremos que su eficacia se pierda. Y casi todas las autoridades las recomiendan en el trabajo o en la escuela.

El dilema. La conversación, además, está girando cada vez más hacia mascarillas plásticas, como las FFP2, y menos hacia las caseras o hechas con telas, más duraderas y lavables. A corto plazo nada parece indicar que su reinado vaya a perecer, no cuando la "doble" mascarilla puede repuntar aún más en su demanda. En el dilema sobre el creciente problema que van a plantear para el reciclaje y procesado y la seguridad epidemiológica los gobiernos, como es obvio, optan por lo segundo.

Lo que no elimina el primero.

¿Una solución? Otros investigadores han planteado métodos y procedimientos estandarizados para reciclar material sanitario durante la pandemia; propuesta que los autores hacen suya y extienden a la población general. También sugieren mascarillas de algodón, materiales biodegradables y campañas que expliquen a la ciudadanía cómo reciclar sus mascarillas, muy lesivas, como cualquier plástico, para el medio ambiente. No hace falta redundar sobre los microplásticos y su impacto no ya en la fauna sino en nuestras vidas.

A la contra. Todo esto requeriría de un laborioso trabajo y atención pública que ahora, simplemente, no nos podemos permitir. Resulta irónico que un año después de que la UE prohibiera los plásticos de un solo uso la humanidad dependiera tanto de los plásticos de un solo uso, como las mascarillas. En un tiempo en el que la batalla se encaminaba hacia la eliminación de los globos, las pajitas de plástico, los botes de champú o las bolsas llegó el coronavirus. Y arrasó con todo.

Imagen: Sigmund/Unsplash

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