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Lo que la ciencia nos dice sobre cuando una relación romántica será un éxito o un completo fracaso

Lo que la ciencia nos dice sobre cuando una relación romántica será un éxito o un completo fracaso
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Como todos los románticos sabemos, la vida no empieza hasta que conocemos a esa persona, a LA persona. Por eso se han escrito ríos de tinta sobre 'príncipes azules' y sobre 'mujeres perfectas'. Porque, al fin y al cabo, lo de antes no es más que una sucesión de cuerpos, bocas y lechos sin sentido, una niebla rara, los trailers que nos ponen mientras empieza la verdadera película. Porque blablabla.

Busca a tu media naranja, dijeron. A tu alma gemela, dijeron. Pero como en las películas románticas de lo que se habla menos, mucho menos, es de lo que pasa después de encontrarla. Visto desde fuera, es como si pensáramos que las preferencias sexuales y sentimentales desaparecieran de repente una vez que encontramos a nuestra pareja ideal. Pero, ¿Y si en realidad encontrar a la pareja perfecta fuera lo de menos? ¿Qué dicen los investigadores sobre si una relación será un éxito o un terrible fracaso? La ciencia, como de costumbre, acaba por rompernos el corazón.

¿Y tú me lo preguntas?

La psicología lleva mucho tiempo estudiando qué papel tienen las mate preferences (la forma técnica en que denominamos a la "media naranja, la churri ideal o el pavo al que te quieres zumbar") a la hora de buscar pareja y emparejarse. Se ha hablado de las diferencias universales en estas preferencias, del efecto del contexto en deseo sexual o de como esas preferencias van cambiando a lo largo del tiempo.

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De lo que sabemos mucho menos, como decía, es del papel que esas preferencias tienen después del emparejamiento. Esto no es casual, claro. En realidad, es así porque, como hemos explicado largo y tendido, la concepción romántica del amor (la que en cierta medida aún perdura como canónica en el imaginario colectivo) entiende la búsqueda de pareja como un proceso en el que la persona (incompleta, imperfecta y despeinada) se completa a si misma. Vamos, que la civilización occidental lleva un par de siglos haciéndole los coros a Amaral y su 'sin ti no soy nada'.

Y, desde esa concepción, la convivencia posterior está 'desproblematizada' y, más allá de los desbarajustes normales producidos por el día a día, no es problemática. De hecho, cosas como el divorcio son difíciles de entender. Al fin y al cabo, es bastante obvio que una vez que hemos encontrado a la única persona del mundo que nos completa, todo lo que sea separarnos de ella es ir a peor.

Hay varias ideas del amor compitiendo entre sí y, por eso, la satisfacción adquiere un papel fundamental

Hoy por hoy, en cambio, hay varias ideas del amor compitiendo entre sí. Frente al 'amor como romance' del Diecinueve tenemos un amor más igualitario, más basado en el acompañamiento y menos ligado a la noción de plenitud. Por eso, surgen preguntas de forma natural que hasta ahora no nos habíamos hecho y empezamos a estudiar en serio la satisfacción en la pareja.

Dos caminando juntos

Decía Homero que la amistad eran 'dos caminando juntos'. Y mientras que esa definición pierde vigencia en el mundo de las mil redes, la asincronía y la deslocalización, empieza a ser una gran definición de las nuevas ideas del amor que se están desarrollando. Por eso la satisfacción en la pareja (que el otro sea un buen compañero de viaje) se ha convertido en un concepto clave.

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Todos tenemos un tipo ideal, no sé: que sea pelirojo, beba café largo, solo y sin azúcar y que le gusten los perros. Que lleve trenzas en verano, tenga los ojos verde aceituna y que cuando se aburra acabe haciéndose fotos de los pies. También pueden ser cosas más profundas: que lea a Kierkegaard, que tenga Light of the Seven como tono de llamada de su jefe o que no quiera tener hijos (no ahora, al menos).

Consciente o inconscientemente, vamos por la calle con una checklist en la cabeza. Y, ay, como encontremos a nuestro tipo. La cuestión fundamental es si esa lista nos asegura que la otra persona sea un buen compañero de viaje. Y digo fundamental porque al final todos los sistemas de emparejamiento (desde el clásico 'nos presentó una amiga' al moderno 'me hizo un súperlike en Tinder') se basan en esos tipos, requisitos y especificaciones. ¿Podría ser que lo que más valoramos en nuestras posibles parejas no sea lo que nos asegure una buena vida junto a ellas? Conroy-Beama, Goetz y Buss (2016) acaban de plantearse esa misma pregunta y los resultados son, como poco, sorprendentes.

Iguales o complementarios

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Si lo pensamos un segundo, hay algo que no funciona. Demos un paso atrás para coger perspectiva. Las prácticas culturales de cortejo y emparejamiento, para ser efectivas, deben garantizar que se generan el mayor número de parejas posibles. Sería sencillo si nuestras preferencias pudieran coordinarse de tal forma que cada oveja tuviera su respectiva (y preceptiva) pareja. En el 'sencillo' se me han olvidado las comillas, perdón. Está por explicar qué mecanismos de coordinación (capaces de organizar el 'mercado sentimental') existen en las sociedades complejas contemporáneas.

Suena a cliché, pero es tanto encontrar a la persona perfecta, como a la mejor persona para cada uno

Ante esta cuestión, Conroy-Beama, Goetz y Buss analizaron el impacto real de las preferencias en la satisfacción de la pareja. Descubrieron que, efectivamente, las preferencias tenían un papel importante. Aunque dependían de otro factor: que jueguen los dos en la misma liga o, como dicen los investigadores, que los dos miembros tuvieran un nivel de deseabilidad similar (y, como consecuencia, un acceso potencial a parejas diferente).

La "pareja ideal" solo suponía un problema cuando la deseabilidad de la pareja actual era inferior a la de la pareja potencial. En cambio, una relación muy desigual podría verse beneficiada del hecho de que la pareja menos deseable encaje bien en el patrón de la 'pareja ideal' del más deseable. Cuando las parejas son parecidas, las preferencias (si las parejas eran más o menos 'perfectas') dan un poco igual.

De repente, parece que no es tanto encontrar a un complementario (la 'media naranja') como encontrar un igual. El factor más importante para que una relación sea un éxito es que seamos la mejor pareja potencial de nuestra pareja y que nuestra pareja sea la nuestra. Evidentemente, esto no quiere decir que las parejas desiguales no tengan futuro, sencillamente que no sirve de nada engañarnos a nosotros mismos. Pero eso, en temas del corazón, ya lo intuíamos, ¿no es así?

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