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La versión medieval de la Batalla del Somme: la batalla más sangrienta en suelo inglés

La versión medieval de la Batalla del Somme: la batalla más sangrienta en suelo inglés
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¿Una batalla de la magnitud de la Batalla del Somme en suelo inglés? Ocurrió el Domingo de Ramos de 1461, un día de violentos enfrentamientos en el barro que supuso un duro golpe para toda una generación, dejando una letanía fúnebre más duradera que cualquier otro suceso en la historia de la isla: según algunos informes contemporáneos la cifra estaría entre los 19.000 (el mismo número de muertos o desaparecidos el 1 de julio en Francia) y unos sobrecogedores 38.000.

La Batalla de Towton, librada cerca de un pequeño pueblo a medio camino entre Leeds y York, al lado del parque nacional de North York Moors, es mucho menos famosa que otras contiendas medievales inglesas como Hastings o Bosworth e incluso son muchos los que nunca han oído sobre esta batalla.

Pero fue aquí, durante una ventisca en un gélido 29 de marzo de 1461, cuando las facciones beligerantes de Lancaster y de York se enfrentaron en una batalla campal planificada que pronto acabaría en un pandemónium conocido como el Bloody Meadow (la sangrienta pradera).

La batalla duró hasta el anochecer y transcurrió tanto por los campos como por los caminos apartados del campo de batalla. Para aquellos que sobrevivieron al final del día, el resultado no era del todo claro aunque York acabó ganando la batalla y un mes después (30 días) la imponente figura de Eduardo IV, de casi dos metros de altura, llegaría a Londres para hacerse con la corona. El rey de Lancaster, Enrique VI, tuvo que exiliarse.

Image 20160713 12397 1gqqln0 Eduardo IV, el nuevo rey del bando vencedor. The National Portrait Gallery

Towton no fue simplemente un momento sangriento de la historia militar, sino que también fue un punto de inflexión en la larga contienda por el trono entre estas dos dinastías cuya rivalidad ha proporcionado, desde el siglo XVI, una imperiosa inspiración en la gran ópera de la leyenda de los Tudor, desde Shakespeare a la Reina Blanca. Pero este verano, cuando la atención nacional británica se centra en el centenario de la Batalla del Somme no está mal aprovechar la oportunidad para recordar el día en el que una guerra devastó un paisaje de Inglaterra.

El juicio final inglés en un día

Primero hay que nombrar las consideraciones históricas: aunque sabemos bastante sobre este día tan sangriento en Yorkshire hace más de 550 años, no disponemos de fuentes tan fidedignas como las de los historiadores de la Primera Guerra Mundial. La Batalla de Towton no dejó tras de sí planos, memorandos, fotografías aéreas o, lo más importante, relatos de primera mano de la gente que estuvo allí. No podemos estar seguros de la magnitud de ambos bandos o de las bajas causadas.

En abril de 1461 las muertes se contaban por 28.000 en un boletín de la época y se usó como referencia por los cronistas durante los meses y años posteriores. El número asciende a 40.000, cerca del 1 % de la población masculina inglesa, según otras fuentes, un dato que también ha pasado a ser la cifra consolidada para otros cronistas.

Esta diferencia en la cifra de muertos hace referencia a la ausencia de cualquier tipo de registro por parte de las autoridades pero podemos estar seguro de que la cifra fue mucho mayor que la de otras grandes contiendas de la época. Hace poco que los historiadores han contrarrestado los datos y según las últimas estimaciones podrían haber sido 40.000 hombres que fueron al campo de batalla y 10.000 muertos.

El bando de Lancaster no sólo había sido derrotado, sino que eran perseguidos hasta el punto de echarlos y que no volvieran nunca

Pero al igual que en la batalla del Somme, no se trata solamente de cuántas personas fueron llamadas a combatir o cuántas murieron, sino también de la herida que dejó en el colectivo a nivel psicológico. Towton pasó a ser sinónimo de los horrores en el campo de batalla. Al igual que el 1 de julio de 1916 ha pasado a ser el modelo de la representación cultural de la Primera Guerra Mundial, Towton pasó a ser la imagen popular de la guerra durante los siglos XV y XVI.

