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Invertir en bonos: la nueva vía para salvar al rinoceronte negro de su total extinción

Invertir en bonos: la nueva vía para salvar al rinoceronte negro de su total extinción
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Encallado en su sexto gran ciclo de extinciones, el planeta asiste impávido a la desaparición de las grandes especies de mamíferos. En África, una de ellas lleva décadas siendo especialmente maltratada: el rinoceronte. No quedan más de 30.000 ejemplares repartidos en todo el planeta (cinco especies), lo que convierte a sus políticas conservacionistas en elementos de particular trascendencia. Ahora, una organización dedicada a la salvación del rinoceronte negro ha abierto una nueva vía.

La bolsa.

Inversiones. Se trata de Conservation Capital, autora de una original idea: convertir el crecimiento del rinoceronte negro en un instrumento de financiero. La idea, explicada aquí por el Financial Times, es sencilla: los inversores comprometen $50 millones en la compra de acciones, y reciben sus beneficios cinco años después siempre y cuando la población de rinocerontes haya aumentado. En el camino, los expertos utilizan el dinero para disparar el volumen de la especie.

Futuro. Se trata de una inversión atada a objetivos, y apoyada por pagadores externos que, como el gobierno británico o el banco suizo UBS, garantizan la rentabilidad de los bonos. Ahora bien, ¿qué sucede si cinco años después hay menos rinocerontes negros que antes? Que el dinero se pierde. Una auditoría externa y especializada se encargará de determinar si los programas de conservación han funcionado, y por tanto si las inversiones obtienen beneficios.

Capitalismo. Hasta ahora, organizaciones no gubernamentales como ZSL habían trabajado en la conservación del rinoceronte gracias a donaciones. Es una vía limitada: se estima que las grandes especies en extinción adolecen de $1.000 millones de inversión diaria para salir adelante. Convertir su viabilidad futura en una ganancia para el inversor es una alternativa inteligente en un mundo movido por las ganancias de capital. Los incentivos para sostener las poblaciones crecen.

Problema. El protagonismo del rinoceronte en esta historia no es casual. Todas sus especies están en peligro de extinción, y algunas, como el blanco del norte, tan sólo cuentan tres especímenes entre ellas. Del negro restan unos 5.000, la mayor parte en Sudáfrica y Kenia. Hay más hoy que a principios de los noventa (2.300), pero muchísimos menos que en los setenta (más de 60.000). Su caída ha sido acelerada durante las últimas décadas por culpa de la caza furtiva.

Interés. Porque el rinoceronte lleva siendo años una fuente de riqueza para unos pocos inversores: los cazadores ilegales y los distribuidores de sus cuernos. Se pagan a 60.000€ el kilo en el mercado negro gracias a sus inexistentes propiedades medicinales. Algunas sociedades de Asia juzgan el polvo de sus cuernos elementos distintivos o simplemente milagrosos, lo que ha convertido su caza en una actividad muy rentable. Ahora, los bonos aspiran a hacer de su salvación otra aún más.

¿Funcionará? Es un misterio, dado lo novedoso del experimento. Pero sí permitirá a los conservacionistas realizar más tareas de protección que la mera colocación de verjas o el pago de mercenarios.

Imagen: Yoki/Commons

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