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El mundo hoy es un lugar más verde que hace veinte años. Este mapa muestra hasta qué punto

El mundo hoy es un lugar más verde que hace veinte años. Este mapa muestra hasta qué punto
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En plena era de noticias calamitosas sobre el presente y futuro del planeta, hay una que destaca por su aparente optimismo: el mundo es cada vez más verde. Sabíamos que la mayor parte de los países desarrollados habían ganado muchísima masa forestal durante las últimas décadas. Ahora un estudio publicado en Nature Sustainability ha puesto cifras globales al fenómeno: hay un 5% más de árboles que a principios de los 2000.

La cifra puede parecer menor, pero en realidad equivale a la superficie total de las selvas amazónicas.

¿Por qué? Era la gran pregunta que el trabajo aspiraba a responder. La reverderización del planeta era bien conocida entre los círculos económicos, pero sus causas no tanto. Se creía que los principales factores que impulsaban el proceso eran ambientales: el mundo era ahora un lugar más cálido y, quizá, más húmedo. Sumado al efecto de fertilización provocado por las emisiones de CO2, el resultado eran más bosques.

Todo esto sigue siendo cierto, pero también hay que sumar el rol del ser humano. No sólo emitiendo más y más CO2 a la atmósfera (pese al esfuerzo de algunos países, han ido al alza durante el último lustro), sino también plantando más árboles. La responsabilidad de semejante proceso a gran escala recae, como es habitual, en los dos sospechosos habituales: la India y China.

Suyos son, no en vano, los principales proyectos de reforestación masiva. El ejemplo de China es muy impresionante: a ella le corresponde no menos de un cuarto (25%) de las nuevas masas forestales y arbóreas del planeta. El origen es doble. Por un lado, gracias a los esfuerzos gubernamentales que han colocado árboles para frenar la erosión o sostener ecosistemas (42%); por otro, por el aumento de las cosechas (32%).

mapa grande En verde, zonas donde hay más densidad forestal. En gris, zonas donde se mantiene igual. En amarillo, zonas donde hay menos densidad forestal.

El caso indio depende en mayor medida de la mayor intensidad de sus cultivos (82%). La mejora de la agricultura intensiva, la explotación de terrenos antaño en barbecho y la multiplicación del rendimiento de la tierra ha permitido que tanto la India como China produzcan más alimentos (la demografía manda) en un porcentaje de su territorio muy similar al de hace algunas décadas.

Es decir, hay una mayor densidad forestal, pero no significa que haya más campos de cultivo repartidos en ambos países.

Esta circunstancia ayuda a explicar que la India y China, pese a aportar más de un tercio de la reforestación global, tan sólo disfruten del 9% de las masas boscosas internacionales. El resto del mundo se reparte la buena nueva verde: en Europa el fenómeno también ha sido intenso, impulsado en gran medida (y de forma paradójica) por la decadencia de la agricultura y la ganadería (los árboles recuperan lo que fue suyo).

América del Norte
América del Sur

Algo similar ha sucedido en América del Norte, más verde por norma, y en Australia, con grandes ejemplos de deforestación en su interior. ¿La nota negativa? La ya conocida: Brasil, la cuenca del Amazonas, Indonesia y en menor medida la selva africana. No pierden gran densidad forestal, pero tampoco ganan. Es una nota discordante que casa bien con los problemas de deforestación de los ecosistemas tropicales.

El estudio se ha basado en más de veinte años de reconocimientos por satélite recopilados por la NASA. En concreto, ha partido de las imágenes tomadas por las herramientas Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS) instaladas en algunas de sus sondas. Llevan tomando alrededor de cuatro fotos diarias de casi todos los rincones del globo terráqueo más de dos décadas.

A partir de ahí, el proceso ha sido sencillo: utilizar sistemas de reconocimiento artificial para determinar dónde hay más hojas que antes, y dónde no. La densidad es la que ofrece los estupendos mapas, útil para entender cómo la Tierra se está volviendo más verde.

¿Qué implica esto a largo plazo? Como hemos visto en alguna ocasión a cuenta de los numerosos proyectos de reforestación, cosas positivas. Los árboles absorben CO2, lo que permite neutralizar parte de las emisiones. Pero de igual modo, el caso indio apunta algunos problemas: si la reforestación también surge de la agricultura, nuevos inconvenientes, como la explotación intensiva de acuíferos, surgirán en el horizonte.

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