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De Pau Donés a David Bowie: cuando una canción es en realidad una despedida anticipada

De Pau Donés a David Bowie: cuando una canción es en realidad una despedida anticipada
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El significado de toda canción siempre es maleable. Se presta a toda clase de lecturas y entendimientos en función del contexto cultural, social o individual del músico. No importa cuál sea la intención implícita o explícita del autor cuando la escribe; su impacto en el oyente, la forma en la que todos y cada uno de nosotros la asociamos a nuestras experiencias vitales, define tanto su significado como la idea original del artista.

Esto es algo especialmente cierto cuando la composición es indisociable de un hecho universal, de una experiencia colectiva. Pau Donés es el mejor ejemplo.

El artista catalán ha fallecido hoy a los 53 años de edad, tras sufrir durante años un cáncer a la postre irreversible y fatal. Donés fue una de las figuras más notables de la música popular española a finales de la década de los noventa y a principios del milenio. Canciones como 'La Flaca', 'Agua' o 'Grita' le auparon a una improbable posición de preeminencia cultural, hasta el punto de generar su propio meme (aquella acusación de Jordi Évole sobre sus canciones, exactamente iguales, "bonito", "depende").

Como es natural, la enfermedad de Donés había ralentizado la producción artística de Jarabe de Palo. Su último disco, Somos, se remontaba más de un lustro en el tiempo. De ahí que gran parte de sus seguidores acogieran con entusiasmo la publicación de un nuevo trabajo, Tragas o Escupes, lanzado durante la pasada primavera. La canción de adelanto, 'Eso que tú me das' tenía al mismo tiempo un carácter vivaz y premonitorio. Un canto a la vida, a la alegría, pero también una despedida implícita.

La lírica de Donés nunca se caracterizó por un carácter metafórico, ni por esconder sus intenciones narrativas bajo profundas capas de significado. Se trataba de un compositor franco y directo. Y así se podía interpretar, despojada de todo contexto, la letra de 'Eso que tú me das'. Una celebración, una honesta forma de agradecer a otra persona (persona o público, la audiencia general, sus seguidores) su presencia:

Eso que tú me das
Es mucho más de lo que pido
Todo lo que me das
Es lo que ahora necesito
Eso que tú me das
No es que lo tenga merecido
Por todo lo que me das
Te estaré siempre agradecido
Así que gracias por estar
Por tu amistad y tu compañía
Eres lo mejor que me ha dado la vida

¿Pero de qué hablaba Pau Donés realmente? Dos semanas después de su publicación aquellas palabras cobran un nuevo sentido. Uno intuido por buena parte de sus seguidores. A esta hora es sencillo encontrar numerosos mensajes sobre la "despedida" que el músico había encapsulado en los versos de su última canción. Donés, consciente ya de su muerte, habría querido agradecer su cariño y afecto a quienes le acompañaron en su trayecto vital. La celebración tornaba en amargo presagio. La canción lidiaba con el más trágico de los desenlaces.

En su momento, Donés explicó la letra así:

Estamos acostumbrados a ser escuchados, que no a escuchar. Nos gusta mucho pedir y recibir, mucho más que dar, y rara es la vez que damos sin esperar nada a cambio. Lo que me ha pasado últimamente es justo lo contrario, he recibido mucho sin pedir ni esperar nada. Cosas buenas, muy buenas: cariño, afecto, respeto, amor, de gente a la que conocía y de gente a la que no. Muchos eran, como dice mi amigo Mikel Erentxun, amigos desconocidos que con sus palabras de aliento me hicieron superar momentos difíciles.

Antes incluso de su fallecimiento, 'Eso que tú me das' se había convertido en un pequeño éxito desde el primer día. Quizá espoleada por la situación de Donés, cuya popularidad ha crecido durante los últimos años fruto de su público compromiso con la investigación contra el cáncer, la composición recababa 770.000 escuchas en Spotify y más de tres millones de visualizaciones en YouTube. Son números importantes, denotativos de su asociación indeleble a la condición personal de Donés.

