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Tras meses de dilación, Estados Unidos irá a la guerra comercial con México y la Unión Europea

Tras meses de dilación, Estados Unidos irá a la guerra comercial con México y la Unión Europea
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Casi tres meses después de que Donald J. Trump anunciara la entrada en vigor de diversos aranceles a las importaciones de acero y aluminio, Estados Unidos abrirá oficialmente una guerra comercial con sus tres principales socios comerciales: Canadá, México y la Unión Europea. Tras meses de dilaciones, aplazamientos y ambigüedades negociadoras, la Administración Trump introducirá oficialmente las barreras arancelarias hoy por la noche.

Es quizá un paso definitivo, sin retorno.

¿Qué implica? Lo que Estados Unidos ya había anunciado para el resto del mundo (especialmente China): aranceles del 25% a la importación de acero y del 10% a la importación de aluminio. De forma consecuente, tanto Canadá como México como la Unión Europea tomarán medidas similares. Es un fenómeno habitual en las guerras arancelarias: una escalada permanente que dinamita los acuerdos comerciales y que, a largo plazo, puede perjudicar a sus economías.

¿Por qué importa? La decisión definitiva de la Casa Blanca llega tras meses de dilaciones. El motivo es simple: la decisión supone un antes y un después en las reglas globales del comercio. La globalización se había sostenido sobre el interés explícito de Estados Unidos y sus socios europeos de abrir el comercio a todo el planeta. La ruptura de un pilar fundamental en las relaciones políticas de ambos aliados representa una brecha, quizá ineludible a corto plazo, entre ambos.

¿Qué pasará? Las medidas de la UE y de México aún son una incógnita. Un ejemplo simple: Juncker fantaseó con la posibilidad de colocar aranceles al bourbon o a las Harley Davidson, bajo la premisa de que era una medida obligada y "estúpida". China es el oro espejo: tras la decisión de la Casa Blanca, el gobierno de Pekín impuso tarifas comerciales a productos estadounidenses por valor de 50.000 millones de euros. Los aranceles suponen un terremoto para miles de empresas que operaban, hasta hoy, a ambos lados del océano.

Si tú colocas un impuesto a mi acero yo coloco otro a tu cereal. Si tú respondes con un arancel a mis coches yo coloco otro a tu textil. Y así sucesivamente.

¿Cuál es el interés? Trump se ha rodeado de un nutrido grupo de asesores proteccionistas, y gran parte de su base electoral proviene de estados post-industriales que antaño dependieron del acero para su éxito económico. La lógica es sencilla: si se impide a las empresas estadounidenses utilizar acero o aluminio extranjero, y más barato, la industria local florecerá de nuevo. Es improbable que así sea, como argumentan numerosos economistas, dado que constriñe a la economía.

Se sabe, por experiencia y teoría, que las guerras comerciales no se pueden ganar. Sólo perder. Para un economista consultado por Vox, "Trump ha sido realmente innovador encontrado la medida más estúpida para imponer los aranceles del modo más destructivo imaginable".

¿Y a largo plazo? En gran medida, la decisión de Trump es una medida de presión para renegociar unas reglas del comercio global más afines a Estados Unidos, reglas que ahora mismo juzga injustas (como NAFTA). Su movimiento encaja bien con la tendencia global tanto al nativismo político como a populismo económico. Es posiblemente su decisión en política internacional más trascendente desde que es presidente, porque tiene el potencial para remodelar por completo más de medio siglo de alianza política y económica con Europa.

Imagen | Joshua Roberts/Reuters

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