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"Jódete, idiota": la portada que ilustra los problemas de EEUU para asimilar el idioma español

"Jódete, idiota": la portada que ilustra los problemas de EEUU para asimilar el idioma español
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Pese a que el idioma español en Estados Unidos no goza de tan magna salud como cabría inferir del enorme número de inmigrantes latinoamericanos, gran parte del movimiento conservador lo interpreta con hostilidad. En EEUU se debe hablar inglés, argumentan, pese a la ausencia de idioma oficial. El último capítulo de la creciente hostilidad hacia el español se ha vivido en una cafetería de Nueva York: un hombre ha denunciado indignado que los camareros hablaran en español.

La grabación del incidente se ha vuelto viral. Y nos ha regalado una gloriosa portada.

El conflicto. La escena saltó a las redes, lo que provocó que numerosos usuarios comenzaran a rastrear la identidad del indignado protagonista en la red. Resultó ser Aaron Schlossberg, un abogado neoyorquino (de apellido alemán, cabe decir) que presumía de manejar el español al mismo tiempo que donaba dinero a la campaña de Trump y participaba en protestas contra la inmigración. Su ira en la cafetería se correspondía, pues, con su reciente trayectoria política.

Numerosos usuarios han pedido su expulsión del colegio de abogados.

Las reacciones. Al ser grabada por una pareja de latinos, la historia ha trascendido a los medios de comunicación. La mayor parte de ellos han ilustrado la problemática específica de Nueva York, con una gigantesca población latina, aunque uno en especial ha hecho sangre de la viralización. Se trata del Daily News, impreso, cuya portada con un glorioso "Jódete, imbécil", en español, ha trascendido fronteras. Sea o no la primera portada impresa en tal idioma, es desde luego la más memorable.

¿Por qué importa? Más allá de viral, el episodio ilustra la continua reluctancia de muchos conservadores estadounidenses al crisol étnico en el que se han convertido las grandes ciudades de su país. El español es el símbolo de una progresiva invasión que desdibuja las raíces de la América real. Gran parte de este ideario ha permeado el voto a Trump. Schlossberg se ha convertido en un pequeño ejemplo de la fractura ideológica y social que sufre Estados Unidos.

¿Es un problema? A futuro sí. En determinados barrios diversos abogados ya reclaman que las vistas orales de los juicios se hagan en español, dado que la mayor parte de sus habitantes lo utilizan como primera lengua (y terminan en los juzgados). Otros estados han coqueteado con la idea de incorporar el español a la escuela o a la administración ante la evidente y creciente mayoría de población latina. Estados Unidos aún no tiene claro cómo asimilar la presencia del español.

En un país donde el inglés sirvió como vehículo para integrar decenas de nacionalidades y etnias distintas, es una cuestión muy abierta.

El estado del español. En realidad la reacción de Schlossberg es tan desproporcionada como la preocupación de los republicanos sobre la cuestión hispana. Diversos estudios muestran cómo el español se está perdiendo en la transmisión intergeneracional: los hijos lo hablan sólo en casa y los nietos ya se comunican en inglés, con ligeras pistas de español. Es una dinámica que prevé una permeabilidad social no demasiado aguda, y por tanto un riesgo de desaparición a largo plazo.

Si analizamos qué lengua emplean los hijos y nietos de inmigrantes, el español corre más riesgo de ser una anécdota que de convertirse en una amenaza al inglés de la "América real".

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