El impacto económico de los refugiados: un maná para las ciudades que promueven su acogida

El impacto económico de los refugiados: un maná para las ciudades que promueven su acogida
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El término "refugiado" suele recordarnos escenas de gente desaliñada y desesperada subiéndose a pateras en el mediterráneo o imágenes de grandes mares de tiendas de campaña blancas (con el logo azul de las Naciones Unidas) sobre la superficie casi extraterrestre de algún paisaje árido y lejano. Pero estas escenas no capturan la vida real de la gran mayoría de los refugiados que ya no viven en campos de refugiados y que residen en ciudades. Según datos del organismo de las Naciones Unidas para la protección de los refugiados (ACNUR), para finales de 2016, un 60% de los refugiados vivían en áreas urbanas.

El hecho es que cada vez más gente se trasladará a vivir en las ciudades en los próximos años, mientras que la emigración forzosa está en los niveles más altos de las últimas décadas. Los refugiados acuden a las ciudades en busca de asilo ante los conflictos, la persecución o los efectos del cambio climático en sus lugares de origen.

Los refugiados también pasan cada vez más tiempo lejos de casa: para finales de 2016, 11,6 millones de refugiados llevaban fuera más de cinco años y 4,1 millones no habían vuelto en 20 años. Sin embargo, no ha sido hasta hace poco cuando se han empezado a tener en cuenta los problemas sociales, políticos y de gobierno que surgen con el aumento de la urbanización y de los nuevos ciudadanos, especialmente en lugares como el Líbano y Jordania.

En estos lugares, miles de refugiados sirios se han trasladado a las ciudades y su llegada ha cambiado el paisaje urbano de forma considerable, aumentando la presión sobre los servicios locales y aumentando las tensiones entre las comunidades.

Refugiada Una refugiada trabaja el metal en un campo cercano a Gaza. (Wissam Nassar/DPA)

En el África subsahariana, ciudades como Kampala y Sar es Salam también albergan miles de refugiados procedentes de países vecinos como Burundi y la República Democrática del Congo. En Kenia, el distrito de Eastleigh de Nairobi lleva años siendo un foco de refugiados somalíes que han desarrollado proyectos empresariales sólidos y se han convertido en parte del motor económico de la ciudad.

Haciendo que la inmigración funcione

La llegada inesperada de gente (que puede tener unos orígenes étnicos o religiosos diferentes a la población ya existente) normalmente es recibida con hostilidad por parte de los habitantes de las ciudades y resulta un quebradero de cabeza para las autoridades. Los grupos de personas desplazadas suelen ser un escollo más para casos donde la infraestructura y los servicios básicos ya son insuficientes, sobre todo en los países en vías de desarrollo. El choque de estas olas de población también pueden tener un impacto negativo a corto plazo en el PIB.

No cabe duda de que puede ser todo un reto proporcionarles a los nuevos habitantes el acceso a los servicios básicos y al empleo. Sin embargo, los refugiados también traen consigo mucha experiencia, oportunidades y un espíritu emprendedor que puede ser beneficioso para sus nuevos vecinos. Cuando a los refugiados se les da la oportunidad de tener éxito, pueden traer nuevas oportunidades de empleo para la población original.

Refugiados Bienvenidos (Ilias Bartolini/Flickr)

En Uganda, por ejemplo, un 21% de los refugiados tiene un negocio que emplea a más de una persona (40% de los cuales son personas del propio país). Los grupos de personas desplazadas también son nuevos clientes para las comunidades de acogida, tal y como ha ocurrido en Grecia y los barrios antiguos se pueden beneficiar de nuevos aires de vida gracias a la llegada de familias jóvenes que pueden revitalizar las zonas en declive, como es el caso de Riace en el sur de Italia.

Todas las economías desarrolladas tienen altos niveles de urbanización, pero con el declive de las tasas de natalidad en estos países, hacen falta otras fuentes de mano de obra para mantener el buen funcionamiento de la economía y los refugiados podrían cumplir ese papel, haciendo que tanto la población como la economía crezcan. Pero hasta ahora los gobiernos y las estructuras de planificación no han sabido capitalizar al máximo su potencial.

Haciendo que crezca el éxito

La realidad para las ciudades y para sus residentes es la siguiente: siempre y cuando exista inestabilidad a nivel político y por causas naturales, grandes grupos de personas se verán obligadas a desplazarse. Los campos de refugiados han podido proporcionar el asilo necesario, pero para aquellas personas que buscan reconstruir sus vidas, son lugares poco alentadores.

Las luces brillantes de las ciudades suelen ser sinónimo de oportunidades para los refugiados y, con la ayuda adecuada, su éxito puede beneficiar a los habitantes de las ciudades.

Las ciudades pueden tomar varias estrategias a la hora de ayudar a los refugiados a convertirse en una parte positiva de la vida urbana: es clave que tengan acceso a clases de idioma, a una vivienda, a la educación y a oportunidades laborales. En la práctica, las autoridades urbanas deberían estar más abiertas a adoptar soluciones creativas para la falta de viviendas. La burocracia muchas veces es el mayor obstáculo para los refugiados a la hora de obtener un puesto de trabajo y por eso deberían facilitarse los procesos burocráticos.

Idomeni El campo de Idomeni en 2015. (Martin Leveneur/Flickr)

Existen una serie de proyectos que han sido desarrollados para ayudar a los refugiados en este sentido: desde empresas artesanales en Alemania a un sistema de agilización del proceso en Suecia. También se puede utilizar la tecnología para proporcionarles recursos educativos y construir las tan necesarias viviendas.

Nunca es fácil integrar a los recién llegados a las ciudades y suele llevar su tiempo. Sin embargo, el desarrollo de un plan a largo plazo para ayudar a los refugiados a establecerse en una ciudad hará que sea mucho más fácil enfrentarse a los desafíos futuros. Alemania es un buen ejemplo al respecto porque está intentando aprender de los errores que causaron problemas de segregación en el pasado, como el caso de los banlieues de París.

Este tipo de mejoras incrementales y consistentes puede que no sean tan impactantes o controvertidas, pero eso no significa que no sean igual de válidas. Los refugiados pueden ser un gran beneficio para las ciudades y para sus residentes, simplemente tenemos que darles una oportunidad.

The Conversation

Autor: Aisling O'Loghlen, Northumbria University.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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