Cuando Thomas Malory rediseñaba la figura del Rey Arturo para la nueva generación de laicos literatos a principios de la era Tudor, fue en Towton, o por lo menos en un campo de batalla muy similar, donde puso la batalla final a muerte entre Arturo y Mordred (La Muerte de Arturo, Libro XXI, Capítulo IV). Lo escribió menos de 10 años después de la victoria de los York, el campo de batalla artúrico ardió, al igual que Towton, desde la primera luz del alba hasta al anochecer, desolando a una generación:

… y así fue como lucharon durante todo el día sin escatimar, hasta que los nobles caballeros descansaron sus cuerpos sobre la tierra fría y aún así siguieron luchando hasta que era casi de noche y para entonces había cientos de miles muertos sobre la tierra.

Leones y corderos

En sus obras de teatro históricas, Shakespeare también presenta Towton como la expresión de todo el terrible dolor sufrido durante los años de batallas que duraron más de un siglo, desde Ricardo II a Enrique VIII. Lo describe en Enrique VI, Tercera Parte, Acto II, Escena V:

¡Oh patético espectáculo! ¡Oh tiempos sangrientos! Mientras los leones luchan y combaten por sus guaridas, los pobres corderos esperan su hostilidad. Llora, hombre desgraciado, yo os ayudaré lágrima por lágrima.

Tanto la Batalla del Somme como la de Towton supusieron la caída de una generación. Si bien era una generación joven de una milicia de voluntarios la que fue aniquilada en 1916, el análisis óseo sugiere que la Batalla de Towton se libró por parte de veteranos canosos. Sin embargo, esto no dejó de ser un shock a nivel demográfico para la sociedad del siglo XV puesto que la mayoría probablemente tenía un hogar que proteger y alimentar.

Una pérdida a tal escala tendría que haber sido devastadora para las comunidades y la matanza no cesó. El bando de Lancaster no sólo había sido derrotado, sino que eran perseguidos hasta el punto de echarlos y que no volvieran nunca.

Image 20160713 12377 1fab7dq La Batalla de Towton: despliegue inicial. Por Jappalang, CC BY-SA

En su día fue toda una guerra sin precedentes: no hubo rendidos ni prisioneros y ambas desplegaron nuevas tecnologías al igual que ocurrió en la Batalla del Somme. Los trabajos recientes de arqueología han confirmado la presencia de pistolas en el campo de batalla, ya de por sí devastadoras aunque no a los niveles de la Maschinengewehr 08 en 1916.

Estos fragmentos de armas de fuego están entre los primeros que se conocen en el norte de Europa y puede que fueran los primeros encontrados en Inglaterra. Si bien eran armas primitivas, presentaban una amenaza tanto para quién las disparaba como para su oponente. Seguramente estas nuevas armas causaron aún más pavor en el campo de batalla.

Fragmentos del pasado

Towton es un ejemplo poco común en Inglaterra de un lugar que apenas se ha visto desarrollado desde entonces y donde aún se encuentran pistas vitales sobre su violento pasado. Durante los últimos 20 años, las excavaciones arqueológicas no solo nos han permitido ampliar nuestros conocimientos sobre lo que pasó aquél día, sino que también sobre la sociedad medieval inglesa en general.

Lo mismo se puede decir de Somme: un campo de batalla que es un símbolo global de lugar de conmemoración y reconciliación, especialmente ahora que la Primera Guerra Mundial empieza a ser un mero recuerdo. Pero también es importante como un lugar donde hacer “investigación “viva”: sus campos arados y praderas todavía nos ofrecen nuevos descubrimientos que nos pueden llevar tanto a los últimos momentos de esos regímenes perdido como al mundo que dejaron atrás del periodo victoriano tardía y de la Inglaterra eduardiana..

Es esencial que estos campos de batalla sigan siendo objeto de estudio porque no solamente nos ayudan a entender mejor las experiencias y la mecánica de la guerra, sino que también pueden ampliar nuestros conocimientos sobre las sociedades que surgieron tras estos terribles conflictos.

The Conversation

Autor: James Clark, Catedrático de Historia Medieval, Universidad de Exeter

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

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