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El otro Gran Salto Adelante: China ya produce más investigación científica que nadie en el mundo

El otro Gran Salto Adelante: China ya produce más investigación científica que nadie en el mundo
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¿Por qué no hubo una revolución técnica y científica homologable en sus términos a la alumbrada por Occidente? La pregunta lleva años siendo objeto de disputas y desvelos por la comunidad académica, especialmente por los historiadores. Pero sea cual sea su respuesta, la China del siglo XXI tiene claro que es irrelevante: puede que no se diera en el pasado, pero decididamente está fructificando en el presente. China es ya la primera potencia científica del planeta.

¿Cómo? Investigando mucho más que sus pares. Se estima que alrededor de un tercio de los trabajos científicos publicados globalmente corresponden a investigadores chinos. En 2016, según un reciente estudio publicado por la Universidad de Harvard, China superó a Estados Unidos por primera vez en la materia. Un siglo después de que las universidades estadounidenses instauraran un monopolio ineludible de excelencia académica, China tomaba la alternativa.

¿Qué significa? Es ilustrativo del tremendo esfuerzo que el gobierno chino ha realizado para modernizar, actualizar y sentar las bases de su particular comunidad científica. Durante los últimos 30 años China ha pasado de invertir unos 3.000 millones de euros en investigación académica a 400.000 millones. Como resultado, hoy publica cuatro veces más en materias tan complejas y prestigiosas como matemáticas avanzadas, físicas o ingeniería de lo que lo hacía en el año 2000.

Es un crecimiento vertiginoso, connatural a otras transformaciones brutales de la economía y la sociedad china, que tiene su debida correspondencia en las dos revistas científicas más prestigiosas del mundo, Nature y Science. En 2016, ilustra el estudio, el 20% de los autores que allí difundieron sus trabajos eran chinos (más del doble que quince años antes). Todo esto ajustando por el lugar de origen del firmante (lo que dejaría fuera a los miles de investigadores de origen chino que trabajan en universidades europeas y americanas) y contabilizando sólo las publicaciones en inglés.

¿Y es bueno? Aún no tanto como los trabajos producidos por sus pares estadounidenses. Los artículos chinos son menos influyentes y cuentan con menos referencias (citas), pero su calidad también está creciendo. Once universidades chinas ya se cuelan en el ránking de las 100 mejores universidades del planeta (aún ostentosamente estadounidense), y para asegurar su crecimiento y proyección el gobierno chino ha creado un ministerio dedicado casi en exclusividad a la materia.

¿Qué dice EEUU? No es una cuestión baladí: quién produce conocimiento científico es un buen indicador de quién tendrá una posición de ventaja en las economías basadas en el conocimiento técnico, es decir, en la investigación y el desarrollo. La administración Trump entiende que China también le está comiendo parte de su terreno en el campo académico, y por ello ha decretado procedimientos de visado y permisos de estudio y trabajo más duros.

La parábola. La preeminencia china sirve como parábola del fulgurante ascenso del país en apenas un puñado de décadas: desde que se iniciaran los intercambios de alumnos (y de conocimiento) entre Estados Unidos y el país asiático y desde que se abrieran los mercados internacionales China ha dado su otro "gran salto adelante". Envió a miles de estudiantes a aprender en otras universidades, explotó la apertura de conocimiento que le brindaba la globalización (no siempre de forma lícita) y apuntaló lo aprendido para sentar las bases de su comunidad científica.

Imagen: Hu wei/AP

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