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En plena decadencia demográfica, Bulgaria quiere limitar el número de embarazos entre gitanos

En plena decadencia demográfica, Bulgaria quiere limitar el número de embarazos entre gitanos
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Siguiendo la estela de la Hungría de Viktor Orbán, al gobierno de Bulgaria tampoco le hace gracia tener que convivir con gitanos y rumanos. Por ello, están diseñando lo que llaman la Estrategia de Integración Social, un plan que busca limitar los embarazos de las mujeres gitanas y cambiar la denominación del colectivo. De aprobarse esta ley, los romaníes pasarían a ser "europeos no nativos" en lugar de gitanos a secas. Para más inri, en mitad de este caldo de cultivo, la selección búlgara acaba de ser sancionada por la UEFA porque un grupo de neonazis abucheó a los jugadores negros del equipo inglés.

Políticas antigitanismo. Al igual que ha sucedido en otros países europeos como Hungría, Italia, Francia o España, la extrema derecha también ha ido ganando terreno en Bulgaria. Tanto es así que en 2017, la alianza Patriotas Unidos fue tercera fuerza más votada en Bulgaria lo que hace que hoy esté presente en el gobierno gracias a un pacto con los conservadores.

Dentro de las políticas nacionalistas del Ejecutivo presidido por el conservador Boyko Borissov el plan de Estrategia para la Integración Social destaca precisamente por lo contrario. La iniciativa que pretende convertirse en ley una vez sea aprobada por el Parlamento búlgaro busca limitar el número de nacimientos en las familias gitanas, crear escuelas laborales exclusivas para ellos y programas de trabajo forzado para algunos sectores dentro de la comunidad. Para reducir el número de nacimientos, el viceprimerministro Krasimir Karakachanov ofrecerá abortos gratuitos a las mujeres gitanas y reducirá las ayudas sociales a todas aquellas madres que ya hayan tenido al menos dos niños en Bulgaria.

Estas medidas han sido denunciadas por el Centro Europeo de los Derechos para los Gitanos que, en una misiva al primer ministro búlgaro, las ha calificado de "fascistas" y más propias de regímenes autoritarios.

Segundo grupo racial. Actualmente el 5% de la población que reside en Bulgaria es de etnia gitana. Sin embargo, dada la elevada tasa de fertilidad que presentan las mujeres gitanas frente las búlgaras, para 2050 los porcentajes podrían invertirse. Según un informe elaborado por el Centro de Políticas Demográficas de Sofia, para 2050 los búlgaros podrían ser el tercer grupo racial en importancia. Por su parte "los europeos no nativos" (concepto que el gobierno quiere incluir para referirse a los gitanos) pasarían a ser el segundo colectivo en importancia poblacional. Para hacernos una idea, desde 1989 hasta 2017, Bulgaria ha perdido dos millones de habitantes.

Xenofobia también en el fútbol. Hace tan solo un par de semanas, Sofía acogió el encuentro entre Bulgaria e Inglaterra donde los ultras búlgaros mostraron una actitud racista frente a los jugadores afrodescedientes de la selección británica. Ante la denuncia por parte del equipo inglés, la UEFA ha abierto un expediente que responsabiliza a la federación búlgara de no haber cumplido con la normativa de disciplina y seguridad que exige el fútbol europeo.

Ejército Lauta. Así se autodenomina la organización de ideología nazi que protagonizó los abucheos a los jugadores negros de la selección inglesa. Según cuenta The Guardian, son conocidos en Bulgaria por ser fieles a los partidos del Lokomotiv Plovdiv, uno de los principales equipos de la liga búlgara por el cual se enfrentan violentamente a las aficiones de otros equipos de fútbol. Algo que no sorprende al buscarles en Instagram donde en su biografía puede leerse "fútbol y violencia".

Hungría sigue una senda similar. Las políticas de extrema derecha que está aplicando Bulgaria no son un hecho aislado ni mucho menos. El ultranacionalismo de Viktor Orban lleva más de una década gobernando en Hungría y su discurso en contra de la inmigración no pierde adeptos. O al menos así lo reflejó su victoria en las últimas elecciones. Esta aversión de Hungría choca con la realidad demográfica de un país mayoritariamente envejecido y cuyas tasas de fertilidad están lejos de garantizar el relevo generacional. Decisiones políticas como el cheque de 30.000 euros destinado a impulsar las familias numerosas, revalidan la intención anti-inmigración que, aparentemente, apoya la mayoría de los votantes. Y es que, en las elecciones de 2018 no solo Orban reafirmó su liderazgo, sino que el partido de extrema derecha Jobbik fue el segundo más votado.

Imagen: Europe People´s Party/Flickr

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