Un mundo eternamente en llamas: los incendios de California, Grecia y Siberia son sólo un anticipo

Un mundo eternamente en llamas: los incendios de California, Grecia y Siberia son sólo un anticipo
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Hubo un tiempo no demasiado lejano en el que los incendios forestales ocupaban la actualidad mediática con cierta asiduidad. Es un tiempo pasado. Hoy las llamas, entendidas como emergencias medioambientales y humanas de primer orden, copan el protagonismo cada verano, por sistema. Tres regiones especialmente proclives al problema vuelven a llenar los titulares de los medios de comunicación: California, Grecia y Siberia. Cada una a su modo, pero todas ellas al filo del desastre.

En California. Como hemos analizado en alguna ocasión, California ha dejado de tener "temporada de incendios". La totalidad del año es apta para que las llamas devoren grandes masas forestales. El de este verano ha sido bautizado como "Dixie" y ya es el segundo incendio más grande en la historia de un estado acostumbrado a los incendios-más-grandes-de-la-historia. Ha devorado ya 188.000 hectáreas y va quemando etapas a velocidad de vértigo: ha pasado del décimo más grande al segundo en unos días, a razón de 7.000 hectáreas la noche.

Sólo un tercio de las llamas están bajo control, tras calcinar un área equivalente al doble de Nueva York. Y el tiempo de los próximos días volverá a ser proclive a las llamas.

En Grecia. La situación es similar. La isla más afectada por el fuego es Evia, la segunda más grande del país, donde un gigantesco incendio forestal lleva siete días descontrolado. A empeorar la situación ha contribuido la ola de calor extrema que azota al país durante los últimos días, con temperaturas máximas de hasta 47º C. Más de 2.000 personas han tenido que ser evacuadas y han perdido sus casas. Evia es el caso más extremo. Los suburbios de Atenas lidian ya con las llamas. Hay más de 150 incendios declarados y seis regiones en alerta máxima.

La urgencia ha dejado imágenes surreales, como este vídeo viralizado durante los últimos días del barco que este fin de semana ha rescatado a 650 personas en Evia. Todas ellas en la bodega de ferry, contemplando a escasos metros cómo las llamas devoran la isla. Y esto último es literal, como se aprecia en esta imagen satelital: casi un tercio de la isla está ardiendo completamente de norte a sur.

En Siberia. Por escala, nada comparable a Siberia. Más de 1.000.000 de hectáreas han ardido durante el último mes. El grueso de las llamas se concentra en Yakutia, una inmensa región con grandes masas boscosas. Y lleva así todo el verano: a principios de julio las autoridades ya habían notificado más de 250 focos activos repartidos a lo largo de 5.000 kilómetros cuadrados. Centenares de aldeas y asentamientos han tenido que ser evacuados, pasto de las llamas. En Yakutsk, 320.000 habitantes, el humo ya forma parte del ambiente de la ciudad.

Varios factores a tener en cuenta. Por un lado, el calor: Yakutia vive su sequía más extrema en 150 años. Por otro, la falta de recursos para otear, supervisar y controlar un territorio tan vasto. Sólo en el último medio año se han detectado unos 11.000 incendios forestales con más de 6.000.000 hectáreas calcinadas. Los 90.000 trabajadores en tareas de extinción han sido claramente insuficientes, por más que hayan surcado los cielos heroicamente entre un denso humo.

Peligro. Al evidente daño material, ambiental y humano debemos sumar el económico. Como se apunta en este artículo de The Political Room, los incendios y las sequías de Siberia, California, Grecia, Chile, Madagascar o Canadá van a tener un impacto directo y a largo plazo en el precio de los alimentos. Y es algo que ha llegado para quedarse: Siberia lleva cuatro años consecutivos arrasada por los incendios forestales; California, ya lo sabemos, no conoce ya una sola temporada de año sin fuegos; y la cuenca mediterránea arde cada vez con más frecuencia e intensidad.

A más. El futuro no es más halagüeño. Lo vimos el año pasado a cuenta de la catastrófica temporada de fuegos en Australia: los incendios de "sexta generación" ya no son extinguibles, sólo controlables desde la impotencia. La mezcla de temperaturas extremas, corrientes de aire y mucho combustible (cada vez hay más bosques sin limpiar ni acotar) provoca grandes estallidos de calor que se multiplican con demasiada intensidad y velocidad como para que podamos anularlos. Tal y como explica Víctor Resco de Dios, profesor de incendios en la Universidad de Lleida, en The Conversation:

El principal causante de esta nueva ola de incendios lo encontramos en el estado de la atmósfera. Una atmósfera que está cada vez más cargada de energía procedente de la quema de combustibles fósiles. Una atmósfera, por tanto, con un poder desecante extraordinario que se acentúa en las jornadas con olas de calor como las que se viven estos días en Grecia y Turquía (...) Nos estamos acercando al punto en el que el potencial desecante de la atmósfera es tal que se tornan inflamables zonas que, hasta ahora, no podían arder debido a su elevada humedad o a su escasa carga de combustible.

Feliz verano.

Imagen: AP

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