La trágica historia tras la cría de elefante ardiendo, la mejor fotografía del año en Asia

La trágica historia tras la cría de elefante ardiendo, la mejor fotografía del año en Asia
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India, 2017: dos elefantes cruzan una carretera mientras, fuera de foco, se aprecia a un grupo considerable de humanos corriendo lejos de ellos. Uno de los paquidermos es adulto, el otro es su cría. El primero mira hacia al suelo, posiblemente a la llamas que brotan de su pie derecho. El segundo directamente está ardiendo, la boca abierta, posiblemente gritando de dolor, la mitad de su cuerpo se ve atrapado por el fuego.

La fotografía es durísima, y también muy buena. Tanto que la revista Sanctuary la ha seleccionado como mejor fotografía natural de 2017 en Asia. Su autor, Biplab Hazra. La temática que narra detrás, una historia de explotación, violencia e incapacidad de convivencia entre seres humanos y su entorno natural. Ante todo, la imagen lanza una cruda pregunta: ¿qué ha llegado a suceder para que una cría de elefante sea quemada viva?

Para entenderlo hay que viajar a la India, el país más poblado del mundo, el que aún cuenta con la mayor bolsa de población por debajo del nivel de la pobreza del mundo y, también, uno de los que mayor crecimiento económico ha registrado durante los últimos años gracias a la ingente cantidad de industrias deslocalizadas a lo largo de su superficie. El país, tradicionalmente agricultor, cambia. Y con él su, hasta entonces, relación con el medio ambiente.

La región del Bengal, repartida en torno al gigantesco delta del Ganges (a mitad de camino entre la India y Bangladesh), es hogar de 800 elefantes asiáticos, una subespecie del paquidermo, predominante en África pero con una importante presencia en los climas más benignos del sudeste asiático. Son ejemplares, a menudo, más pequeños que el africano, y antes que en la sabana viven en zonas boscosas de carácter tropical. En total, la India aloja al 70% de la especie.

Problema: conforme India expande sus espacios urbanos, diseña nuevos oleoductos y gaseoductos, carreteras, vías de tren y un largo etcétera, los ecosistemas se convierten en una molestia frente a la explotación económica. Es habitual: sucede en Indonesia, donde los rinocerontes más pequeños del mundo y los orangutanes se están viendo conducidos al límite de su existencia por culpa de la sistemática deforestación de sus selvas (incendiadas cada año).

Elef (Biplab Hazra/Sanctuary Wildlife Photography Awards 2017)

De modo que cuando la naturaleza se interpone en el desarrollo del hombre, el resultado es el conflicto (muy al contrario de lo que sucede en Europa, donde la desaparición del homrbe en el medio natural está provocando su revitlaización). Ataques como los fotografiados por Biplab Hazra revelan hasta qué punto la convivencia resulta problemática, y cómo muchos locales optan por deshabitar los espacios naturales de formas crueles.

El ataque a elefantes, en ocasiones prendiendo fuego a sus hábitats o a ellos mismos, ha aumentado durante los últimos años, como cuentan en Sanctuary. El destrozo de los lugares donde viven y de los que se alimentan ha provocado que comiencen a explorar otros terrenos, como cultivos, propiedades y hogares de los indios. El resultado, animadversión hacia el elefante, al que se observa como un enemigo.

Elefante Dos Un elefante asiático. (Yathin S Krishnappa/Wikipedia)

Algo muy similar ha sucedido en Europa con el lobo o el oso de forma histórica. Aunque aquellos eran depredadores, los mecanismos por los que la opinión pública consideró aceptable matarlos, cazarlos de forma sistemática y conducirlos a su práctica desaparición fueron idénticos a los que puedan estar aplicándose en el sudeste asiático y en la India con los elefantes. Su demonización, obviando el hecho de que son meros animales, permite que su acoso y maltrato sean bien vistos.

"Este tipo de conflictos están aumentando día a día", explicaba el director de World Wildlife Fund a The Guardian. "Los bosques están siendo talados, degradados y fragmentados por el desarrollo (...) Los elefantes son grandes, son el mamífero terrestre más grande, y tienen amplísimos rangos de vida". Semejantes bosques inalterados y lejos del alcance humano, lugares donde los elefantes puedan vivir tranquilamente, se están convirtiendo en auténticas rarezas.

De ahí el título de la foto: "El infierno está aquí". Y ese infierno, para el elefante asiático, se llama el ser humano.

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