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Islandia comienza la discriminación por vacunación: puerta abierta al turismo ya inmunizado

Islandia comienza la discriminación por vacunación: puerta abierta al turismo ya inmunizado
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Era cuestión de tiempo que los gobiernos europeos optaran por un regreso a la normalidad escalonado, a dos velocidades: por un lado, la población vacunada; por otro, todos los demás. Nuestros compañeros de Xataka hablaron ayer sobre el pasaporte de vacunación planteado por la Comisión Europea y que entraría en vigor durante los próximos meses, pero ya hay un país experimentando con la discriminación, si queremos ponernos pesimistas, en función de tu grado de inmunización.

Es Islandia.

Empieza el jueves. Lo explica aquí el Financial Times: la pequeña isla atlántica ya segrega a los turistas europeos en función de si pueden acreditar su vacunación completa con una de las tres soluciones aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento. A partir del jueves abrirá también sus puertas a los ciudadanos estadounidenses o británicos agraciados con la inmunización. El turismo, ya lo sabemos, es un pilar de la economía islandesa (~10% del PIB) y ha sufrido mucho durante el último año.

Explicación y protocolo. "La decisión de aplicar excepciones para los individuos vacunados es una extensión lógica de nuestra política actual", ha explicado el primer ministro de la isla, Katrín Jakobsdóttir. Islandia lleva tiempo experimentando con una frontera "porosa". Aquellos ciudadanos ya infectados por el virus o que pudieran acreditar una PCR negativa, siempre provenientes de la Unión Europea, podían esquivar la cuarentena obligatoria de dos semanas. "Hay poco riesgo de infección en individuos inmunizados", explican desde el ejecutivo.

El dinero. La idea de Islandia es muy simple: reactivar la economía minimizando los riesgos sanitarios. Poco importan aquí los claroscuros morales cuando se trata de la economía nacional. La isla recibió el año pasado unos 500.000 visitantes, muy lejos del pico de 2.000.000 anuales de finales de la década; su recesión del 6,6% del PIB interanual sólo se compara con la catástrofe financiera de 2008; y el turismo se ha empequeñecido en 2020 hasta representar apenas el 3,5% de la riqueza nacional. Algo similar ha sucedido en España.

Como vimos en su día, Islandia afrontaba una disyuntiva: o salvaguardar la tranquilidad de sus ciudadanos o sacrificar su modelo económico. La quiebra de WOW Air fue un anticipo; la epidemia les ha dejado la respuesta bandeja: turismo, turismo ante todo.

En Europa. España, Grecia, Italia, Croacia o Francia afrontan ahora problemas similares. Necesitan turistas. Pero también protegerse. El "pasaporte de vacunación" presentado por la Comisión resuelve este problema. Es algo demandado por hosteleros y por la industria. Pero plantea varias pendientes resbaladizas. En su documento preliminar, la Comisión aclara que el certificado "no será una condición para ejercer la libertad de movimiento", aunque no aclara cómo; y que el nuevo reglamento "no puede interpretarse como una obligación a ser vacunado".

Por dónde seguir. Cualquier tipo de pasaporte en base a tu historial sanitario acarrea cuestiones complejas en un sistema garantista. Lo vimos en su momento: desde la OMS hasta diversos expertos en salud pública observan un campo abonado para la discriminación en función de tu origen geográfico, edad o incluso situación social. Este artículo de The Economist aborda también las cuestiones de privacidad, o dicho de otro modo, el grado de confianza que podemos depositar en las instituciones públicas para que gestione bien nuestros datos sanitarios.

En última instancia, el pasaporte de vacunación abre la puerta a todas las áreas sociales. ¿Por qué limitarlo al turismo? ¿Por qué no llevarlo a los restaurantes, museos, conciertos o estadios? ¿Es justo que tengas acceso al espacio público en función de tu historial sanitario, 100% confidencial? Si ya estás vacunado, ¿puedes prescindir de la mascarilla? Por aquí camina el debate, también en España. Si adoptamos este camino, determinar quién accede a la vacuna o no se convierte en una cuestión crítica y muy delicada. Islandia tiene claro que es una decisión preferible.

Imagen: John Minchillo/AP

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