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Un mundo menos familiar: la mayoría de la gente cree que nuestros vínculos se están debilitando

Un mundo menos familiar: la mayoría de la gente cree que nuestros vínculos se están debilitando
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So la humanidad pudo extraer alguna lectura de los sorprendentes acontecimientos de 2016 fue la siguiente: el mundo está cambiando y a muchísima gente no le parece una buena idea. Esto es particularmente cierto en el caso de los vínculos familiares. Como revela una encuesta de Pew, la práctica mayoría de las sociedades mundiales cree que las familias tienen hoy peso menor en las relaciones humanas.

Y lo juzgan, casi sin excepción, como algo negativo.

Las cifras. Es un fenómeno transversal: ya sea en España (58%), Suecia (49%), la India (53%), Kenia (59%) o México (50%), la mayor parte de los encuestados creen que los vínculos familiares se han debilitado durante los últimos veinte años. Tan sólo dos países rompen la norma: Indonesia, donde el 61% cree que se han fortalecido, y Filipinas, donde opina lo mismo el 52% de la población. La familia débil es universal, ya sea en Europa, en África o en América.

Negativo. No es habitual que las dispares sociedades del mundo proyecten las mismas cosmovisiones en cuestiones culturales. Aquí sí: no sólo la mayoría de naciones creen que la familia hoy tiene menos importancia que hace dos décadas; todos ellos, de nuevo con la salvedad de Filipinas e Indonesia, lo consideran algo negativo. Es decir, el mundo es un lugar menos familiar. Y no estamos muy cómodos con esa realidad.

Los porqués. No cuesta adivinarlos. Occidente quizá marque el camino: tasas demográficas muy bajas fruto de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo; de la sustitución de unos núcleos (los familiares) por otros (los sociales, los laborales); y de un estilo de vida que pone el acento en el individualismo urbano y en las preferencias personales antes que en el tradicional arraigo familiar y rural.

Como se apunta aquí, nuestro concepto tradicional de "familia" estaba muy asociado a las actividades agricultoras y al mundo de ayer, focalizado en el campo, donde la supervivencia y la prosperidad dependía en mayor medida de un núcleo familiar fuerte, numeroso y cohesionado. Las revoluciones económicas y culturales de los últimos siglos barrieron aquel mundo.

Global. De ahí que la tendencia sea mundial. Europa y América del Norte quizá lleven delantera, pero son procesos que, como hemos visto a cuenta de la revolución fértil africana o las transiciones económicas de India y China, se están dando en todos los países. Allá donde la tradición tiene un rol cultural e ideológico más importante, como en Corea (83%), Túnez (74%) o Polonia (67%) la percepción es más aguda.

Pero el patrón es sólido.

Más cambios. Las percepciones sobre los vínculos familiares se complementan con otros cambios socioculturales. La encuesta de Pew los recoge. Por ejemplo: todos los encuestados creen que sus países son (mucho) más diversos que hace veinte años. También más igualitarios. Y también menos apegados a la religión, muy especialmente en Europa, pero también en Túnez, México o Japón.

En conjunto, la humanidad se percibe a sí misma menos homogénea (y por tanto con vínculos más endebles), menos nuclear (fruto de la independencia económica de la mujer) y más secular. Todo ello compone un cuadro que nos asusta: el futuro de la familia, durante milenios el único valor seguro de cualquier humano, se ha emborronado.

Imagen: Priscilla Du Preez 

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