Compusiera Donés su última canción o no, lo cierto es que el público ha decidido, al menos en las primeras horas tras su muerte, creerlo. Y en ocasiones es suficiente para que un artefacto cultural pase a la memoria popular de un modo u otro. La voluntad de la audiencia. De ahí que los significados de la música siempre tengan un carácter independiente, ajeno al área de control del autor. Aunque en ocasiones, como quizá hiciera Donés, la asociación se busca de forma explícita.

Las otras despedidas del pop

Al fin y al cabo Jarabe de Palo no es el único grupo que ha publicado una canción o un disco pocas semanas antes de la muerte de su principal y único compositor. La historia de la música popular tiene escasos pero significativos ejemplos similares. El más célebre es el de David Bowie.

El 8 de enero de 2016 publicaba su último trabajo hasta la fecha, Blackstar, siete canciones oscuras e intrincadas que lidiaban con temáticas de profundo poso metafórico y que retomaban los campos experimentales explorados por Bowie en The Next Day, tres años atrás. El recibimiento de crítica y público fue inmediatamente positivo, un clásico instantáneo. Dos días después, el 10 de enero, Bowie fallecía. Blackstar pasaba de disco brillante a incomparable testamento del músico.

La muerte de Bowie, al contrario que la de Donés, sí fue una sorpresa. Había mantenido su enfermedad, también cáncer, en secreto. El impacto de su fallecimiento quedó asociado para siempre a la publicación de Blackstar. Bowie había grabado la totalidad del disco consciente de su irreversible estado, sabedor de que aquella sería su última empresa artística. De forma un tanto inevitable, todos los versos, todos los guiños, todas las referencias visuales incorporadas en sus videoclips se convirtieron en mensajes ocultos, previstos por Bowie, sobre su propia muerte.

La obra no era Blackstar. La obra era Bowie, su propia muerte. En este proceso, el lanzamiento de 'Lazarus', su último single publicado en vida, tuvo una importancia capital. La canción lidiaba directamente con la vida y la muerte ("Mírame, estoy en el cielo / Tengo cicatrices que no pueden ser vistas"):

Look up here, I'm in heaven
I've got scars that can't be seen
I've got drama, can't be stolen
Everybody knows me now 

Su videoclip fue aún más explícito. Dirigido por Johan Renck, fue publicado el 7 de enero pero grabado en noviembre de 2015, cuando Bowie conoció el carácter irreversible de su enfermedad. Desde su propio nombre ("Lázaro, levántate y anda", el mito cristiano que resucita ante la presencia de Jesucristo; el muerto que, como Bowie, aún vive una última vez) hasta la iconografía del vídeo (los ojos vendados, la cama de hospital, el armario en el que se enclaustra vestido con el mismo traje de Station to Station, la referencia al Árbol de la Vida). Todo versaba sobre la muerte.

Cual prestidigitador, Bowie había colocado todos los elementos que apuntaban hacia su fallecimiento dentro de Blackstar. Pero el público sólo pudo comprenderlos en su totalidad tras su deceso.

Un último ejemplo, acaso menos premeditado que los dos citados anteriormente, es el de Freddy Mercury y 'Mother Love', la última canción que compondría y grabaría para Queen. Corría 1991 y Mercury, en el estudio junto a Brian May, era plenamente consciente de lo inminente de su rápido deterioro físico y de la proximidad de la muerte. Ambos escribieron aquellos versos sabedores del fatal desenlace que aguardaba a Mercury, y es difícil no entrever en aquella letra un cierto fatalismo, muy en especial cuando canta May, al final de la canción:

My body's aching, but I can't sleep
My dreams are all the company I keep
Got such a feeling as the sun goes down
I'm coming home to my sweet
Mother love

"Mi cuerpo duele, pero no puedo dormir / Mis sueños son toda la compañía que me queda". May relató en su momento que Mercury abandonó la sesión de grabación en 1991 para no volver nunca más, y que por eso completó los últimos versos con su propia voz. La canción no se completaría hasta 1993 y no se publicaría hasta 1995 en el disco Made in Heaven, ya sin Mercury. Fue su última canción, aunque no la marcara expresamente como tal. En la memoria de sus aduladores, sirve como testamento último.

Un proceso muy similar al que vivirán ahora los seguidores de Jarabe de Palo y Pau Donés. Que en paz descanse.


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