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Netta, Israel y el "pinkwashing": por qué su actuación en el Orgullo de Madrid es polémica

Netta, Israel y el "pinkwashing": por qué su actuación en el Orgullo de Madrid es polémica
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La victoria de Netta en el pasado festival de Eurovisión causó tanta incredulidad como escepticismo: por un lado, se trataba de otro triunfo mediático del movimiento #MeToo, gracias a una canción/himno que hacía de la denuncia del acoso y del bullying su hilo conductor; por otro, se trataba de un triunfo de Israel. Dado el controvertidísimo carácter del país, de su política exterior y del interminable conflicto con Palestina, el hito de Netta se revistió de un carácter agridulce.

Un carácter aún presente a día de hoy.

Netta en Madrid. La polémica se ha reavivado con motivo del inminente Orgullo madrileño. El Teatro Barceló ha programado una actuación de Netta en plena catarata de desfiles y actividades, lo que ha causado el rechazo inmediato de diversos grupos LGBT críticos con Israel. El más destacado ha sido Orgullo Crítico, quien en un comunicado ha declarado que ni sentimos que Netta nos represente "ni apoyamos su actuación, ni ningún otro evento legitimador de Israel".

El ruido se ha extendido a las redes y a otras organizaciones.

¿Por qué? Por un lado, por Israel. El país es visto desde numerosos círculos de izquierda como un símbolo de la opresión que sufre el pueblo palestino. Desde ese punto de vista, la aceptación de Netta como otro icono del movimiento LGBT representaría un "lavado de cara" a la política exterior israelí, una legitimación injustificable de sus "crímenes". Por otro, por la propia Netta, a quien se acusa de sionista y de la que se han difundido fotos ataviada con el uniforme del ejército.

Netta fue recibida por Netanyahu, participó en las organizaciones juveniles sionistas y, como todo israelí, pasó por el servicio militar obligatorio.

¿Llevan razón? Hay dos corrientes divergentes. Por un lado, una parte del movimiento LGBT considera que Netta tan sólo es una intérprete y que no es responsable como individuo o artista de la política exterior de su país, por detestable que resulte. Argumentan que su discurso es nítidamente feminista y pro-diversidad, y que Israel es de los pocos países de Oriente Medio tolerantes con las personas LGBT. Por otro, hay quienes critican exactamente esto: el "pinkwashing" de Israel.

¿El qué? Los discursos críticos con Israel consideran que las autoridades del país se valen de su apertura en materia LGBT para proyectar una visión "favorable" y "progresista" de sus valores, neutralizando la ocupación de Palestina y las diversas campañas contra la población de Cisjordania o Gaza. Acusan a Netta (y al concurridísimo Orgullo de Tel Aviv) de ser una herramienta consciente o inconsciente del "lavado de cara" que Israel aspira a obtener mediante el colectivo LGBT.

Un colectivo que, por lo demás, sigue teniendo sus derechos limitados dentro del país. Si bien tolerados, y considerablemente más aceptados que en el resto de Oriente Medio.

¿Actuará Netta? En su figura se juntan consideraciones propias de las políticas de identidad y de los caballos de batalla tradicionales de la izquierda militante. Por un lado, Netta es una figura LGBT muy proyectada mediáticamente en un entorno tradicionalmente hostil al movimiento. Por otro, representa (una consideración discutible) a un estado que arrastra numerosas y certificables violaciones de los derechos humanos en Palestina. La polémica entremezcla las reivindicaciones tradicionales del colectivo LGBT (propias del orgullo) y cuestiones políticas ajenas al mismo.

En cualquiera de los casos, lo más probable es que sí actúe. El Teatro Barceló es una institución privada y su concierto no entra dentro del programa municipal.

Otros casos. Hace dos años, Matisyahu se enfrentó al mismo problema en el Festival Rototom. En el caso de Netta, las protestas de una parte del movimiento encajan dentro de la reciente apertura y transversalidad de la fiesta LGBT, a menudo colonizada por elementos y sujetos políticos ajenos (e incluso hostiles a la misma) como los partidos conservadores. Una consecuencia de la amplia aceptación del movimiento en España y de su carácter, cada día, más transversal.

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